
Tratame bien, el reloj y un caso de diván televisivo
¿A qué hora empieza Botineras ? ¿A qué hora termina ShowMatch ? ¿Cuánto dura un capítulo de Valientes ? ¿Y cada emisión de Justo a tiempo ? ¿Por qué los noticieros vespertinos se agrandan o se achican en extensión según el día cuando no hay razones informativas que lo justifiquen? ¿Y por qué se trata tan mal a Tratame bien ?
El programa que protagonizan Cecilia Roth y Julio Chávez es un caso de diván televisivo, que además pinta como ningún otro el lamentable regreso de las peores prácticas de desquicio horario y programación manipulada. A lo largo de los últimos 10 días, la TV abierta estimuló como en ningún otro momento de 2009 el aumento del encendido, pero lo hizo del tal modo que las novedades, los cambios y las iniciativas presentadas por los canales líderes se convirtieron para muchos en un auténtico calvario.
Así las cosas, hasta figuras del prestigio de Roth y Chávez pueden funcionar como sendas variables de ajuste de una programación que no respeta reglas de juego elementales. El miércoles pasado, Tratame bien empezó a las 23.20, sólo porque el lanzamiento de Botineras exigió de El Trece una serie de cambios y alquimias de programación que estiró hasta lo indecible los envíos previos. Ese día, Telenoche duró ¡dos horas! y Valientes casi otro tanto.
Lo mismo ocurre en Telefé. Si el reloj de Justo a tiempo -un recomendable entretenimiento familiar- se detuviera al final de cada emisión, mostraría que jamás de un día para el otro se respeta un mismo horario. Esta circunstancia no hace más que desconcertar a los televidentes y al propio canal, que llegó al colmo de promocionar el comienzo de Botineras a las 22.30, cuando el reloj marcaba las 23.
Semejante cuadro también pone algún signo de interrogación en torno de las cifras de rating. Supongamos que un programa "X" del horario central con esas características horarias tan aleatorias mide 15 puntos. ¿Corresponden todos ellos a los genuinos simpatizantes de ese ciclo? Algunos de esos valores bien podrían pertenecer al programa "Y" que llega inmediatamente después -vaya uno a saber a qué hora-, cuyos seguidores sólo tienen el televisor encendido por esa razón.
Otra vez desaparecieron los horarios fijos y preestablecidos, un dato básico de cualquier funcionamiento televisivo civilizado. Los eufemismos que se emplean en su lugar ("Ya llega", "Ahora", "Enseguida", "En instantes") no hacen más que corroborar una vez más la transformación de los televidentes en virtuales rehenes, como hemos señalado varias veces desde esta columna. Para ver un programa desde el vamos están obligados a seguir el ciclo precedente.
Y hasta algún productor inescrupuloso podría sacarle el jugo a los padecimientos del público de Tratame bien , cuya emisión de hace siete días exactos fue una prueba de resistencia para insomnes. ¿Por qué no organizar una competencia de SMS con una recompensa para quien adivine con exactitud a qué hora empieza y a qué hora termina este ciclo? Tal como están las cosas, varios programas podrían sumarse a este juego que tiene un atractivo único: las reglas pueden cambiar todos los días.







