Un maestro de los sentimientos
Conmoción en Francia por la muerte del realizador de "Un corazón en invierno".
1 minuto de lectura'
PARIS (DPA).- Claude Sautet, uno de los directores franceses más importantes de posguerra, falleció el sábado, aunque la noticia sólo fue divulgada ayer por Alain Sarde, productor de varias de sus casi 30 películas. Sautet tenía 76 años y su deceso se produjo como consecuencia de un cáncer de riñón.
* * *
Claude Sautet fue definido, con notable acierto, como un cineasta que pintaba las emociones de cada época y ofrecía en cada una de sus obras sensibles retratos de la vida urbana o campesina vistos desde una óptica realista y siempre melancólica.
Nacido en el suburbio parisiense de Montrouge el 23 de febrero de 1924, Sautet se inscribió, luego de realizar sus estudios primarios, en la Escuela de Artes Decorativas con la aspiración de ser un consumado escultor y pintor.
Aunque no obtuvo muchas satisfacciones en este campo, demostró en cambio una gran facilidad para la música clásica y colaboró como crítico en varias publicaciones. En aquellas épocas de juventud se interesó, como espectador, por los films norteamericanos de clase B y, paralelamente, se enroló en un centro de reeducación para niños delincuentes. De estas experiencias nació en Sautet la necesidad de delinear personajes que tuviesen que ver con lo cotidiano y con lo doloroso y poético, y desde 1946 hasta 1948 cursó estudios en el Instituto de Altos Estudios Cinematográficos parisiense.
Ya con un bagaje teórico muy sólido y con algunos guiones escritos, Sautet fue ayudante de dirección de Yves Robert y de otros consagrados realizadores de la época. En 1951 dirigió el cortometraje "Nous n´irons plus au bois", que le permitió probarse en una profesión que ya no abandonaría jamás.
Los comienzos no fueron demasiado fáciles para Sautet. En 1960 filmó "Classe tours risques", con Jean-Paul Belmondo y Lino Ventura, "un policial muy negro -señaló en alguna oportunidad- que fue castigado por los críticos y poco visto por el público".
Cuatro años después, y también con Lino Ventura como protagonista, dirigió "L’arme a gauche", pero por aquella época se reestrenó "Classe tous risques" y, por esos milagros del cine, tuvo una repercusión mucho mayor que en el momento de su primer lanzamiento.
La buena suerte ya comenzaba a perfilarse en la carrera del realizador. Su tercer film, "Las cosas de la vida", con Romy Schneider y Michel Piccoli, obtuvo el premio Louis Delluc en 1970 y le abrió las puertas del suceso internacional. Este film fue tan alabado como denostado por críticos y cinéfilos. Sin embargo, el público fue atrapado por las mallas de una envolvente dialéctica emocional que apunta a gustar y a conmover.
"Vicente, Francisco, Pablo y los otros", con Yves Montand; "César y Rosalie", con el mismo actor como protagonista, y "El inspector Max", también con Rommy Schneider y Michel Piccoli, integraron parte de una filmografía que se centró, casi en su totalidad, en una determinada clase social y en una generación específica que abarca las décadas del 40 y del 50.
En 1989, el cineasta visitó Buenos Aires para presentar su film "Algunos días conmigo" en un ciclo de cine francés que se realizó en el Gran Splendid. En la oportunidad dijo no interesarse demasiado por la nouvelle-vague y apuntó: "París es casi el constante escenario de mi cine porque es la ciudad que mejor conozco, y en sus calles, en sus cafés y en sus reuniones encuentro esas criaturas castigadas por la soledad y el aislamiento".
Sautet continuó su trayectoria siempre basada en su premisa de llevar a las pantallas las criaturas que más lo motivaban y que más amaba. Así nacieron bellas obras como "Una historia simple", que le valió en 1980 el Oscar a la mejor película extranjera, "Un corazón en invierno", con Daniel Auteuil y Emmanuelle Béart, y "El placer de estar contigo", con Michel Serrault y Béart, que fue su último film estrenado en la Argentina.
En más de una ocasión, Sautet dijo que le interesaba lo banal, aunque lo más sobresaliente de su filmografía es la evidenciación de sentimientos confusos y el hincapié en hechos pequeños en los que se manifiesta la realidad de la existencia mucho mejor que en las catástrofes.
La importancia de Sautet fue tal que hasta el presidente francés Jacques Chirac y el primer ministro Lionel Jospin encabezaron ayer el homenaje al director. "Sautet -dijo Chirac- encarnaba la generosidad, la sutileza y el sentido de la amistad." El mandatario añadió que, "a través de una filmografía brillante y familiar para todos, nos ofreció el espejo de nuestra época, con un fondo de humor y ternura; supo inventar un mundo".






