
Un pequeño y efectivo proceso
Otra changa / Dramaturgia y dirección: Diana Valiela / Intérpretes: Charly Wesenack, Marcelo Arredondo / Luces: Diana Valiela / Asistente de dirección: Ana Bravo / Sala: El Camarín de las Musas, Mario Bravo 960 / Funciones: domingos, a las 20 / Duración: 50 minutos.
Nuestra opinión: Buena
Dos hombres buscan un mismo destino. Intentan salir de sus pequeños espacios laborales para insertarse con más fuerza en la sociedad. Necesitan ser individuos sobresalientes, desarrollar un trabajo que los integre de otra manera en la ciudad que habitan: Buenos Aires. Mario llegó de Chaco y trabaja en una empresa de seguridad. Vino a la capital, como muchos provincianos, con la intención de forjarse un porvenir, pero no le ha ido muy bien. Hace changas con el fin de obtener más dinero para sostenerse con mayor dignidad.
El otro hombre, más joven (sin nombre en esta ficción), es canillita. Su rutina es vocear los diarios. También tiene un sueño: ingresar a un equipo de fútbol.
Ambos poseen caracteres muy distintos. El chaqueño es callado, solitario; en cambio el otro es sumamente verborrágico y hasta invasivo. No se da cuenta de que su estilo puede molestar, alterar a los demás. Hasta, incluso, provocar el deterioro de la incipiente relación que mantiene con Mario.
El espectáculo está apoyado, básicamente, en esas dos criaturas. La historia que los da a conocer es pequeña. No importa tanto, parecería, introducirlos en una trama con mayor desarrollo. Por ejemplo, el hombre que trabaja en seguridad aporta en su relato algunos datos muy importantes que posibilitan conocer un poco más su personalidad. No sucede lo mismo con el vendedor de diarios. Su vida parecería no tener antecedentes destacados que permitan conocerlo mejor. Con lo cual ese personaje queda un tanto desdibujado en la escena.
Lo más atractivo de la experiencia es la fuerte relación que mantienen directora e intérpretes a la hora de recrear ese mundo, por momentos muy sombrío y desolado. Diana Valiela provoca muy bien a ambos intérpretes y extrae de ellos cualidades muy intensas. Tanto Charly Wesenack como Marcelo Arredondo demuestran un fuerte compromiso a la hora de componer a esos hombres y construyen una relación muy potente que, continuamente se va retroalimentando y los va haciendo crecer hasta momentos de verdadera tensión. En esos instantes el juego deja de ser tal para transformarse en un alegato muy movilizador.
En un espacio sumamente despojado, la luz aporta unas pocas señales que posibilitan observar mínimos detalles de ambas composiciones actorales. En definitiva, esos seres débiles nunca tendrán la luz que necesitan para trascender como ellos ansían.
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