Un taxi que da miedo
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SAN FRANCISCO (The New York Times).- El martes fue un buen día para el diablo en San Francisco, cuando la agrupación Taxicab Commision votó para que continuara en actividad el taxi, supuestamente maldito, que lleva el número 666, el favorito del Príncipe de las Tinieblas.
La votación, que llegó después de un entretenido período de comentarios públicos, extendió el reino satánico al vehículo número 666, que maneja un tal Michael Byrne (pronúnciese burn, que en inglés significa incendiar). Byrne no apareció en el encuentro del martes ni se lo pudo ubicar para pedirle comentarios. Fuera de toda superstición, él había insistido en que su número cambiara, y tenía una aliada en Jordana Thigpen, subdirectora de la comisión de taxis.
En un memo distribuido la semana última, Thigpen escribió que Byrne creía que el número 666 era el responsable de una serie de calamidades que había soportado en una racha de mala suerte que lo había llevado a hacer bendecir su taxi en una iglesia local, sin resultado aparente.
"Esta persona prefiere no hablar sobre los problemas específicos -escribió Thigpen-, pero son de una gran severidad."
Para sumar pruebas a la siniestra mística del taxi, ahí está el hecho de que este vehículo se prendió fuego un Viernes Santo, y es leyenda local que todo se consumió entre las llamas, menos el cartel con el número.
Por eso, se pidió a la comisión que eliminara el número de la bestia, para dar paso al menos ofensivo 1307, una movida que el presidente de la comisión, Paul Gillespie, también taxista, consideró sólo una muestra de amabilidad. "Esto es algo que podemos hacer para que sea más llevadera la vida de una persona", dijo, y agregó que él había manejado alguna vez un taxi número 666. "Los pasajeros dejan mala energía dentro del auto, y si quieren hablar sobre el número, entonces el chofer tiene que tocar el tema."
Algunos miembros de la comisión se quejaron por el cambio: "Si sacamos el 666, ¿qué sacamos después? ¿El 1313?", se indignó Tom Stanghellini, taxista de larga data. Lo apoyó su colega Patricia Breslin: "¿Dónde puede terminar todo esto? ¡Yo vivía en una casa con el número 666, y no terminé en el lado oscuro!"





