
Yo no recomiendo lo que canto.
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El cantante de Jóvenes Pordioseros intenta alejarse de la metáfora tóxica, pero no logra sentar cabeza.
Para Cristian “Toti” Iglesias, la más reciente estrella de la constelación barrial argentina, el rock es algo personal. Forjadas en las veredas de Lugano i y ii, sus canciones destilan cierta brutal honestidad: el eje de su arte son los vicios y las mujeres, dos de las cosas que más tiempo han ocupado en su vida.
Los Jóvenes Pordioseros se dieron a conocer al gran público con un tema de su debut, Probame (2001), en el que su esmirriado cantante entonaba: “Cuando me muera/ no quiero flores/ quiero que fumen en mi honor/ quiero que aspiren y tomen cerveza/ y que se canten esta canción”. Hoy, con doce años de lucha a cuestas, rankean en todas las fms con “Descontrolado” (incluida en Vicio, de 2004) y se aprestan a llevar a Obras su ortodoxia stone –la misma que los enfrenta con La 25 en el superclásico rolinga– por primera vez el 19 de este mes.
¿Cómo es ser conocido en Lugano?
Me saluda el verdulero, el kiosquero. Antes me saludaban, pero ahora me preguntan más cosas. Me da vergüenza en el barrio, es raro. Lo que sí, conocí muchos pibes –porque acá hay 100 mil personas– que vienen a ver a la banda, y que los fines de semana vienen acá, a casa.
¿Qué te parece que los diferencia de las otras bandas de rock stone?
No sé si somos muy distintos. Por ahí lo que nos diferencia es que somos más hard, algunas cosas son más guasas, más pesadas. Pero después encontrás temas parecidos a los de otras bandas. Siempre dentro del estilo del rocanrol, claro, no somos Beethoven nosotros.
¿Sos siempre autobiográfico cuando escribís?
El 98 por ciento de las cosas son verdad. Hay un tema que se llama “Voy borracho” que dice “tengo un carro nuevo Chevrolet”. Ese debe ser el más falso, porque yo no sé manejar, pero lo hice a los 16 años. Después empecé a escribir más de lo que a mí me pasaba. Trato de usar el doble sentido, uso mucho todo lo que es “minitas” y “vicios”. Me siento cómodo dentro de eso.
Leí que querías alejarte de esas temáticas. ¿Qué pasa? ¿Sentaste cabeza?
No, te juro que no. Pasa que no tengo que abusar de eso, no quiero que los pibes piensen que es a propósito. Yo siempre digo que yo no recomiendo lo que canto, pero no les estoy mintiendo. ¿Sabés lo que pasa? Por ahí una canción viene hablando de un montón de cosas, pero yo digo una palabra medio fuerte –como “duro” o “aspirar”– y le ganó a todo lo otro. Y por ahí lo dije nada más que en una oración. Yo canto de amor también, no de vicio nada más. Capaz que la frase la escribí una noche que estaba re puesto, pero al otro día la quiero cantar porque me siento meloso.
Ahora pasan tus temas en las radios hiteras y los mezclan en el ranking con los de artistas que seguramente odiás. ¿Te molesta eso?
No, para nada. Cuando yo laburaba de pintor, poníamos la radio y no le dábamos bola a algunas cosas, pero cuando pasaban el tema que nos gustaba lo subíamos. A mí no me importa si sonamos al lado de Luis Miguel, mientras lo pasen. Fijate esta situación: un pibe que labura todo el día está cansado, le gustan los Jóvenes y le pasan un tema. Capaz que se pone contento el chabón.
¿De verdad te imaginás tu velorio como lo cantás en “Cuando me muera”?
Yo me lo imagino, pero no sé si los pibes se pondrían las pilas y dirían “compremos cerveza”. Nosotros fuimos al velatorio de un amigo al que le gustaba mucho esa canción y los Pordioseros, y nosotros respetamos a los que estaban adentro llorando, pero nos fuimos a la esquina, compramos unas cervezas y nos quedamos en la esquina. Y brindamos con el amigo.




