Tiempo de thrillers

Con el estreno, hoy, de El patrón, radiografía de un crimen, y de Naturaleza sangre, la semana próxima, entre otros títulos, el cine local encara el género que cruza el suspenso y el policial
Julieta Bilik
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26 de febrero de 2015  

El cine de género suele ser considerado de nicho. Marginal para algunos, una pasión para otros, si incluye protagonistas populares, historias atrapantes y una realización de calidad puede convertirse en masivo. Ahora, como producto natural del aumento de producción de cine nacional de los últimos años y de su maduración como industria, las películas de género locales se cuelan cada vez más en la cartelera y, en muchas casos, cuentan con el apoyo del público.

Y éstos parecen ser tiempos de thrillers, a juzgar por la grilla de estrenos. Por empezar, hoy llega a las salas uno basado en un hecho real, El patrón, radiografía de un crimen, que cuenta la historia de Hermógenes Saldívar, quien tras vivir sometido a la explotación laboral y psíquica asesinó, preso de una emoción violenta, a su patrón.

La película de Sebastián Schindel -documentalista y director, entre otras, de Mundo Alas- está basada en la novela homónima de Elías Neuman, que, a su vez, fue el abogado defensor del verdadero Saldívar.

Con una trama atrapante, que entrecruza los tiempos del proceso judicial con las épocas en que el protagonista estaba a cargo de la carnicería que pertenecía a Don Latuada y era obligado por éste a adulterar la carne que se vendía, uno de los mayores logros de la película es el hiperrealismo, que se nutre, más allá del tratamiento estético, de la transformación de Joaquín Furriel, a cargo del personaje protagónico. Y a la par -en tono y calidad-, las actuaciones de Mónica Lairana, Luis Ziembrowski, Guillermo Pfening y Germán de Silva, como el empleado experimentado que le enseña el oficio al recién llegado.

Para Schindel, "la historia naturalmente plantea un policial, un drama, una historia de juicio y un thriller. Por eso, el producto cinematográfico es más bien una mezcla de géneros". Y en ese híbrido, lo que sostiene la película es un relato sólido que tiene el timing justo para ir y venir en el tiempo deteniéndose en detalles que ayudan a crear un verosímil y provocan empatía en el espectador. Aunque la tensión y el suspenso de un final anunciado, y por descubrirse al mismo tiempo, marcan la estructura clásica de un thriller.

La proliferación de las películas de género -y del thriller en particular- se explica, en parte, por la maduración de la cinematografía local. Al principio, los acercamientos al género fueron a través de experiencias más gore, trash o de humor, porque parecía que los cineastas locales temían no poder construir un verosímil. Pero con el tiempo eso fue cambiando.

Para Schindel, "a través del género se pueden contar historias atrapantes, y por eso el público las disfruta". Según se desprende del análisis de la taquilla nacional, "el argentino acompaña más las películas de género". Así lo demuestran Muerte en Buenos Aires (más de 400.000 espectadores) y Betibú (casi 300.000), dos policiales que sorprendieron en 2014 por la cantidad de entradas que vendieron.

Pero si de éxito comercial se trata, pocos pueden revelar la fórmula. Por ejemplo, Nicolás Batlle, guionista y productor de El patrón, reconoce que si tuviera la receta "la aplicaría incansablemente". Aunque a la hora de competir en el mercado local entiende que es necesario, más allá de la calidad de la película, "el apoyo de la televisión abierta para el lanzamiento".

Veganismo y terror

Otro caso muy particular de película de género con mensaje ideológico es el de Naturaleza muerta, que se estrena el jueves próximo. La película, de Gabriel Grieco, es, por su temática, muy original: se trata del primer thriller vegano de la historia. Con Luz Cipriota, Juan Palomino, Nicolás Pauls y elenco, la historia se sitúa en un pequeño pueblo rural donde gente vinculada a la industria ganadera empieza a desaparecer. Entonces, una periodista investiga, y aunque el principal sospechoso parece ser un grupo ecologista radical, en realidad se trata de "una venganza animal".

Y aunque la trama suene un poco extraña, con esa apuesta no le ha ido nada mal. La película se presentó en el Festival de Cannes, donde abrió el ciclo Midnight Galas, una muestra de películas latinoamericanas de género fantástico y de terror. Además, estuvo en otros festivales exclusivos de género, como Sitges y Fantastic Fest, y recibió el premio a la mejor película de la sección Blood Window del mercado local Ventana Sur.

Sobre la elección de la temática, Grieco cuenta: "Decidí que si me iba a involucrar en una película quería ponerle algo distinto al género, sumarle una visión personal o autoral, y así empezamos a trabajar en estas ideas: maltrato animal, especismo, las distintas formas de hacer activismo y cómo contribuir con un granito de arena para cambiar las cosas que creemos injustas de una manera pacífica".

Grieco, que se reconoce fanático de los thrillers y del cine de terror, explica: "Me parecía que podíamos hacer una película de entretenimiento sumándole algo de información. Si les interesa la propuesta ojalá puedan profundizar y gestar su propia opinión, y si no, me conformo con que sea un mero pasatiempo con los ingredientes clásicos de una película de género, aunque con el plus de haber sido hecha en nuestro país".

Made in Argentina

Otro caso audaz de cine de género es el de El desierto, de Christoph Behl, que se estrena el 9 de abril y usa el contexto de la ciencia ficción para contar la relación triangular (in)tensa entre tres jóvenes que deben vivir recluidos mientras afuera los zombies conquistan la ciudad. "El género juega de marco narrativo y permite desarrollar una historia bajo ciertas reglas: el encierro, en este caso", explica Behl.

Como el género preestablece un contrato de verosimilitud con el espectador, para Behl la precarga en su cabeza es inmensa. "Es como si el espectador ya hubiera visto muchas precuelas de la película. Por eso, si las reglas del juego están claras no hay que explicarlo de nuevo, y eso habilita un enorme espacio para desarrollar una historia de dramas humanos". Justamente, de eso trata El desierto, una metáfora del encierro como deseo reprimido.

Pero además la ciencia ficción tiene el secreto poder del vaticinio. Así lo explica Lautaro Delgado, uno de los protagonistas del film, para quien encarnar su personaje habilita experimentar un futuro posible. "Como actor me divierte la idea de ser una especie de mensajero del tiempo. Proyectar hacia adelante o hacia atrás lo que hacemos es repensar nuestro presente. Nos convertimos en opinadores críticos de nuestro tiempo", opina.

Como parte de esa generación que creció viendo desde Terminator hasta Blade Runner pasando por la saga de La guerra de las galaxias, Delgado confiesa: "Con mis primos terminábamos de ver esas pelis, agarrábamos la VHS e intentábamos reproducir lo que habíamos visto". ¿Quién dice que no puedan ser de aquí en adelante estas películas nacionales las que inspiren a los futuros cineastas locales?

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