
Un viaje a la fantasía
"El club de la Flaca", con guión y dirección de Claudio Hochman. Intérpretes: Linda Peretz, María Bernardita Flores, Airana Cincumegui, Iván Compodonico, Juan Ignacio Ronsisvalli, Luciana Gomes, Hernán Carbón y Esteban Pico. Letra y música: Alejandro Gullot y Jacques Luce. Coreografía: Lía Fernández. Producción: Roberto Grimberg. En el Auditorium. Nuestra opinión: muy bueno.
1 minuto de lectura'
MAR DEL PLATA.- Es bien sabido que no hay público espontáneamente más expresivo ni cruelmente más honesto que el infantil. Por eso, cuando se percibe que en la sala la única manifestación de entusiasmo es el silencio atento y la excitación reprimida, entonces algo debe estar funcionando bien sobre el escenario.
Y es cierto cuando el color engolosina los ojos deslumbrados y la música pone cascabeles en los pequeños labios. Pero hay algo más, una historia, inteligente, narrada con sencillez pero con efectividad, que expone sin demagogias, sin falso moralismo, los valores de integración y solidaridad.
La Flaca Escopeta propone en este espectáculo un viaje por las estaciones: el verano, el otoño, el invierno y la primavera. Lo hace acompañada, otro acierto, por cuatro terraquitos -cuatro actores infantiles que cantan, bailan, patinan y hacen uno que otro malabarismo- y el perro Carmelo. Por medio de este viaje a la fantasía, la Flaca destierra la discriminación e incorpora la amistad como valor absoluto.
Hasta aquí la historia, pero también tiene valor cómo se la cuenta. Y en este sentido, Claudio Hochman demuestra una vez más imaginación y creatividad al componer, con apenas telones pintados de fondo y algunos elementos, un entorno mágico, enriquecido por la presencia de dos artistas circenses (malabaristas, zancudos, acróbatas, cantantes y bailarines).
Las palmas son espontáneas, no inducidas; las risas son generosas y la admiración se pone de pie cuando la protagonista "vuela" sobre el escenario.
La Flaca Escopeta, incorporada al imaginario infantil, reproduce los valores de bondad y generosidad; la presencia del elenco infantil aporta la frescura; el perro Carmelo, la cuota de fantasía e ingenuidad, y el color y la canción, la magia. Qué más se puede pedir, cuando lo que se consigue es la sonrisa iluminada y la alegría festiva de los chicos como premio a una cuidada y respetuosa producción. ¡Qué más!




