Colombia, el país de las telenovelas

Mezclando realismo mágico y humor, las exporta al mundo
Natalia Trzenko
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16 de diciembre de 2001  

BOGOTA.- La mejor carne del mundo es la argentina. Los electrónicos más modernos son los japoneses. Las películas de acción más entretenidas son las norteamericanas. ¿Y las telenovelas más exitosas? Hace ya algunos años las clásicas historias melodramáticas de ricos y pobres, de patrones y sirvientas enamoradas hasta la médula perdieron su impacto para dejar lugar a unos programas que contaban las mismas desventuras amorosas, pero con otro sabor. Ese sabor único que tiene Colombia, una mezcla de profundo dramatismo, humor y realismo mágico, el producto nacional más difundido.

El punto de inflexión fue "Yo soy Betty, la fea". A partir del estreno y del furor posterior que generó esa tira en el mundo, las telenovelas colombianas pasaron a ser las más requeridas de América latina, y hasta consiguieron conquistar el difícil territorio de la TV norteamericana.

En la pantalla chica argentina el interés comenzó unos años antes, cuando Canal 13 emitió "Café con aroma de mujer", un culebrón atípico en el que la protagonista se emborrachaba seguido y el galán pasaba la mitad de la historia luchando contra su impotencia sexual. Y después llegó el huracán Betty, que hacía más de 25 puntos de rating a pesar de los anteojos, la ortodoncia y los bigotes.

Esas dos tiras, escritas por Fernando Gaitán -quien ahora se ocupa de "Ecomoda", la continuación de "Betty, la fea"-, marcaron un antes y un después en el competitivo mundo de los relatos de amor en versión diaria.

"El problema de la telenovela es que está agotada porque se repite a sí misma. Y aunque en la producción mexicana y venezolana de a poco están cambiando las cosas, me parece que aquí, en Colombia, hemos tomado la delantera. Es que nosotros copiamos más la vida que a las otras telenovelas", dice Gaitán a LA NACION en su oficina de los estudios RCN, en plena zona fabril de Bogotá.

Claro que esa realidad de la que habla el autor llega a la TV con grandes dosis de humor, porque para dramas están los noticieros. "Este país ha estado en guerra continua no declarada. Creo que eso nos ha forzado a usar el humor como mecanismo de defensa. Los guionistas y directores que no pueden hacer cine por falta de presupuesto se vuelcan a la televisión para entretener a la gente. Por ejemplo, "Betty, la fea" y "Pedro, el escamoso" nacieron de la necesidad de divertir al público en medio de tanta mala noticia", explica Miguel Varoni, el mismísimo escamoso.

El actor, nacido en la Argentina pero criado en Colombia, recogió el guante de "Betty" y se transformó en el nuevo fenómeno del país. El rating astronómico, los fanáticos que quieren imitarlo y las giras promocionales no logran cansar a Varoni, que por estos días cumple un año de grabación, mientras que por la pantalla de Telefé las aventuras de su personaje apenas están comenzando.

Para llegar a la locación donde se graban las escenas del "escamoso" hay que recorrer más de cien kilómetros por un camino de montaña que debería figurar en el libro de récords como uno de los más sinuosos del mundo. Pero no se trata de una ruta ordinaria porque a medida que se avanza la temperatura varía rotundamente. Los colombianos llaman a esta zona "tierras calientes" y el nombre le queda chico al clima tropical asfixiante.

El set de "Pedro, el escamoso" está camino al pueblo de Agua de Dios, el lugar de origen del protagonista en la ficción y una antigua colonia de leprosos en la realidad. Allí se encuentra sólo una de las tres unidades que graba la novela. Allí está el protagonista ensayando sus escenas bajo un sol invasivo, con más de cuarenta grados y con el vestuario completo: jeans ajustados, camisa, sombrero de piel y botas tejanas.

Si la vestimenta parece increíble y el paisaje de montañas verdes que rodean el hotel donde se desarrolla la historia contrasta con los típicos estudios de paredes de cartón, la mayor sorpresa la aporta la historia del personaje. Es que Pedro Coral -verdadero apellido del escamoso- es un antihéroe como pocos. Es vago, fanfarrón, irresponsable y muy mentiroso. Tal vez, lo único que lo redima sea su ternura. Sin embargo, a pesar de semejante currículum la identificación del público es total. "Me parece que si la gente se identifica con el personaje es porque nosotros, los latinoamericanos, somos un poco mentirosos -razona Varoni-. Decimos mentiras para sortear las situaciones difíciles que nos tocan diariamente. Además, Pedro representa al colombiano que gana el salario mínimo de 150 dólares. Vive de milagro, y la realidad es que aquí muchos sobreviven de esa manera."

Bienvenidos al tren

Si hubo un tiempo en que el canal mexicano Televisa monopolizaba las lágrimas de los seguidores de las telenovelas, hoy el imperio en el que reinaba Verónica Castro está en franca decadencia. Al menos para el mercado externo, cansado de ver el mismo argumento repetido hasta el cansancio. Si hasta Thalía, la última gran estrella de la emisora, declaró que mientras no le ofrezcan un papel que represente a la mujer actual no volverá a la TV. Televisa fue desafiada por TV Azteca, un canal que tomó el ejemplo colombiano y comenzó a producir las llamadas "telenovelas de ruptura". Esas en las que la vida moderna es un elemento esencial de la trama. Así, entre la decadencia de Televisa, la inexistente exportación de tiras venezolanas y los deplorables doblajes de las brasileñas, la televisión argentina se subió al tren del éxito colombiano, forjado con un sistema de trabajo que no suele aplicarse a la producción de programas diarios.

"Una Lolita es una niña que uno la ve de lejos y parece de 10 u 11 años. Luego se acerca y tiene como 12 o 13... y cuando lo mira a uno fijamente, es imposible sostenerle la mirada..." Este texto bien podría servir como el comienzo de una novela. Pero ese libro ya lo escribió Nabokov. En cambio, lo que hicieron Juan Manuel Cáceres, Jorge Ospina y Juan Francisco Domínguez fue escribir una telenovela. "Me llaman Lolita", estrenada hace pocas semanas por Telefé, se atreve a jugar con la fina línea que va del enamoramiento adolescente a la perversión de algunos adultos.

"Durante el proceso de escritura fuimos cuidando mucho el tono de la historia. Se trató de mantener siempre un estilo inocente, pero el morbo de la gente hizo el resto. Nos dimos cuenta de la dimensión del impacto de la tira cuando supimos que en los colegios de monjas a las niñas les habían prohibido mirar el programa", cuenta Cáceres. El y su equipo trabajaron en los guiones para que luego el director dedicara dos meses a ensayar las escenas con los actores elegidos. Los ensayos previos a la grabación son ley en la televisión colombiana.

"Aquí se empieza a ensayar como mínimo un mes y medio antes de comenzar a grabar. El director está contratado desde que se le da luz verde al proyecto y él comienza a ver la formación de los libretos antes de tener al elenco. Decide con el autor el tono del ciclo y sobre esa base después se contrata a los actores", detalla el autor de "Betty, la fea". Entonces la ecuación está planteada: buenos libretos + ensayos dan como resultado telenovelas como las que se ven hoy en la TV argentina.

Es más, sin el trabajo previo una figura tan característica como la de "Pedro, el escamoso" no sería igual. Es que fue durante los ensayos cuando Varoni creó el look escamoso : pelo largo, ropa siempre al cuerpo y unas botas de cowboy que son el complemento perfecto para otro de los sellos característicos del personaje, su manera de bailar. Pedro tiene una coreografía que puso en movimiento a Colombia, Ecuador y Venezuela y que ya acecha a la Argentina.

Tal vez, lo que separa definitivamente a las telenovelas colombianas del resto es que en ellas la mayoría de las veces en un segundo plano de la historia de amor hay un mensaje. Si en "Betty, la fea" se quería decir algo sobre los modelos de belleza que impone la sociedad, en "Pedro, el escamoso" se rescata la inocencia del hombre de pueblo y en "Me llaman Lolita" se denuncia el sistema de caudillaje que aun funciona fuera de la capital.

Las tiras, los culebrones, fueron el primer placer culpable. Antes, mucho antes, de que el espectador de reality shows negara su fanatismo por espiar la vida de esa gente común dispuesta a todo, hubo otra mirada vergonzante. Era la experiencia secreta, oculta, de quien miraba telenovelas con la fruición de un obseso. Así, las caras, los nombres y los acentos de países como México y Venezuela se hacían cotidianos gracias a los melodramas televisivos que llegaban a la pantalla local sin pausa. Pero era un secreto. Un fanatismo sólo revelado con un sonrisa que pedía perdón por semejante falta de mal gusto. Ahora, esa sonrisa tímida de los espectadores se transformó en risa abierta, porque se acabó la culpa. Llegaron las telenovelas colombianas.

Secretos del éxito

Autores: los especialistas dicen que el secreto del éxito está en los libretos colombianos.

Rating: son los programas más vistos de su país. En la Argentina, el último capítulo de Betty hizo 33,9 puntos de rating.

En pantalla: tres culebrones colombianos hay hoy en la TV local: "Pedro, el escamoso", "Me llaman Lolita" y "Betty, la fea".

Fenómeno: el primer concurso de baile "Hágase famoso como Pedro, el escamoso" convocó a 60.000 personas en Bogotá.

Ensayos: toda tira se ensaya dos meses antes de la grabación.

"Ecomoda": la nueva serie de "Betty..." tendrá 52 capítulos.

Exportación: más de 20 países emitieron "Betty, la fea".

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