Crónica y galería de fotos del evento danés, que incluyó shows de Coldplay, Oasis, Nick Cave, Peter Doherty y Mono, entre otros.
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Durante el concierto final del Festival de Roskilde 2009, me sonó el móvil. Era mi papá desde otro continente. Dado que la música era demasiado alta como para hablar, colgué la llamada y le mandé un mensaje: "¡Hola pa, no puedo hablar, estoy en un concierto de Coldplay en Escandinavia!" Segunditos después me llegó su respuesta: "Lo siento mucho, ¡espero que se caliente!"
Incluso si mi padre, a más de 6.000 de distancia y 32 años mayor, hubiera sabido que Coldplay es una de las bandas de rock más grandes del mundo – y no, por ejemplo, un estado de frío – él nunca podría haber imaginado que Dinamarca haya estado tan caliente como lo estuvo durante este fin de semana. El sol abrasador escandinavo brilló fuerte de un cielo turquesa por los cuatro días del Festival de Roskilde 2009. Con temperaturas que alcanzaban hasta los 28°C, todo un record en estas latitudes, fue el festival más caliente en 33 años. Y no se debió solo a los músicos y al público del festival, quienes también estuvieron extraordinariamente calientes este año.
Aún cuando el sonido no haya sido tan perfecto este año como en ediciones anteriores; aún cuando se escucharon críticas del público por falta de nuevas bandas y repetición de algunos artistas; aún cuando el precio de la cerveza pereció algo o demasiado alto debido a la crisis financiera mundial –tres críticas frecuentes entre los asistentes-, aún así, al menos un mismo objetivo se impuso y prendió entre la gente: disfrutar de la música y la gente en medio de un clima extraordinario, en todo sentido. Eso fue lo caliente.
La gran estrella del hip hop y R&B, Kanye West, quien estuvo también en 2006, fue le plato fuerte que inauguró el festival en el Orange Stage, el escenario principal del festival, frente a una masa de más de 70.000 personas – un número impresionante dado al alto precio de la entrada (1.785 coronas danesas, unos $1,275 argentinos) en el medio de la tan hablada crisis.
Además de un escenario decorado con amplificadores blancos con forma de pirámide y cristal, y de un extravagante show de luces, Kanye, con sus gafas de aviador, traje negro, y uso de autotunes y samples de voz, desempeñó un inmejorable espectáculo como nadie más podría haberlo hecho.
Mucho, mucho más tarde en esa misma noche y en ese mismo escenario, el legendario DJ danés Trentemøller desempeñó un triunfal concierto en el que bailarines enmascarados desfilaron sobre el escenario de la mano de su techno, chillout y fuerte house lleno de energía. Casi 50 mil personas bailaron por el campo del Orange - y eso a las 4 de la mañana. Un comienzo bastante alentador para cuatro días de rock por delante.
Esta edición del festival contó también con un par de grupos porteños. La última vez que tocaron argentinos en Roskilde fue el DJ Hernán Cattaneo en 2003. Este año también armaron una de las fiestas de baile más grandes de este festival- si no en números, al menos en pura energía. Los responsables: El Hijo de la Cumbia y Anasol MC. "Más fuerte", repetía Anasol MC, mientras Emiliano Gómez (El Hijo de la Cumbia) la seguía con un "¡Argentina representaaa!". Desde las villas de Buenos Aires hasta Roskilde, su cumbia inspirada mezcla de drum n ´bass y reggaeton hizo mover a cualquiera sin parar por más de dos horas. Hasta los encargados de seguridad - normalmente estólidos, serios y impasibles - comenzaron a mover la colita al escuchar los beats. Otro grupo de porteños, Zizek Club, si bien fueron algo lentos para empezar, pronto tomaron el escenario con una música entre melódica con mezcla de reggaeton, cumbia, mash-up y retro-electrónica con heavy beats. Otra vez, no dejaron a nadie sin bailar.
Durante los próximos tres días, el escenario principal fue asumido por algunos de los mayores grupos del mundo: Nick Cave (esta vez con su clásico ´The Bad Seeds´, mientras el año pasado se había presentado con Grinderman), Nine Inch Nails, Pet Shop Boys, Oasis y Coldplay. Los hermanos Gallagher desfilaron éxitos como "Supersonic", una versión acústica de "Don´t Look In Anger" y "Live Forever", que Liam dedicó a los nueve fans que murieron durante el show de Pearl Jam en 2000. Oasis canceló su concierto en aquel entonces después de ese incidente, y esta actuación fue su primera en Roskilde en 14 años.
El de Faith No More fue otro gran retorno. El grupo volvió este verano con su gira "Faith No More 2.0" - la primera vez en once años. Tocaron cada nota con dureza y, teniendo en cuenta su largo hiato, la banda sonó mucho más centrada y enfocada de lo que se podría haber previsto. Justo antes de la última canción, su líder Mike Patton resumió la energía y la magia de Roskilde cuando dijo, "Dragones de respiración de fuego; alfombras voladoras: ¡Roskilde!".
A pesar de los ocasionales problemas de sonido en uno de los 5 escenarios menores, el Arena, grandes nombres se desempeñaron con el mismo poderío, sobre todo el ícono Grace Jones, cuyo vestuario provocador para sus 61 años no logró eclipsar su poderosa voz. Por una manera misteriosa, la jamaiquina Grace logró mostrar gracia y seducción mientras bailaba rimbombantemente alrededor de una barra embutida en un traje de baño estrecho sobre un traje de malla negro. Y cantó fuerte y principalmente canciones de su nuevo álbum Hurricane, para sorpresa de muchos.
Peter Doherty, el poeta de rock anteriormente llamado Pete Doherty - aparentemente se ha pegado la "R" en la búsqueda de Respetabilidad después de años de mala prensa por abuso de drogas y novias - sorprendió a muchos críticos y fans con expectativas de que todo saliera mal. Al inicio, depués de varios intentos fracasados por interpreta "Billie Jean", Peter se vió frustrado. "¿Esto no está funcionando, verdad? Pues, Dios bendiga a Michael Jackson de todos modos", dijo cuando se dió cuenta de que se le había olvidado la música. Pero Peter se calmó, se posicionó sólo atrás del micrófono en el Arena con su guitarra acústica - a veces fumando un cigarillo - y hizo una cosa: cantó honestamente y bien. Sin ayuda de nadie, su desempeño fue excelente, con sobrias versiones de canciones de su album solista así como varios números de los Libertines ("Can´t Stand Me Now") y clásicos de Babyshambles ("Albion" y "Fuck Forever"). Peter volvió, irónicamente, a su pasado, con un cover de "The Needle and The Damage Done", de Neil Young: después sonrió al micrófono y dijo, "Los junkies son puta escoria ".
En aquel mismo escenario tocó otra colega londinense, la diva Myspace Lily Allen. Llevando zapatillas Converse negras y maquillaje plateado brillante debajo de sus ojos, Lily pusó su sexy voz en canciones como "Chinese" y "Fuck You" de su reciente álbum It´s Not Me, It´s You, además del clásico "The Fear". A pesar de algunas cancelaciones - Lil Wayne por razones de enfermedad y Wavves debido a problemas relacionados con las drogas de prescripción - el festival fue lugar ideal para descubrir grupos todavía no muy conocidos. Entre ellos The Whitest Boy Alive, el nuevo proyecto del noruego Erlend Øye (The Kings of Convience) que ya va por su segunda placa llamada ‘Rules’ (2009). Un combo de cuatro chicos que tocan folk electrónica con voces melancólicas, ritmos funk y un sonido con aroma fuerte de Fender Rhodes. Su concierto en el Arena se resume de una sola manera: una fiesta playera escandinava total. En el otro lado del campo, los rockeros japonéses de Mono ensordecieron y extasiaron al público con su profunda poesía músical: canciones bien melódicas sujetadas con guitarras distorcionadas en volumen 11 que en un enigmático in-crescendo explotaban en un sonido mezcla de Sigur Ros con Iron Maiden.
Otros grupos que tuvieron éxito como sorpresas fueron la banda reggae danesa Balstryko, unos verdaderos maestros de sus instrumentos; los Opgang F, que tocaron rock experimental con guitarras pesadas; y el artista de hip hop sueco Adam Tensta y el grupo vanguardista Alamaailman Vasarat, cuya música inspirada en el klezmer destacó una nueva tendencia en la música en esta parte del mundo: beats de folk post-balcánico.
Hubo algunas pausas debido al calor, por supuesto. Cuando la música no conformaba, la alta energía del festival se mantuvo gracias a una ‘vuelta al mundo’ de 30 metros de alto. Por ser un evento ecológicamente cuidadoso, la entrada se sacaba sólo después de haber pedaleado en una bicicleta especial por cinco minutos necesarios para producir suficiente energía para el funcionamiento de ese artefacto: sí, para hacerla girar. En un lugar cercano, se hacía una cola larga para el Human Carwash, una ducha íntima donde las chicas en bikini lavaban con esponja y agua fría a los chicos del camping. Durante el día, mucha gente huía del sol en el Lounge, un enorme granero lleno de arena de playa. Fue el mejor lugar en el festival para buscar refugio y atender resacas. Una fosa común de cuerpos dormidos y disecados, renovándose en la oscuridad, con una brisa fresca y música bien tranquila y light. En un concierto folk en el Lounge, el cantante yanqui Peter Broderick comentó sobre la clima, "Ya sé que lo saben, pero está muy, muy caliente afuera. Ya empecé a considerar la posibilidad de tocar en calzoncillos. Mis pantalones están pegados a mis piernas y más allá".
Pero nadie hizo subir el calor en Roskilde como aquellos sonidos latinos que se sumaron a los embajadores porteños. El continente estuvo bien representado por varios grupos sudamericanos, incluido la compañía salsa colombiana de 12-personas LA-33 y Bomba Estéreo, también de Bogotá, que mezcló percusiones de cumbia con chambeta y samples de dub y hip hop. Novalima, un grupo peruano, pusó sus sonidos afro-peruanos en mix con reggae, house, y electrónica.
El gran festival terminó con un desempeño de clase mundial a cargo de Coldplay, que tocó sus grandes éxitos - entre ellos una maravillosa versión extendida de "Viva La Vida", antes de terminar con una super versión acústica de "Billie Jean" –sí, otra vez- después de que Chris Martin y sus laderos hayan caminado con sus instrumentos hacia un mini escenario en medio de la gente frente al Orange. En pleno verano, brillaba la luna llena, una de las más espectaculares bandas del planeta tocaba una canción del Rey del Pop y alrededor bailaban miles de rubios -y sobre todo rubias- fatigados, embriagados y bronceados después de cuatro días de cerveza y sol. Dicen en Dinamarca que Carlsberg sea probablemente la mejor cerveza del mundo. Quizás. Pero no queda duda que Roskilde es el mejor festival del mundo.
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