Tomar la fábrica: grandes actores en un drama existencial

Susana Freire
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18 de octubre de 2019  

Libro: Joselo Bella, Ricardo Díaz Mourelle y Pedro Sedlinsky / Elenco: Joselo Bella y Ricardo Díaz Mourelle / Director: Pedro Sedlinsky / Sala: Centro Cultural de la Cooperación / Funciones: domingos, a las 19.30 / Duración: 75 minutos / Nuestra opinión: buena

Fuente: LA NACION

El título puede sugerir el tema de dos obreros que deciden tomar una fábrica. Nada eso. Los protagonistas son dos actores que tienen el mismo destino: esperar la oportunidad que los saque de la frustración. Dos idealistas que, a pesar de su familia, sueñan con cumplir con su vocación. Para fundamentar esta pieza los autores mencionan a tres joyas del teatro y el cine Stefano (1928), de Discépolo, para reforzar la idea del fracaso y la frustración que representó para un inmigrante tener que dejar de lado sus ilusiones artísticas a causa de una realidad que lo castiga; Los compañeros (1963), de Mario Monicelli, que plantea la vida difícil del obrero italiano de fines del siglo XIX, y Ojos negros (1987), de Nikita Mijalkov, basada en varios cuentos de Chejov, donde cuenta una historia de amores frustrados e ilusiones perdidas. En Tomar la fábrica, son dos actores mediocres que no se resignan a perder los sueños de interpretar a personajes que conmuevan, tal como lo hizo Marcello Mastroianni en las dos películas mencionadas.

Hasta aquí un punto de partida que permite vislumbrar la punta de un conflicto entre la necesidad económica y la utopía de concretar una vocación, que no llega a definirse a partir del momento en que los personajes empiezan a referirse a su pasado, a las historias familiares que, por supuesto, tienen su carga de desolación y fracaso. Esto instala a la pieza en un tono narrativo y se diluye el conflicto dramático. A pesar de esta opción discursiva, es la interpretación de Joselo Bella y Ricardo Díaz Mourelle la que revalida la propuesta.

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