De Adolfo Aristarain
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La historia de Pedro Bengoa, empleado de una empresa llamada Tulsaco, y su silenciosa batalla contra los intereses del capital puede disfrutarse ahora en una copia que vuelve a hacerle los honores a uno de los mejores largometrajes –quizás el más acabado y duradero– del director de Un lugar en el mundo y Martín (Hache): Adolfo Aristarain. A casi veinticinco años de su estreno,
Tiempo de revancha no ha perdido ni un ápice de pertinencia y sigue funcionando a la perfección en sus múltiples niveles: como film de género, policial sin policías ni ladrones con una trama de suspenso de creciente interés; como alegoría sobre los intereses económicos y su poder para acallar a los individuos; como velada metáfora de los años de plomo y dolor durante los cuales fue realizado el film. Pocas veces Federico Luppi entregó una composición tan efectiva y expresiva, a pesar de transitar gran parte del relato con la boca sellada. Para descubrir o volver a ¿disfrutar? uno de los finales más inolvidables de la historia del cine argentino.
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