Trump mató a Frank Underwood

Gail Scriven
Gail Scriven LA NACION
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28 de septiembre de 2017  

Difícil no apiadarse de los guionistas de las series de TV en estos días tan agitados en la Casa Blanca. Porque en la era Trump, es el desopilante -y alarmante- show del presidente lo que está pulverizando todos los ratings. No hay cómo competir con los escándalos que se suceden a diario en Washington, entre intrigas palaciegas, ruidosos conflictos de interés y apocalípticas amenazas de una guerra nuclear con Corea del Norte. Así, series de gran impacto como House of Cards, Veep, Homeland, Designated Survivor o Scandal por momentos terminan convertidas en versiones diluidas de la realidad. O peor: meras copias.

Robin Wright, la glacial Claire Underwood de House of Cards, se quejó: “Trump nos robó todas las ideas para la sexta temporada”. Shonda Rhimes, creadora de Scandal, admitió que tuvieron que reescribir parte de la última temporada, en la que espías rusos interferían en la campaña para desestabilizar el gobierno norteamericano. Y David Mandel, el guionista de Veep, reconoció que se eliminan escenas todos los días en función de las ocurrencias de Trump. “Hacen cosas que ni nosotros podríamos imaginar”, se lamentó.

La TV suele ser uno de los más claros reflejos de las ansiedades y preocupaciones de una sociedad. Así como la prensa en general y los programas de cable vienen disfrutando de gigantescos picos de audiencia por la avidez de noticias sobre Trump, los late night shows están batiendo récords históricos, con The Late Show y The Tonight Show a la cabeza. Tiempos agitados, en los que los norteamericanos optan por hacer catarsis con la sátira y con oscuras distopías (The Handmaid’s Tale). O refugiarse en historias de superhéroes (hay nada menos que ocho listas para estrenarse entre este año y el próximo) y en el humor (The Big Bang Theory sigue imbatible). Por el contrario, los thrillers políticos pierden atractivo ante una realidad cada vez más inverosímil. Dicho de otra forma: Trump mató a Frank Underwood. “Desgraciadamente, la realidad ya se está extrapolando a sí misma a su grado más loco”, resumió Rhimes.

Así, Trump ha logrado que la realidad se vuelva entretenimiento, y los norteamericanos están consumiendo noticias como si fueran ficción. Sucedió, por ejemplo, con las conferencias de prensa del pintoresco y polémico ex vocero de la Casa Blanca Sean Spicer, que eran seguidas en vivo por C-span como finales de temporada.

Pero incluso en la ficción hay ciertas reglas no escritas, ciertos límites que los guionistas intentan no cruzar: la narrativa tiene que tener un sentido. Pero hoy en día, en la Casa Blanca de Trump, las reglas parecen no existir.

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