Argentina, tierra de amor y venganza: lo mejor y lo peor

Trailer "Argentina, tierra de amor y venganza"

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Martín Fernández Cruz
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15 de junio de 2019  • 00:06

Instalada como una de las grandes ficciones del año y con un rating en los últimos episodios no para de crecer, , este es un buen momento para hacer un repaso por lo mejor y lo peor de Argentina, tierra de amor y venganza , la ficción de Pol-ka que mezcla elementos de novela, enmarcados en una atrapante saga policial.

Lo mejor

La historia de ATAV comienza en España, con una traición entre compañeros
La historia de ATAV comienza en España, con una traición entre compañeros Crédito: eltrece

La galería de villanos. El corazón de esta historia es el triángulo amoroso entre Bruno (Albert Baró), Lucía ( Delfina Chaves ) y el malvado Torcuato ( Benjamín Vicuña ). El villano, escondido en una fachada de bondad, corteja a la muchacha que, por presiones familiares, acepta el pedido de casamiento. Pero la joven eventualmente rompe el compromiso para apostar por el amor que siente por un noble inmigrante español. Claro que ella desconoce que entre sus pretendientes se esconde un secreto: Torcuato creyó matar a Bruno en la Guerra civil, y luego huyó con su dinero y entregó a su hermana a una red de trata. El español, al descubrir lo sucedido, viaja al país para vengarse del hombre que le arrebató su vida.

Una segunda trama presenta a Aldo ( Gonzalo Heredia ), un buscavida que conoce a una polaca de nombre Raquel ( Eugenia Suárez ) en un transatlántico. La joven cree que en la Argentina la espera un marido, cuando en realidad es engañada para trabajar en un burdel manejado por Samuel Trauman ( Fernán Mirás ). Enamorado a primera vista, Aldo se compromete a salvarla de ese infierno, pero su tarea no será sencilla porque en simultáneo deberá simular una relación con Alicia ( Mercedes Funes ), hermana de Torcuato.

Torcuato suele mostrarse vulnerable ante Lucía - Fuente: eltrece

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El equipo de guionistas liderado por Carolina Aguirre y Leandro Calderone, en el que colaboran también Valeria Groisman y la escritora Josefina Licitra, construye un planteo clásico, al que enriquece con personajes que no siempre responden al acartonado blanco y negro de las novelas tradicionales. Por eso los buenos a veces muestran sus miserias como así también los malos logran momentos de relativa nobleza, ganándose de manera efímera el aplauso de los fans. Torcuato comete actos de una maldad absoluta (matar al padre de su esposa en la noche de su casamiento), pero por otra parte su evidente debilidad por Lucía -una mezcla de vínculo enfermo con obsesión por acceder a una clase social elevada- lo llevó a asesinar a Rodolfo (Diego Velázquez), un hombre que aprovechando su posición de jefe acosaba incesantemente a la joven. Esa acción fue totalmente aprobada por el público, que de golpe festejaba la intervención del villano.

Libertad ( Virginia Innocenti ), la madre de las Morel, aunque suele ser un dolor de cabeza, no duda en dejar la piel si un extraño ataca a su familia defendiendo a sus hijas a pesar de obsesionarse con "casarlas" con un hombre de buena posición. Además, en el funeral de su marido, ella fue la primera que lloró la partida de un hombre al que martirizó, pero al que también acompañó durante una dura enfermedad. Sí, ella es manipuladora, pero también es una mujer por la que resulta fácil sentir piedad.

Algo similar sucede con Ivonne ( Andrea Frigerio ), la jefa de las prostitutas. Ella presenta un rasgo poco habitual en las novelas de este tipo y es la posibilidad de la redención. Por un lado, está sometida a Trauman (un verdadero monstruo sin atisbo de humanidad), mientras por el otro, intenta preservar a Julián (Tomás Kirzner), un policía incorruptible que es el hijo al que abandonó de bebé. Tarde o temprano, Ivonne se encontrará ante la disyuntiva de elegir bando, y paulatinamente el devenir de la trama sugiere que la madame hará causa común con las prostitutas allí encerradas. Ivonne, como el guardaespaldas Alí y otros "malos", suelen coquetear con los beneficios de jugar a dos puntas y de ese modo la historia lleva a los espectadores al siempre interesante juego de, a veces, empatizar con los villanos.

La banda es uno de los mayores atractivos de la historia
La banda es uno de los mayores atractivos de la historia

Caras que renuevan la pantalla. Cuando el fenómeno de las ficciones turcas parecía un fenómeno imparable, un argumento insistía en que parte de ese éxito tenía que ver con que en las tiras argentinas "siempre aparecían los mismos intérpretes en los mismos papeles". Esa excusa, un tanto vaga, omitía que muchas ficciones son banco de prueba para caras relativamente nuevas y ATAV es un buen ejemplo. Chaves y Baró, aunque muy lejos de ser debutantes, sí son primerizos como dupla central de una novela en prime time. Por fuera de ellos, y a excepción de figuras ya instaladas como Vicuña, Heredia, Suárez, Funes o Mirás, hay varios nombres poco frecuentes en tiras locales y ahí radica parte del encanto. Repasemos: Minerva Casero (Lidia), Diego Domínguez (Córdoba), Franco Quercia (Malek), Fausto Bengoechea (Alambre), Ruggero Pasquarelli (Toro, que fue asesinado hace algunas semanas) o Federico Salles (Gabriel), que viene de un celebrado paso por el teatro; son intérpretes de un gran talento cuyo trabajo no era conocido para los televidentes del horario central argentino.

Raquel y Aldo tiene una gran química en pantalla
Raquel y Aldo tiene una gran química en pantalla

En otro plano, Candela Vetrano , Matías Mayer, Ariel Pérez de María, Luli Torn, Anita Pauls o Gastón Cocchiarale, aunque más conocidos en televisión, se destacan con fuerza como secundarios. De esta manera, la tira marca un aire nuevo dentro de la pantalla chica.

En una novela de este tipo, el éxito tiene que ver con que el televidente se sienta parte del universo de los protagonistas. El público debe aprender a querer a esos personajes como si fueran amigos y preocuparse, llorar y reírse junto a ellos. Dicho de otra forma, tiene que reconocerlos como su grupo de pertenencia y la banda de Argentina, tierra de amor y venganza logra ese cometido. En el elenco hay una química innegable que se expande hacia todos los rincones de la historia, construyendo un sólido núcleo de héroes a los que resulta muy sencillo sentir cercanos.

Francisca no duda en imponerse al resto de la banda - Fuente: eltrece

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Dos grandes mujeres. Teniendo en cuenta que la trama le da mucha importancia al lugar de las mujeres en ese período, todas las heroínas y villanas están trazadas con precisión quirúrgica. Y del riquísimo elenco femenino, hay dos de mucho peso. Por un lado está Francesca, una de las hermanas de Aldo. La actriz Malena Sánchez, que logra un personaje rico en matices, interpreta a una joven que se impone a través de no pedir permiso y entender que "ser mujer" no tiene por qué condicionar sus acciones. Sánchez compone a una mujer que llora sus miserias, que puede enamorarse sin que eso signifique someterse a mandatos machistas, que usa pantalones sin miedo al "qué dirán" y que con el cigarrillo colgando de su boca, trabaja incansablemente en el bar de su madre. El carisma de Francisca es ta grande, que es la única capaz de enfrentarse a Bruno cuando cree que su amigo puede cometer un error y entre ellos hay una dinámica tan aceitada, que muchos fantasean con que los besos que hubo entre ambos, sean el comienzo de algo mayor.

La segunda mujer que se destaca rápidamente es Alicia. La peculiar hermana de Torcuato abarca una notable variedad de estadios. Ella puede llorar cuando siente la presión de ser una solterona, puede angustiarse cuando piensa en volver a ser pobre, puede ser la más mala cuando devuelve a Raquel al burdel o entregarse a la frivolidad más absurda cuando pena por esos galgos de bronce que le robaron unos ladrones. Se trata de un personaje de gran riqueza, y el enorme trabajo de Mercedes Funes permite que su villana despierte en el público emociones que van del odio a la pena e incluso a la complicidad.

Por sobre todos esos rasgos, a Alicia la define también el vivir consciente de su deseo por disfrutar del sexo o como lo define Aldo en esa cena que pareciera conectarlos por primera vez, a Alicia "su deseo no le da pudor". Fanática del Marqués de Sade, ella se entrega a solitarias sesiones de lectura que llevan a la serie a hablar del goce femenino, un terreno casi virgen en el prime time argentino. De este modo, Alicia y ATAV derrumban tabúes y demuestran que la novela aún es una trinchera en donde la tele puede asumir nuevos riesgos.

Lo peor

Bruno encuentra en Aldo un vínculo de amistad que le permite no perder los estribos
Bruno encuentra en Aldo un vínculo de amistad que le permite no perder los estribos Crédito: eltrece

Las contradicciones en la recreación del período. Al transcurrir en el pasado, la trama juega con figuras y momentos de esa época. Ante todo la novela utiliza varios elementos de la vida de Raquel Liberman y cómo en 1929 ella denunció a la gigantesca red de trata "Socorros Mutuos Varsobia", comandada por Trauman (Noé en la realidad, Samuel en la tira). Y también toma otros ingredientes como menciones a Jaime Yankelevich y la importancia del radioteatro en la vida cotidiana de la clase popular argentina. Sin embargo, en esa reconstrucción de época hay varias imprecisiones y algunas pequeñas confusiones que llevan a hacer difuso el año exacto del relato (por ejemplo, las menciones al estreno de Robin Hood con Errol Flynn, delata que la acción transcurre en 1939, pero en otros momentos se hace referencia al ascenso de Franco, ocurrido en 1938).

¿Un recurso olvidado? Al comienzo de la serie se utilizaba música actual para jugar un interesante contraste entre pasado y presente, entre una época que hacía la vista gorda con respecto a delitos que, aún hoy, están enquistados en la sociedad gracias a complicidades indebidas. Pero con el correr de los capítulos este recurso simplemente desapareció.

Torcuato, perseguido por su pasado
Torcuato, perseguido por su pasado Fuente: LA NACION - Crédito: Silvana Colombo

Salir del casillero. Uno de los principales problemas que suelen tener las tiras es la sensación de estar siempre en el mismo punto de la trama, sumada aquí con la ansiedad por ver el cruce entre Torcuato y Bruno. La promesa de ese encuentro -que remite por ejemplo al Montecristo novelesco de Pablo Echarri- y la intención de seguir generando expectativa entorno a estos personajes hace que sucedan hechos inexplicables como que Bruno pasee por todo Buenos Aires sin verse nunca con su principal enemigo. Así la novela se ve obligada a evitar lo inevitable y a crear tensión a partir de algunos accidentales cruces (el duelo de esgrima, en ese sentido, fue una gran manera de enfrentarlos a cara cubierta). El riesgo es que prolongar demasiado ese esperado momento puede jugar en contra de la historia y volver algo atrapante en tedioso.

Pero se entiende que estos problemas son parte de la tiranía de la tira (valga la cacofonía), en donde todos los días tienen que pasar cosas, sin sacudir demasiado la estructura base para ir haciendo avanzar la trama. Por ese motivo, el reciente anuncio de un salto temporal es una bienvenida maniobra y una forma de renovar la matriz de la historia.

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