Cuando la TV sirve como vehículo para la solidaridad
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"Dar es Dar" , programa de servicios conducido por Juan Alberto Badía. Notas en exteriores: Marcelo Corazza. Una realización de Telefé. Lunes a viernes, a las 11.30, por Telefé.
Nuestra opinión: bueno
Donar en una campaña solidaria de la televisión es como poner en práctica la bondad en vivo y en directo. Porque la TV, como medio de comunicación de masas por excelencia, trae aparejada consigo el concepto de generosidad instantánea, sin compromiso permanente. La fugacidad de lo televisivo tiñe cualquiera de sus emprendimientos solidarios de cierta superficialidad, de respuesta a un estímulo electrónico más que a un mandato moral. Es decir: es muy común que el público televidente done "espontáneamente" durante una campaña televisiva; es menos probable que ese televidente realice donaciones regularmente como parte de su vida cotidiana.
"Dar es dar" es un programa de servicios que, con la conducción de Juan Alberto Badía, se propone como un nexo entre aquellos que necesitan y aquellos que pueden dar. Audífonos, vidrios, ladrillos, zapatos, juguetes, útiles escolares, todo puede ser motivo de un pedido en tanto, previamente, haya sido convertido por un otro, en motivo de necesidad.
Ayudar entre todos
Escuelas de frontera (y no tanto), comedores infantiles, clubes barriales, llaman a "Dar es dar" con la esperanza de recibir una mano. Por lo general, la solución aparece rápidamente. Y, tal como lo manifiesta en vivo el animador, la mayoría de las veces la ayuda llega de parte de quienes menos tienen.
En cuanto a los que más tienen, durante la primera semana de edición, hubo la lamentable sobreexposición de una empresa que había donado una cantidad de sillas de plástico blancas para un comedor barrial. Como si fuera un auspiciante de la Fórmula 1, la marca de la empresa ocupó todo el espacio posible durante el proceso de donación; la entrega del material se realizó en un camión pintado con la marca -una larga toma registró la llegada al barrio- y, luego, dos muchachos con el uniforme y la gorra correspondientes permanecieron tiesos (igual que las promotoras de sponsors en el automovilismo), parados detrás del periodistas Marcelo Corazza, mientras se hacía la entrega oficial.
Debe agradecerse a la producción de "Dar es dar" que esos episodios de exhibición de marca (el tiempo que el logotipo comercial permanecía en pantalla era prácticamente un PNT, publicidad no tradicional) no se reiteraron en envíos sucesivos. Quizás esa metodología terminó siendo anulada por el propio efecto negativo causado en el espectador, a cuyos ojos el "acto noble" en cuestión se veía transformado en "viveza criolla". Tal vez por eso, últimamente, las empresas -tal como los anónimos televidentes- mencionan su nombre al pasar y hacen hincapié en lo que están dispuestos a dar.
No somos ángeles
Si bien los estudiosos en materia de medios, sobre todo en Europa, destacan que lo que impulsa a efectuar una donación mediática es la lógica de la hazaña (hazaña de llegar a una cifra, hazaña de sumarse a la movilización general), el caso argentino tiene sus propias particularidades: en nuestro país, a la probable superficialidad del compromiso televisivo se opone la desilusión generalizada. No es extraño que el ciudadano común elija tener pruebas, elija lo concreto: si hace una donación, prefiere conocer a su destinatario y ver, en vivo y en directo, que la donación se haga efectiva.
En épocas de gran descreimiento por parte de la ciudadanía, un espacio como "Dar es dar" no sólo es funcional como vehículo del deseo de dar del televidente sino también, a través de las imágenes, como una suerte de fiscalizador de transparencia. Y si es que tal mecanismo no ortodoxo sirve para incentivar los vínculos sociales, debe señalarse que siempre es preferible la existencia de los espacios solidarios a su lenta extinción. Aunque sea por TV, aunque sea efímera, aunque sólo responda a un estímulo catódico.






