
Estadio Pepsi Music. 3 de diciembre
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Rock fuerte y un resto de oficio
No fueron pocos los grupos de hard rock que durante fines de los 80 y principios de los 90 conquistaron el estatus de banda de estadios. Hoy, The Cult está lejos de su mejor momento, pero –a diferencia de muchos colegas– sus canciones resisten con vitalidad el paso del tiempo. Desde los coqueteos psicodélicos/góticos de Dreamtime (1984) y Love (1985), pasando por el hard rock salvaje de Electric (1987), los rituales y apoteóticos Sonic Temple (1989) y Ceremony (1991) –quizás el desnivel más claro en su discografía– y el coqueteo tecnológico de The Cult (1994), hasta el regreso a puro hard rock contemporáneo de Beyond Good and Evil (2001). Ese capital le permitió a Ian Astbury y Billy Duffy llegar por cuarta vez a la Argentina, llenar Obras y ganar antes de disparar una sola nota.
El The Cult 06 se completó con Mike Dimkitch (guitarra), Chris Wyse (bajo) y John Tempesta (batería). ¿Cómo sonaron? Crudos y potentes, pero también desajustados: la viola de Duffy estaba abusivamente por encima del resto de los músicos y le quitaba equilibrio al resultado final. Pero los mayores problemas venían del lado de Astbury. El cantante se mostró sin aire en la primera parte del show –apenas pronunciaba palabras sueltas de las letras– y tuvo grandes dificultades durante toda la noche para hacerle justicia a los temas con guitarras más al frente. Fue en las canciones más atmosféricas –"Spiritwalker", "Revolution", "Rain" y "Phoenix"– y el segmento acústico –"Star" y "Edie (Ciao Baby)"–, cuando recuperó algo de su historia. Decidido a remar con oficio lo que la garganta no le daba, hizo cantar al público, revoleó unas cuantas panderetas,generó compulsas futboleras, dedicó "Revolution" al "¡comandante Che Guevara!", y hasta insultó a Margaret Thatcher.
"Peace Dog", "Rise" y "Wild Flower" –furiosa e irresistible– pusieron el punto final después de casi una hora y cuarto de show. Luego de un breve intermedio aparecieron los bises: "She Sells Sanctuary" y "Love Removal Machine" cerraron la noche con adrenalina y criterio. Ya no quedaba más por transpirar y las caras abajo del escenario eran de cansancio y felicidad. The Cult había pasado nuevamente por Buenos Aires. En esta ocasión, cosechó una respuesta incondicional y al mismo tiempo desdibujó la imagen de aquella noche mágica del 2000. ¿Otra vez será?
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