
De Haruki Murakami
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Beat nipón
Situada en el Japón cosmopolita de los años 60, este hit de Murakami reaparece a casi dos décadas de su primera edición.
Tokio Blues - Norwegian Wood es como ese gran hit que las bandas sensibles a la crítica se resisten a tocar a pesar de los pedidos del público. Publicada en 1987, vendió cuatro millones de ejemplares en Japón, y su autor recientemente autorizó su traducción al inglés y a otras lenguas.
Impulsado por una versión sintetizada del tema de los Beatles que escucha en un avión, Toru Watanabe recuerda sus años de estudiante en el Tokio de fines de los 60. La novela repasa, con una prosa que homenajea a J. D. Salinger y compañía, la educación sentimental de Watanabe. En Tokio Blues hay abundantes referencias al clima cultural de la época, pero el lugar común de la dorada juventud sesentista es salvado por unos personajes que, sin dejar de consumir a Godard, Coltrane y Fitzgerald, son retratados con una belleza cruda. La trama se centra en la relación de Watanabe con dos chicas. Por un lado, Naoko, la ex novia de su amigo suicidado, encerrada en una institución psiquiátrica en la que se confunden médicos y pacientes. Por el otro, Midori, una muñeca brava de la que se hace amigo y amante.
Los escenarios de la novela son las calles de Tokio, los love hotels, la universidad, la residencia de estudiantes, departamentos y estaciones de tren y de subte. En ellos, el personaje moldea su carácter y se ve atravesado por distintas manifestaciones del sexo, la muerte, el trabajo y el amor. Al revés que en otras novelas más introspectivas, como Crónica del pájaro que da vuelta al mundo, Murakami narra un Japón que asume alegremente la cultura popular norteamericana.
El libro se inserta en la prolija colección de literatura internacional de Tusquets, siempre amable con el lector. Llama la atención que la traductora haya decidido mostrar a los personajes escuchando un CD y hablando de las fundas de los teléfonos celulares... ¡en 1968! Pero más allá del detalle, Tokio Blues es una novela que tiene pathos desde la primera página, y por eso mismo da ganas de seguir leyendo.






