Un signo en la superficie
Nuestra opinión: Regular
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"El signo", miniserie de suspenso escrita y realizada por Leonardo Bechini y Oscar Tabernise. Protagonistas: Rodolfo Bebán, Pablo Echarri, Carolina Papaleo, Héctor Calori, Arturo Maly, Salo Pasik y elenco. Producción y dirección general: Leonardo Bechini. Por Telefé, los martes de 22 a 23.
Tras los merecidos lauros conquistados por "Poliladron", la dupla Leonardo Bechini-Oscar Tabernise decidió apostar muy fuerte y llevar adelante con "El signo" uno de los proyectos más ambiciosos de la actual temporada televisiva.
Es tan fuerte esta jugada que cada capítulo se cierra con la firma de Bechini, gesto que algunos interpretarían como un exceso de vanidad, pero que también podría considerarse como un sello explícito de responsabilidad personal frente a todo lo que se vio durante 60 minutos.
Pero disponer de medios muy valiosos (un impecable equipo técnico, buenos efectos especiales, actores de probado prestigio) no alcanza por sí mismo. La intensidad de la apuesta se observa a cada momento, pero los resultados son más superficiales que profundos. "El signo", lejanamente inspirada en series como "Early edition" o "Millenium", es una historia desequilibrada, que deja más de un agujero en su recorrido.
Aquí conviven un periodista que denuncia hechos irregulares, un misterioso empresario que manda asesinar a los familiares de aquél y que corrompe a diestra y siniestra, dos jóvenes con poderes extrasensoriales que ayudan al insobornable hombre de prensa, rituales oscurantistas (esto explica lo del signo), muchos personajes de doble vida y uno muy especial, el que encarna Franklin Caicedo, que anuncia con diferentes ropajes a cada uno de los "buenos" la misión que debe cumplir.
Entre lo real y lo esotérico
Cuesta encontrar continuidad y coherencia en este desfile de situaciones que por momentos se tiñen de realismo y de fuerte afán testimonial y por momentos rozan lo fantástico y lo esotérico.
En el medio de este errático camino se pierden los matices que deberían exhibir personajes afectados por situaciones límites y vicisitudes profundas.
Sólo en el oficio de Rodolfo Bebán (un periodista que luego de tantas tragedias ya casi no tiene nada para perder) asoma algún rastro de conflicto o drama personal.
En los demás no hay ambigüedades o dudas. Son prisioneros de una construcción lineal, llevada al extremo en los retratos del malvado empresario Jensen (Héctor Calori) y de la bienintencionada doctora Larrea (Carolina Papaleo).
En la rigidez del primero desaparece cualquier aspecto potencialmente siniestro; la inexpresividad de la segunda es tan contundente que cabe preguntarse cómo puede andar tan tranquila en el hospital después de haber sido testigo de la explosión de un edificio de 20 pisos por un atentado y luego encontrarse allí, cara a cara, con el responsable de la tragedia.
Sin riqueza en la descripción de los personajes, sin toques compensadores de humor o de ironía (con excepción del policía que encarna Salo Pasik, lo mejor del elenco), "El signo" depende sólo de la eficacia de los momentos de mayor espectacularidad, como las explosiones y los incendios que Bechini sabe filmar como pocos en la pantalla chica.
No es poco, porque allí hay suspenso genuino y carga dramática. Pero no alcanza. Si lo demás no brinda un apoyo consistente, lo que queda es sólo una sucesión de fuegos artificiales con varias repeticiones en cámara lenta.
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