
Una batería al servicio de la melodía
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Presentación del álbum "Quintino", con Quintino Cinalli, en batería y percusión; Guillermo Vadalá, en bajo de seis cuerdas; Mono Fontana, en teclados; Nicolás Mora, en guitarra, y Yimmy, en percusión. En el Jazz Club, del Paseo La Plaza.
Nuestra opinión: bueno
La batería, único instrumento inventado por el jazz, dejó de ser, a pesar de cierto estigma, un instrumento puramente rítmico, dedicado a acentuar o separar compases.
Músicos como Kenny Clarke, Max Roach, Art Blakey, Tony Williams y en la actualidad Louis Nash, por nombrar sólo algunos de los más conocidos , utilizan la batería como eje en el proceso "melorrítmico", desvirtuando así ese papel secundario y de acompañamiento.
Dentro de este movimiento de liberación instrumental se encuentra Quintino Cinalli, quien presentó en el Jazz Club, del Paseo La Plaza, su álbum "Quintino". Acompañado por el Mono Fontana, en teclados; Guillermo Vadalá, en bajo de seis cuerdas; Nicolás Mora, en guitarra, y Yimmy, en percusión, logró crear climas polirrítmicos, donde la batería, el bajo y el teclado consiguieron una ajustada interpretación.
Con un profundo conocimiento del mensaje rítmico, Cinalli, junto a Vadalá y Fontana, consiguió hilvanar pasajes interesantes por la propuesta en temas de 16 y 32 compases.
Preciso, activo y algo nervioso, Cinalli sacó el mejor partido no sólo de su rapidez sobre los tambores, sino también sobre los platillos. Su solo sobre el final del primer set, en "Que no le compro yo", alcanzó momentos magistrales. Antes, sorprendió el solo de Vadalá, que comenzó con una línea lírica, la que fue derivando en una serie de ricas figuras de contrapunto, basadas en una sólida técnica Cinalli, marca el 4/4 en el high hat, casi siempre abierto, mientras duplica los tiempos en el bombo, y usa el golpe sobre los toms con sutileza, acompañándolos en un set de tumbadoras.
Tras un comienzo donde la guitarra del uruguayo Mora recreó climas de fusión entre el blues y lo caribeño, al mejor estilo de Santana, el grupo va dejando ese tono para entrar de lleno en el candombe , uno de los ritmos preferidos por Cinalli, y luego, en armonizaciones más jazzísticas, lideradas por el creativo bajo de Vadalá.
Un Fontana más pianista que explorador de sonidos aportó una interesante cuota de fuerza a la sección de bajo y batería. El entendimiento de Cinalli con Vadalá y Fontana es notorio y son en esos momentos, de máxima confluencia musical donde esta presentación alcanza el mejor nivel.
Por cierto, siempre encierra algún peligro una reunión de músicos de sobrada capacidad técnica, donde el sentimiento puede diluirse; sin embargo, en el caso de Quintino Cinalli, la técnica convive con el corazón.
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