
Treinta y dos veces Beethoven
Martha Noguera realizará un ciclo con todas las sonatas para piano del compositor
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Interpretar en un solo ciclo de conciertos las 32 sonatas para piano que escribió Ludwig van Beethoven es algo así como "el sueño del pibe" para cualquier pianista de formación clásica.
Escritas a lo largo de toda su vida, las sonatas para piano son una fiel guía para seguir su transformación estética, desde la herencia que recibió del clasicismo vienés de Mozart y de Haydn hasta la influencia que ejerció sobre muchos compositores del posterior romanticismo.
Las aproximadamente 16 horas de música que representan son, desde hace mucho tiempo, un imán para los pianistas de todo el mundo y también para la argentina Martha Noguera.
La intérprete, radicada desde hace más de una década en Italia, será la encargada de hacer realidad, una vez más, el ciclo de sonatas para piano del compositor alemán en Buenos Aires, durante los próximos siete martes, a las 20, en el Teatro General San Martín.
En diálogo con La Nación , en la casa que aún mantiene armada en el barrio de Belgrano, Noguera recuerda que la atracción por la música de Beethoven viene desde su infancia. "Cuando era muy chica -cuenta-, aparte de la belleza que le encontraba a esta música, era como un desafío para un joven pianista."
Creció escuchando y admirando las interpretaciones de Arthur Schnabel, pero no fue hasta que se radicó en Roma cuando la posibilidad de encarar su propia versión del ciclo se hizo realidad.
"Cuando llegué allá tenía que hacer algo que llamara la atención, según me dijo mi agente. Es como el que tiene quince años y ganó un concurso muy importante. Pero yo no tenía 15 y pensé: podría hacer esto", explica.
Fue en 1984, en la ciudad de Trieste, donde Noguera emprendió la titánica tarea. Recuerda que cuando comenzó a preparar el ciclo llevaba años de escuchar y tocar muchas de las sonatas, a lo que le agregó la lectura de las diversas biografías sobre el compositor alemán, nacido en 1770 y muerto en 1827.
En aquella ocasión, Noguera distribuyó las obras en ocho funciones sin seguir un orden cronológico. "Me pidieron contemplar en cada programa los tres períodos en que se divide el ciclo, con la idea de que el que fuera a una sola función pudiera tener una imagen en mínima escala de la producción global", comenta.
Para el ciclo del San Martín, en cambio, respetará el orden cronológico, al igual que lo hizo el año pasado en el teatro Ghione, de Roma.
Hay sólo una excepción, en el último concierto. Con las últimas tres sonatas, decidió intercalar la número 19, en sol menor, y la 20, en sol mayor, dos obras que por su sencillez técnica son un "clásico" en los planes de estudios de los conservatorios de formación de los nuevos pianistas. Según confiesa Noguera, el motivo de esta alteración es puramente temporal: "Decidí dejarlas al final, porque si no, donde tendrían que ir, quedaba un programa muy largo". A modo de justificación, la pianista afirma que le gusta "trabajar con los contrastes". La última función será entonces un buen -aunque curioso- ejemplo de ello.
Noguera dice que, en tren de elegir, prefiere realizar el ciclo en orden cronológico "considerando al que vaya al ciclo completo o para el intérprete, ya que se puede seguir la sucesión".
En su última experiencia, en Roma, se sorprendió porque el público "apreció mucho la primera parte, porque decían que esas obras por lo general hoy no se tocan".
Quince años después de su primera incursión por la integral de Beethoven, Noguera cree que el planteo sigue siendo el mismo, "pero el resultado era un poco distinto. Años atrás tendía más a la brillantez y ahora voy más al discurso musical, sin haberlo desatendido entonces".
Después de su temporada porteña Martha Noguera regresará a Europa para no perder el tren del activo circuito europeo. El año próximo la espera el ciclo integral, pero de la obra para piano de Chopin con el renovado apoyo del teatro Ghione, además de los conciertos con el quinteto que integra junto a instrumentistas de la Filarmónica de Viena y, en el 2000, su debut con la Orquesta Santa Cecilia, de Roma, para interpretar el concierto de Giancarlo Menotti.
Una forma, toda la música
En música, el término sonata hace referencia a varias cosas. Por un lado, a la composición de una obra instrumental, generalmente en varios movimientos. Por el otro, a la forma musical del primero de esos movimientos, normalmente de tiempo rápido.
Presente tanto en las sinfonías como en las obras de cámara y para instrumento solo, en su acepción de forma musical hace referencia -básicamente- a una estructura de tres grandes partes: exposición (en la que por lo general se presentan dos temas contrastantes), desarrollo y reexposición.
La sonata nace en las primeras décadas del siglo XVIII y se prolonga hasta entrado el siglo XX, y en su historia, Beethoven ocupa un lugar central. Sus 32 sonatas ampliaron el modelo clásico de Mozart y de Haydn en todos sus aspectos, que incluyeron desde los criterios de elaboración de los motivos principales, que ocuparon temporalmente cada vez más espacio en la forma total, la variedad de las texturas de acompañamiento y hasta el aprovechamiento musical de los avances técnicos que tuvo el pianoforte en las primeras décadas del siglo pasado.





