
"Contalo, contalo", con una duración excesiva
Dos horas diarias para el ciclo de Canal 9
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Ahora que Jorge Rial y Viviana Canosa salieron en busca de nuevos proyectos y horarios, la ya clásica batalla de los chimentos de cada tarde televisiva entre Canal 9 y América tendrá de aquí en adelante, respectivamente, como protagonistas a "Contalo, contalo" y "Los intocables en el espectáculo".
Después de un intento fallido para retomar "Rumores" junto a su antigua compañera Susana Roccasalvo, Carlos Monti decidió desde ayer poner en marcha su "Contalo, contalo", como si creyera que quien golpea primero puede golpear dos veces. Todos los horarios parecen decisivos en la pugna por el tercer lugar en las preferencias de los televidentes.
Ayer quedó en claro que Monti y su equipo se sintieron a sus anchas sin la exigencia de mirar de reojo lo que hace su competidor y así poder ganarle de mano en cada encuentro con los personajes farandulescos de moda. Por lo menos hasta pasado mañana (cuando "Los intocables en el espectáculo" lleguen a la pantalla de América), "Contalo, contalo" disfrutará de esta ventaja tan fugaz como todo lo que tiene que ver con la materia prima de este tipo de propuestas.
Lo único excesivo de "Contalo, contalo", como ocurre en general en la TV chimentera, es su duración. Dos horas por día (un privilegio del que no goza ninguna otra producción televisiva de emisión cotidiana) dedicadas a atender las novedades de ese segmento del espectáculo más cercano al ruido, al impacto y a algún escándalo parecen una desmesura, por más que hayan querido ser compensadas con notas livianas y amables, en vivo, desde Mar del Plata, Punta del Este y Villa Carlos Paz.
Monti y los suyos (Ginette Reynal, Augusto Tartufoli, Bárbara Arroyo y Rodrigo Lussich) sostuvieron el programa con oficio, ceñidos estrictamente a la materia que mejor dominan: el juego de las indiscreciones. Lo que resulta difícil de sostener es el argumento de que este programa llegó con un "nuevo concepto", porque lo visto ayer fue, con levísimas variantes formales (como un muñeco llamado "Johnny Tecuento", que pasó inadvertido) lo mismo que ofrece la TV en esta dirección desde los tiempos de Lucho Avilés. Algo que seguramente se ratificará en muy pocos días, cuando empiece un nuevo episodio de la módica batalla de los chimentos.





