Quién quiere ser millonario: la dura historia de vida de una participante trans

Ihona concursó para mejorar la casa en la que vive con su madre.
Ihona concursó para mejorar la casa en la que vive con su madre.
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11 de junio de 2019  • 23:53

Hace dos años, y después de más de veinte de drag queen, Ihona Michelotti pudo colocar ese nombre artístico en su DNI. Esta chica trans, que vive con su madre y uno de sus hermanos, llegó a Quién quiere ser millonario buscando el dinero necesario para mejorar su casa: "Lo hago para poder ayudar a mi madre, que está en recuperación porque le agarró un ACV hace dos años. Voy a usar la plata para acondicionar el lugar donde vivimos y que ella esté más cómoda".

Ihona trabajó y creció siempre junto a su madre y a sus hermanos: "Mi papá falleció, pero era como alguien que está ciego porque no quiere ver. Siempre hablábamos de política, de cosas serias. Igualmente creo que hoy estaría orgulloso porque siempre tuve un comportamiento excelente con mi familia".

El camino de Ihona no fue ni es fácil. Porque a pesar de su convicción y del apoyo de todo su entorno, los fantasmas del pasado cada tanto vuelven: "A mis compañeros de secundaria no los volví a ver. Cuando me los cruzo por la calle se hacen los tontos, los que no me reconocen. Al principio me molestaba, me encontraba con alguno de ellos y yo emocionada me acercaba a saludarlos, pero veía que les daba vergüenza hablarme. Parece que el hombre si está con su mujer o con un amigo después se le burlan por haber 'saludado a la travesti'. Trato de no sentirme mal yo, pero al principio me lastimaba, me dolía, porque yo no me sentía diferente a ellos".

Y si aquellos que la conocieron de adolescente todavía se revuelven en su prejuicio, muchos desconocidos tampoco la respetan: "Soy peluquera y atiendo clientas a domicilio. Ayer, el vecino de una clienta a la que fui a atender le dijo de todo, que 'se juntaba con gays, con trolos'... Y la señora me explicó que a lo mejor no me volvía a llamar porque no quería tener problemas con los vecinos. Pensé en hacerle al hombre una denuncia en el INADI pero a mí no me dijo nada. Y si la señora no me llama más, la que me está discriminando es ella. El vecino puede decir lo que quiera pero es ella la que tiene que hacerse responsable de a quién quiere y a quién no".

Mientras su familia y el estudio aplaudía de pie el juego siguió, hasta que al momento de asegurar el premio de 180 mil pesos, Ihona respondió mal y retrocedió hasta los 30 mil con los que abandonó el juego.

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