Charles McDougall, el director de House of Cards que quiere encontrar nuevos talentos en la Argentina
En El mentor, el director televisivo guiará a jóvenes cineastas locales; hoy brindará una charla abierta en el CCK
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"Lo primero que les dije a los ocho directores es que si no querían trabajar duro se fueran a casa. Nadie se fue", dice Charles McDougall, y donde cualquier otro hubiese colocado una sonrisa el director mantiene el gesto adusto. Pocas veces abandonará el rictus. No es falta de amabilidad ni malhumor, sino una forma de ser británico hasta la médula que ni siquiera quince años de trabajo en Hollywood y diez de enseñanza en la prestigiosa escuela de cine y televisión de San Antonio de los Baños, en Cuba, pudieron modificar. Y, de alguna manera, sus modos encajan perfectamente con el motivo por el que McDougall viajó a la Argentina.
Convocado por Miguel Pereira, presidente de Radio y Televisión Argentina, a quien conoció hace años cuando visitó el Festival de Mar del Plata, el director aceptó ser el mentor de... El mentor, el ciclo que mostrará el proceso de aprendizaje de los ocho jóvenes cineastas de todo el país ganadores de un concurso organizado por el Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos. Los resultados del trabajo se verán en ocho episodios que se estrenarán en octubre por la TV Pública. Antes de eso, hoy, a las 19, McDougall dará una clase magistral abierta al público en el CCK.
"Es un curso intensivo de dos semanas. No se duerme mucho, pero todos están de excelente humor y mientras hacen las rotaciones de director a director de fotografía y a encargado de sonido aprenden de todos los departamentos. Así, aunque sean directores toda su vida, sabrán algo de lo que implica manejar el micrófono de exteriores, por ejemplo", detalla McDougall en uno de los pocos descansos que se permite durante el día de rodaje. Es que no se trata sólo de guiar a los noveles directores en la realización de sus cortometrajes, sino que él también deberá dirigir uno según las reglas que impone en su seminario. Un curso que comenzó hace años en la escuela de Cuba cuando se dio cuenta de que, según él, encerrado en el aula no era un muy buen profesor.
"Por eso organicé este curso, que implica salir a hacer un film rápidamente. Así los alumnos adquieren muchísima información en dos o cuatro semanas. Eso fue lo que quise hacer acá también. Se trata de tener la misma cantidad de recursos, actores y equipo, pero con la complicación extra de tener un equipo documental siguiéndonos todo el tiempo. Lo que suma otra capa de desafíos, pero espero que se vea algo del trabajo que implica hacer los cortos y lo que significa ser un director", explica McDougall. Y enseguida aclara: "Por supuesto que me siento mucho más cómodo detrás de cámara y fue difícil no poder decir malas palabras en todo el día, pero fue una experiencia interesante. Ser introvertido y extrovertido en una misma jornada". Una vivencia tan nueva para él como para sus ocho alumnos llegados de Ushuaia, Córdoba, Santa Fe, Jujuy, Entre Ríos y Santiago del Estero, entre otros puntos del país.
"Uno de ellos dijo, después de cuatro días de seminario, que era la semana más intensa de su vida. No es que quiera hacerlos sentir incómodos, pero me alegra que sea una experiencia tan fuerte para él, porque, en parte, todo esto supone que salgas de tu propio mundo, de tu zona de confort, para pararte en un lugar muy diferente y desde allí contar historias que sean a la vez personales y universales", se entusiasma el director, y recuerda sus tiempos de estudiante en Estados Unidos e Inglaterra, donde hizo "muy malos cortos, que sólo me interesaban a mí".
No todo lo que brilla...
McDougall se muestra muy agradecido con la carrera que tiene en Hollywood como uno de los más prestigiosos y prolíficos directores televisivos: trabajó en series tan interesantes y diversas como House of Cards , The Good Wife, Parks & Recreation y Sex and the City, entre muchas otras. Como el experto al que llaman a la hora de realizar los pilotos de proyectos que luego serán series imperdibles para los fanáticos del mundo y hasta como el responsable de desarrollar nuevas historias que podrían llegar de cualquier lugar, incluso desde la Argentina, donde dice que aprovechará su estadía para buscar ciclos exitosos o guiones originales para llevar a la meca de la industria audiovisual. Sin embargo, advierte, detrás de los brillos de la era dorada de la TV también hay muchas zonas grises, casi negras, que resultan imposibles de ignorar.
"Para mí, las semanas que me dedico a la enseñanza son las mejores de mi año, porque como un director inglés trabajando en Hollywood soy muy consciente de que es un mundo dominado por el dinero, donde el sistema de valores está organizado según las ganancias, y eso a mí no me interesa", cuenta el director cuyo último proyecto lo llevó de regreso al origen, a Inglaterra.
"Trabajar para la TV británica es muy distinto de como funcionan las cosas en Hollywood. Ahora volví para dirigir los tres episodios de Secret Agent, la adaptación de una novela de Joseph Conrad. Fue un proyecto maravilloso. La gran diferencia fue que la TV británica, comparada con la de Estados Unidos, no tiene mucho dinero, y por eso hay que hacer las cosas más eficientemente. Además, en Inglaterra trabajás con un guionista y un productor, mientras que en Hollywood hay muchos guionistas por proyecto y todos dan su opinión, lo que se transforma en una cacofonía imposible de voces", detalla McDougall, de manera pausada y serena. Un claro contraste con lo que suele suceder a su alrededor durante la temporada de pilotos de la TV norteamericana. "En tres meses tienen que estar listos el guión, el casting, las locaciones, todo a la carrera, porque al mismo tiempo que vos están trabajando otros equipos están haciendo los otros cien pilotos que se presentarán esa temporada. Es una locura. Un sistema poco eficiente y caro que produce una gran cantidad de programas malos. Que, de hecho, en su mayoría nunca se verán más allá de las oficinas de los ejecutivos", cuenta el director, demoliendo de un golpe la fantasía de los seguidores que imaginaban otro ambiente para la creación de sus ficciones favoritas.
Claro que por cada desilusión, relata McDougall, también hay siempre grandes proyectos y personas que le permitieron aprender a ser el director que es.
"Hice comedias como Parks & Recreation, Sex and the City y The Office, llenas de talentos impresionantes. Steve Carell, el protagonista de The Office, es brillante, y en Sex and the City fui testigo de la profesionalidad y el compromiso de Sarah Jessica Parker", cuenta el director, que recuerda las largas jornadas de trabajo de Parker, estrella y productora de la exitosa comedia de HBO, que además de reunirse con guionistas y ejecutivos debía lucir bien para las cámaras a la hora de grabar. "Bueno, ésa es la magia de los efectos visuales. Podría contarte algunas historias", insinúa McDougall con algo parecido a una sonrisa cómplice. Pero se frena a tiempo. Caballero inglés antes que ninguna otra cosa.
Más allá de sus buenas experiencias en la comedia, el director tuvo el privilegio de dirigir para David Fincher durante la primera temporada de House of Cards. "Su atención y precisión a los detalles es impresionante. Aprendí a manejar un set a su estilo, porque Fincher prohíbe las charlas y no permite que los actores se distraigan. Por eso en House of Cards teníamos un equipo chico. Casi la misma cantidad que acá en los cortos de El mentor. Fincher es un hombre muy interesante: hizo un acuerdo con Netflix en el que se aseguró por contrato que no hubiese comentarios de los ejecutivos sobre los guiones o el casting. Fue inédito y fantástico para los directores que trabajamos en esa temporada porque hicimos los capítulos que quisimos, cada uno a nuestro estilo. Por supuesto que luego él nos daba su opinión. Todas las noches recibía sus mails", explica McDougall al recordar ese período ideal que, sabe, probablemente ya no exista en el programa desde que Fincher lo abandonó, después de exigir 150 millones para seguir produciéndolo.
Cosas que suceden en Hollywood, donde la brecha entre la vida real y lo que llega a las pantallas suele ser demasiado ancha y cada vez crece más. Pero el director no deja de ilusionarse con poder encontrar esos relatos, que, como les enseña a sus alumnos, sean personales y universales al mismo tiempo.
Policiales made in Manchester
Entre los muchos créditos de McDougall se destaca la serie Cracker, de la que dirigió dos episodios en 1995. Brillante y sombría, la historia del psicólogo forense Eddie Fitzgeral (el maravilloso Robbie Coltrane) formó parte del florecimiento del género en la TV británica encabezado por Prime Suspect, producida por el mismo equipo de Cracker. "Estábamos en Manchester, en el norte de Inglaterra, creando estos programas fantásticos", recuerda el director.
Clase magistral
Charles McDougall
Hoy, a las 19
CCK, Sarmiento 151
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