
Una mujer, muchas mujeres en fracción
Ficcionario. Buena. Idea y dramaturgia: Stella Maris Faggiano. Dirección: Lautaro Metral. Dirección musical: Nacho Medina. coreografía: Lucho Cejas. Luces: Ariel Ponce. Vestuario: Estudio Saldivia-Spiridione. Maquillaje: Sofía Núñez. Escenografía: Ezequiel Procopio. Sala: La Comedia, Rodríguez Peña 1062. Funciones: Lunes, a las 21. Duración: 60 minutos.
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El término "ficcionario" provoca una serie de tramas imaginarias, pero no encuentra un lugar entre las definiciones. El título no remite a la historieta, ni a Ficciones de Borges (que ha dado origen a una antología, exactamente con el título que nos convoca). Se puede pensar en una palabra sonoramente cercana: "diccionario". ¿Por qué no? pensar el unipersonal que se presenta en La Comedia como una especie de diccionario de ficciones. . ¿Por qué no? una especie de diccionario de ficciones. Como en el diccionario, las acepciones tienen una clasificación arbitraria. ¿No es arbitrario ordenar por la primera letra del abecedario? Aquí, la arbitrariedad también se inscribe en las entradas. Los personajes que desfilan por el espacio-tiempo que construye la propuesta son imprevisibles, inesperados cuando no conocemos el criterio que los organiza.
Pero ordenemos un poco, hasta donde eso sea posible. Los espectadores se ubican en el espacio escénico, las sillas en círculo proponen una inmersión en el universo propuesto, pero no sólo como espectadores, alcanza con observar que la escenografía también está por detrás como para entender que "somos parte", no estamos en el borde para mirar, estamos adentro. Más allá de nosotros también hay elementos escenográficos (tal vez, eso es lo que provoca extrañeza frente a las decisiones de iluminación). Los objetos que pueblan la sala son diversos, globos, piñata, cabezas forradas con papel de diario, un maniquí incompleto. Quienes operan luces y sonido están visibles, casi, casi en nuestra ronda. Un escritorio antiguo en el centro señala un dato de otro orden. Ella, Stella Maris Faggiano, con un largo recorrido en el universo de los musicales, hace de actriz. Y tal vez, de autora. Lautaro Metral organiza este mundo particular con su mirada de director.
El inicio es musical y coreográfico. Cuando llegue la palabra, veremos que no se presenta transparente y sencilla. Como le sucede al personaje de Andrea Ferrari, en La rebelión de las palabras, los personajes que ocupan el centro de la escena sólo conocen el modo del verso. Personajes diversos, desde una niña pasando por una mujer sometida a violencia de género, la piropeada, la que bebe, todas encuentran en la rima la manera de hacerse entender. Ficcionario, sí; fraccionario, tal vez, podría decirse que es el espectáculo? fracciones que constituyen un todo. Los personajes no son percibidos hasta que las palabras que los definen son puestas en juego. Hay que escucharlos para saber quiénes son. Cuando la actriz se acerca al escritorio y se sienta, el lenguaje cambia. Ahí, el público es interpelado de un modo diferente, ella les dice que es una circunstancia que los presentes estén ahí y se pregunta qué sucede después de los aplausos. Es una propuesta de riesgo en clave musical.




