
The Weirdness
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Algo de Iggy Pop hace salir la bestia que hay en los guitarristas. En los primeros dos álbumes de los Stooges, llevó a Ron Asheton a convertir su wah wah en un lanzallamas. Luego, en el regreso de 1973, Raw Power, llevó a James Williamson a derribar la reputación de toda una vida por un estilo de calaveras trituradas y cerebros en llamas. Hasta David Bowie cayó cuando produjo el debut solista de Iggy en 1977, The Idiot, un álbum preciado por los freaks de Bowie porque es el único en que se lo puede escuchar tocar tanto la guitarra.(Como señaló Iggy una vez: "David toca mejor Angry Young Guitar que cualquier músico de Angry Young Guitar que haya escuchado".) No es sorprendente que ninguno de estos guitarristas haya seguido por ese camino, al menos sin la Iguana. Pero Iggy aún consigue lo que supo conseguir alguna vez: en el nuevo álbum de los Stooges hace que Ron Asheton haga sonar a el viejo wah wah tan brutalmente como siempre.
Las reuniones, como idea, siempre son superficiales; pero los Stooges lo hicieron realmente bien, (re)tomando la ruta para ganarse el prestigio de nuevo, de aun show a la vez. Durante los últimos cuatro años, estallaron en shows aclamados en todo el mundo. Incluso hasta los observadores más suspicaces quedaron sacudidos por el poder de la banda. Pero toda esa energía debe haber encendido una lamparita que le hizo preguntarse a Iggy qué había estado haciendo con su tiempo últimamente. En su último álbum como solista, Skull Ring, los Stooges tocaron en sólo cuatro canciones, pero eso bastó para que su banda de entonces sonara desesperadamente chata. Entonces fue inevitable que los Stooges entraran en el estudio para The Weirdness. "You can’t tell me this is not a swell thing to do" [no podés decirme que esto no es algo amable de hacer], clama Iggy en el primer tema del disco, "Trollin’", y nadie va a negárselo.
The Weirdness da la sensación de un rapidito, armado en una semana con el ingeniero Steve Albini. Los Stooges no se inquietan por mantener viva su reputación, lo cual es un alivio, ya que sólo un idiota podría esperar que esto suene como The Stooges, Fun House o Raw Power. En cambio, lo mantienen liviano; ninguna de las doce canciones suena como si les hubiera llevado demasiado rato escribirla. A diferencia del regreso de los New York Dolls el año pasado, ésta es una reunión real, con los tres miembros vivos del cuarteto original: Ron Asheton en la guitarra, su hermano Scott en batería y, en el bajo, Mike Watt (de Minutemen) en lugar del fallecido Dave Alexander. Incluso reclutan a Steve Mackay, el viejo saxofonista que hacía los aullidos estilo voz de la muerte en Fun House. El único stooge que falta es Williamson, quien dejó la música hace años y se radicó en Silicon Valley.
Iggy grazna sobre sus temas favoritos: las chicas que le gustan ("Trollin’"), las chicas que le sacan plata ("She Took My Money"), los chicos que no son tan cool como Iggy ("My Idea of Fun") y las drogas ("Mexican Guy"). Ya escuchaste sus bromas antes, especialmente cuando trata temas increíblemente originales como los yuppies ("Greedy Awful People") y los franceses ("Free and Freaky"). "ATM" es una linda y sórdida fantasía nocturna y urbana, y en "The Weirdness" exhibe una increíble voz de Sinatra mezclada con Skid Row. Aun así, uno sabe cómo funcionan los álbumes de reuniones: uno escucha cómo tocan, no las canciones, que como mucho son mediocres. Si se los escucha tocar "Trollin’" entre "Loose" y "I Wanna Be Your Dog", uno podría apreciar la posibilidad de un intervalo para ir al baño.
Nadie va a gritar por ninguno de estos temas, y la producción de medio pelo tiene una especie de tono apologético. Como todos los álbumes de estas características, parece ser un volante para el show en vivo, y el punto es escuchar a los hermanos Asheton haciendo lo suyo. La batería de Scott sigue siendo lo más potente de la banda, y Ron pisa su wah wah como si estuviera acelerando su auto. Ese wah wah debe hacer sido una concesión bastante grasa, incluso (¿especialmente?) en 1969. Pero en The Weirdness, no hay nada demasiado pintoresco de ella.
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