
"Tocaba el saxo, pero el shakuhachi me conmovió"
Horacio Curti
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Escuchó hablar por primera vez del shakuhachi hace unos 10 años, durante una excursión por los Himalayas. Earl, un compañero canadiense, le comentó que tocaba ese instrumento y le mostró un trozo de bambú cortado desde la raíz, con cuatro orificios al frente y uno en la parte posterior. Le explicó que el bambú era sometido a un largo proceso de secado, que se usaba en Japón desde hacía 1200 años y que una de las ideas era lograr la máxima expresión con recursos mínimos. Por último, que tradicionalmente era un instrumento que los monjes budistas usaban para meditar. "Cuando lo escuché me conmovió. Yo era músico, tocaba el piano y el saxo, pero el shakuhachi me conmovió. Earl me habló de su maestro, sensei Kakizakai Kaoru, y me alentó a viajar a Japón para estudiarlo. Cuando nos separamos le cambié a Earl mi cámara fotográfica por su instrumento, así conseguí mi primer shakuhachi ", recuerda el musicólogo e intérprete Horacio Curti, que días atrás, de paso por Buenos Aires, su ciudad natal, dio un concierto auspiciado por el Buenos Aires Taiko Dojo, institución que enseña y difunde el arte del taiko, el gran tambor ritual japonés.
"Pero la posibilidad de ir a estudiar a Japón se me presentaba como algo lleno de dificultades. Y cada vez que le comentaba a un japonés que quería estudiar shakuhachi me miraba con asombro y me decía: "¡No, muy difícil! Se tarda unos nueve años en estudiarlo medianamente, tres de ellos para aprender a mover la cabeza para producir el sonido". Pero yo tenía una pasión y fui muy afortunado, siempre encontré alguien dispuesto a ayudarme. Entre otros, mi maestro Kakizakai Kaoru que, en cuanto Earl le habló de mí, hizo todo lo posible para allanarme el camino. Dos horas después de conocerlo, ya me estaba dando la primera clase de shakuhachi ", explica.
Curti es shakuhachi shihan , maestro de shakuhachi, y etnomusicólogo especializado en música japonesa. Vive en Barcelona, donde es profesor en la Escuela Superior de Música de Cataluña y colaborador del Consulado General del Japón en esa ciudad. "En general, cuando estoy en Japón trato de no decir que soy shihan , porque no es de buen tono, puede dar la sensación de que uno trata de llamar la atención", continúa.
-¿Cuál es el origen del shakuhachi ?
-Como casi todos los instrumentos japoneses fue introducido desde China, pero fue rápidamente adaptado a lo que podemos llamar estética sonora japonesa. El shakuhachi habría aparecido en el siglo VIII como integrante de conjuntos de gagaku, música elegante, la que se escuchaba en la corte. Pero luego cayó en desuso hasta que entre los siglos XVI y XVII fue rescatado por los komoso , o monjes de la estera de paja, llamados así por la estera que llevaban sobre los hombros. Una orden extraña, porque se decían monjes, pero no eran religiosos, aunque mendigaban como los religiosos. Posteriormente fue adoptado por los komuso , monjes de la nada y el vacío, monjes budistas zen que crearon el sui zen, la meditación soplada, práctica que consistía en alcanzar la iluminación a través del sonido. Para ellos el shakuhachi era un instrumento religioso, y sus sonidos no eran considerados música, sino meditaciones. Pero finalmente, los komuso fueron proscriptos...
-¿Qué ocurrió con el shakuhachi ?
-Las meditaciones sonoras del sui zen perdieron su carácter religioso y comenzaron a ser transmitidas sólo como piezas musicales. Paralelamente, el shakuhachi comenzó a ser utilizado en otros géneros.
-¿Cómo era el maestro Kakizakai Kaoru?
-Un hombre muy generoso que siempre trató de ayudarme y hacerme más fáciles los inconvenientes propios de un estudiante de otra cultura. Un ser maravilloso con el que mantengo una gran amistad. Hay que comprender que en Japón la relación del maestro con el discípulo es totalmente distinta de la nuestra. La dependencia es total, el único momento en que el alumno impone su criterio es cuando elige al maestro. Y si éste lo acepta, luego se limitará a decir sí ante todo lo que le proponga el preceptor.
-¿Pudo alcanzar la iluminación?
-En el sentido que le dan los textos que hablan del tema, creo que no. Cuando llegué a Japón yo venía muy desdibujado, desarticulado. Y el estudio del instrumento, que requiere mucha concentración, me fue restaurando, creándome una seguridad interior profunda.






