
Longobardi-Lejtman, desprolijos
El primer envío de "Fuego contra fuego" naufragó en el caos y la imprecisión
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Lo que Román Lejtman y Marcelo Longobardi exhiben de sobra en sus respectivos programas radiofónicos (precisión conceptual y analítica, convicciones firmes, puntos de vista claros) brilló por su ausencia en el comienzo del ciclo televisivo que ambos comparten desde anteanoche en la pantalla de Azul.
El programa inaugural de "Fuego contra fuego" tuvo un rating promedio de 5,8 (267.000 personas), levemente inferior al de su predecesor "Titanic" y más tarde duplicado por el que tomó su posta, "Memoria".
Más allá de las cifras, este comienzo resultó vacilante y desordenado, raramente impreciso en dos conductores acostumbrados a decir y hacer lo suyo con rigor y exactitud y a otorgarles una fuerte identidad a las producciones que llevan el sello de ambos en forma separada.
Así las cosas, hubo algunos tropiezos inevitables: el documento inicial, de presentación irreprochable, sobre la reunión reservada entre el embajador de los EE. UU. y cuatro influyentes gobernadores con el aparente propósito de marcar de aquí en adelante el rumbo del Gobierno chocó con el interlocutor equivocado: en vez de consultar a alguno de los mandatarios provinciales, el entrevistado fue Diego Guelar, embajador argentino en Washington, que desmintió diplomáticamente la versión y dejó a los periodistas sin más alternativa que discutir sobre teorías conspirativas.
El informe (a mitad de camino entre el estilo innovador de "Detrás de las noticias" y otro más tradicional) sobre el presunto plan de Eduardo Duhalde para abandonar la Casa de Gobierno ante una eventual convulsión social no sólo resumió las vacilaciones del conjunto: fue anticipado en varias ocasiones y no pudo ser concluido por falta de tiempo.
Igual resultado tuvo la charla con Rodolfo Daer, que concluyó a las apuradas con Lejtman pidiendo del dirigente sindical gestos de autocrítica con un tono que pareció confundir profundidad periodística con hostigamiento innecesario.
Más allá del atrayente desarrollo que tuvo la charla con el senador Ramón Puerta sobre los hechos posteriores a la caída de De la Rúa, ninguno de los conductores pudo disimular cierta incomodidad a lo largo del primer programa. Ni Lejtman ratificó el acostumbrado rigor con que trabaja sus investigaciones ni Longobardi (extrañamente callado) aportó el toque incisivo que se les reconoce a sus entrevistas y comentarios.
Tan valiosos antecedentes no pudieron aprovecharse en el arranque de "Fuego contra fuego", tal vez por la búsqueda (todavía lejos de concretarse) de acentuar en este flamante dúo los puntos de coincidencia y atenuar sus reconocidas divergencias ideológicas. Con el tiempo se verá si los lógicos ajustes que requiere el programa apuntan a lograr una suma que por ahora no se advierte o si las expectativas del programa son tan desmesuradas como una escenografía que poco ayuda a consolidar esta idea.





