
Orlando Bloom, Kirsten Dunst, Susan Sarandon
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¿Existe la vida fuera de las corporaciones? ¿Existe?
Lo echan del trabajo por hacerle perder a su empresa 972 millones de dólares, su novia lo deja, muere su padre. Calamidades suficientes para suponer que el –hasta ese momento– exitoso yuppie Drew (Orlando Bloom) no está pasando por su mejor momento. Entonces Drew vuelve a su pueblo natal, Elizabethtown, Kentucky, para ir al funeral de su padre. En el vuelo, conoce a la azafata Claire (Kirsten Dunst). Más o menos de eso, y sus consecuencias, trata Todo sucede en Elizabethtown. La vieja y muchas veces efectiva idea de convertir un mal momento en un encuentro azaroso que les cambia la vida a dos personas. Bueno, en este caso no lo es.Todo se complica con los diálogos imposibles que les tocan a los actores. O con la música que no para de meterse en las escenas de manera previsible y sólo sirve para forzar al espectador a tener las emociones que la imagen no genera. El combo resulta casi en una bobería exitista de un aviso de gaseosas. Y esa mentalidad publicitaria incluye media hora final con Drew de viaje en coche por los Estados Unidos al estilo Mire qué lindo es mi país. Como todo lo que dirigió Cameron Crowe hasta ahora ( Jerry Maguire , Casi famosos ) esta comedia romántica es empalagosa, pero todavía más que las anteriores: la confusión entre sentimientos y sentimentalismo es total. Los personajes desvarían y se confiesan cosas que a uno nunca le hubiera interesado saber. Y lo que en películas previas de Crowe funcionaba bien (la sensación de que a los personajes efectivamente les estaban pasando las cosas que veíamos) acá desaparece en situaciones excéntricas filmadas con desgano. Kirsten Dunst siempre será Kirsten Dunst y eso suma. Sonríe y el paisaje se vuelve más interesante. Pero no puede hacer mucho si la gestualidad que le piden se limita a tres o cuatro monerías que le salen de taquito. Y Orlando Bloom siempre será Orlando Bloom. Con la cara de lindo aburridón que lo acompaña a todos lados.La idea de Cameron Crowe es que hay un país maravilloso ahí afuera del mundo de las corporaciones. Puede ser, pero en todo caso no es el que muestra su película. Se supone que la familia sureña de Drew debería ser pintoresca, que su madre (Susan Sarandon) debería ser graciosa como viuda que se pone a aprender tap y mecánica para sobrellevar el duelo, que la apatía de Drew debería producir algo más que tedio; y que todo eso más un final en una exposición rural debería ser romántico y no una de las escenas más feas en bastante tiempo.





