
The RamonesUna combinación de punk rock y anarquía constituía un asalto frontal a la subcultura pop. Por Lenny Kave
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Toda generación del rock & roll necesita recordar qué es lo que la lleva a tomar una guitarra, y cuatro amigos del barrio de Queens tuvieron una idea que fue casi demasiado perfecta. Su aspecto –jeans rotos, remera ajustada, zapatillas de caña alta y campera negra de motociclista– era una versión caricaturesca del espíritu de los tipos duros del rock. Cuando empezaron, tocaban lo que sabían tocar, que no era mucho y lo acomodaban a su conveniencia. Optaron por la velocidad más que por la complejidad. Querían ser los Beach Boys, Alice Cooper y los Bay City Rollers.
Se colocaban descaradamente contra los enigmáticos juegos mentales del rock progresivo, los largos solos, las letras de Ring Cycle y los sintetizadores sinfónicos. El mestizaje de las otras músicas no era para ellos. Los Ramones eran puros en sus inquietudes adolescentes de aspirar pegamento y golpear chicos con un bate de béisbol, aunque los chicos fueran ellos mismos. Su rivalidad de hijos únicos atrapaba como cualquier show televisivo con risas grabadas. Johnny era el hermano mayor severo, disciplinado, militar; Dee Dee era el tonto, el que iba a la esquina de la 53 y la 3; Tommy era el productor, familiarizado con los vaivenes de la industria musical. Joey era el alma.
Los Ramones tenían su acto tan armado que sólo le hicieron pequeños cambios cuantitativos durante veinte años una vez que salieron del nido de cbgb en 1975. Se los entendía con facilidad, eran traducibles. Cuando la banda llegó a Inglaterra el Día de la Independencia de 1976, la suerte estaba echada: una combinación de punk rock y anarquía constituía un asalto frontal a la subcultura pop.
Los Ramones siempre creyeron en el mensaje de autoliberación de su música. Su música no era combativa, si bien tenía mucha fuerza y una energía increíble. Ante todo, decían que si ellos podían hacerlo, todos podían, que bastaba con tomar la decisión y contar hasta cuatro.
A esta altura, ya todos se fueron de la banda o del planeta, y éste es un saludo a Joey y Dee Dee, que ahora son inmortales en más de un sentido. Pero cuando pienso en un momento de los Ramones, recuerdo no sólo los primeros años sino una tarde de fines de mayo en algún lugar de Nueva Inglaterra, un festival de todo el día, tal vez a principios de los 80, sol, un fin de semana feriado. Estoy parado detrás del escenario con Johnny y hablamos de nada en especial, de las guitarras que conocemos. Finalmente la conversación se detiene y nos quedamos mirando a nuestro alrededor, viendo adónde nos llevó el rock & roll en esa hermosa tarde, tocando la música que nos gusta.
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