
Una estrella clásica
Kevin Costner regresa hoy a las salas con McFarland: sin límites, un film enrolado en el género que lo consagró: el deporte como épica y filosofía
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LOS ÁNGELES.- Kevin Costner no es un tipo simpático. Tampoco es, digamos, antipático. Su gesto adusto, duro y marcado por unas arrugas sesentonas no demuestra calidez humana. No es una persona que muerda ni conteste mal, pero estando frente a frente es imposible no pensar en él como una estrella de Hollywood a la que no le gusta dar entrevistas. O quizá sí y no se lo comunica a su rostro. De todas formas, su seriedad si hacemos la clásica psicología de almacén argentina podría ser el espejo paterno que tiene que ver con la personalidad de su progenitor, un electricista, a quien Costner describe sin miramientos como "una persona que me pegaba regularmente".
Desde su primer gran protagónico, en Los intocables, de Brian de Palma y con guión de David Mamet (en la que interpretaba a Elliot Ness), Costner se ha forjado una carrera componiendo a personajes tan serios como sinceros. Ha hecho un par de comedias románticas, pero siempre en relación con algún tipo de deporte, otro puntal de su filmografía. Si uno piensa en Costner, se le viene a la mente un western como Danza con lobos (que ganó el Oscar a la mejor película y lo consagró como director en 1991) y también películas centradas en deportes norteamericanos, algo de lo que él es muy consciente.
"Sé que me relacionan con el béisbol, por La bella y el campeón [Bull Durham] o El campo de los sueños, pero no es una decisión que haga a propósito cuando elijo los papeles. En este caso, mis hijos tienen 4, 5 y 7 años, y nunca vieron una película mía en el cine. Ahora con McFarland, podemos ir todos juntos a verla."
McFarland: sin límites está basada en una historia real ocurrida en los años 80 en su país. Costner es Jim White, un entrenador de carreras cross country que llega al pueblito californiano del título para ser profesor de gimnasia del colegio secundario. El lugar es un enclave de trabajadores rurales mexicanos y, poco a poco, el entrenador descubre que los adolescentes que trabajan en los campos recolectando frutas y verduras tienen un don innato para correr largas distancias. Dirigido por la neozelandesa Niki Caro, el film adopta la clásica estructura deportiva con carrera final en el clímax, en medio del choque cultural entre la "rubiedad" norteamericana del personaje de Costner y su familia y las costumbres mexicanas de los habitantes de McFarland.
-McFarland es una película optimista y emotiva, muy alejada del cinismo del cine contemporáneo.
No es una película cínica. Está basada en una historia real sobre cómo unos muchachos sin rumbo pueden lograr sus metas con un poco de dirección. Cualquier persona que se burle de eso no está viendo la verdad sobre estos chicos y cuánto afectó a los que los rodeaban en los últimos veinte años. Hace poco hice una película sobre el racismo, Black & White, no sé si la viste; a la gente le gustó. Pero no sé cuántas personas fueron a verla. Hago lo que me gusta. Sería lindo también ser popular, pero yo soy quien soy.
-Y además siempre interpretás a personas honestas.
Sí. Sé que el mundo es complicado y totalmente retorcido, pero eso no me va a convertir en una persona cínica. Entiendo la política, odio el estado de las cosas, pero no voy a permitir que eso me arruine como persona o la manera en que me relaciono con la gente. Quizá venga alguien, mire esta película, y diga: "¡Qué sentimental!". Para mí, es genial.
-Aquí volvés a interpretar a un entrenador.
Tuve muchos en mi vida porque siempre hice deporte. Un buen entrenador puede tener una tremenda influencia en tu vida. Este hombre, Jim White, tuvo mucho impacto en las vidas de los chicos. No pudo hacer lo que ellos hacían, pero sí guiarlos.
-Te tomaste unos años sin filmar, ¿por qué?
Me gusta hacer muchas cosas. A mitad de año publicaré un libro y tengo una banda, con quien vamos a salir de gira por el mundo. Tengo además tres hijos chicos y me dedico mucho a mi familia.
-Cuando volviste a actuar interpretaste al padre de Superman en El Hombre de Acero y al mentor de Jack Ryan en dos superproducciones.
Voy a dónde me llaman y trato de hacer el mejor trabajo posible. Pero no me fijo si es una película de estudio o un film independiente. No tengo idea si soy relevante ahora para la industria o no. Filmé muchas películas conocidas y otras muchas que no lo son [señala al afiche gigante de Kingsman: el servicio secreto,ubicado frente a la ventana del hotel]. No estoy en esa película, por ejemplo.
-En Kingsman.
No me llamaron y no tengo idea por qué. Pero desarrollo proyectos por si no me gusta lo que me ofrecen filmar. A Black & White la financié yo, porque nadie más quiso hacerlo. Acá en Hollywood están todos esperando a que le ofrezcan cosas en vez de ir a buscarlas. ¿Es una buena película?
-¿Kingsman? Sí, la dirigió Matthew Vaughan, el director de Kick Ass y X-Men: Primera Generación.
¿Pero es buena? No importa lo que hayas hecho antes, sino lo que hiciste recién. Si me decís que es buena, te creo. Yo trabajaría en esas películas, pero no me llaman.
-Te llamaron para McFarland. ¿Por qué pensás que lo hicieron?
No lo sé.
-¿No preguntaste?
No, realmente. Entiendo que creyeron que yo podía interpretar ese papel. Me gusta la idea de unos chicos de una zona rural que encuentran desafíos para crecer. No sé si eso me convierte en alguien relevante para Hollywood.
-¿Vas a volver a dirigir?
Sólo dirigí tres películas. Me gusta hacerlo, pero las jornadas son largas, trabajás todo el tiempo y no tenés descanso, así que prefiero elegir cuidadosamente los proyectos porque puede pasar un año entre que decido dirigir una película y su estreno.
-¿Cómo te definís como director?
Soy bastante controlador con los actores. Quiero que les vaya bien y estoy muy pendiente de ellos. Tengo confianza en mí mismo, pero me preocupo mucho, quizá demasiado.
-En tu carrera, hiciste muchas películas exitosas, pero ninguna tuvo secuelas ¿Por qué?
Las habría filmado si hubieran estado bien escritas. Sé que mucha gente hubiera querido un Robin Hood 2, pero los guiones que me ofrecieron no estaban bien escritos. Quisieron hacer una versión épica, la de Ridley Scott, pero no fue tan atractiva como la mía. La de él tuvo todos los avances técnicos y el doble de presupuesto, pero no te llegó al corazón. Y de eso se tratan las películas.
Hombre mirando al Oeste
- Desde Silverado (1985), pasando por Danza con lobos y Pacto de justicia (éstas dos últimas dirigidas por él) hasta llegar a la serie Hatfields &McCoys, a Kevin Costner se lo relaciona fuertemente con el western. Es un género que le atrae y siempre está dispuesto a abordarlo. "Quiero filmar de nuevo, pero hacer una película más real. No quiero una remake como El tren de las 3.10 a Yuma, sino algo original. Podría hacer una secuela, sí, pero me gustaría contar una historia nueva. Ojalá les guste, qué se yo.
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