"Una píldora que se toma una vez"
Singular: así calificó Jens Albinus, protagonista de "Los idiotas", las provocaciones de Lars von Trier contenidas en el Dogma.
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"Concuerdo con lo que dijo Lars von Trier en la teleconferencia que se hizo en el festival de cine:el dogma es una píldora que uno puede tomar una vez. Yo no tengo ideas predeterminadas. Después de "Los idiotas" hice otras películas que nada tenían que ver con el dogma", explicó Jens Albinus, protagonista del polémico film del realizador danés.
En ese encuentro a distancia entre Von Trier y los participantes de la muestra de cine porteña a la que se refiere Albinus, el director declaró que "si el dogma sigue interesando a tanta gente, lo más probable es que yo no haga mi próximo film según esas reglas. Esas diez reglas las escribí para mí y no me sorprende que hayan interesado a muchos -agregó- porque hoy en el cine nadie piensa en nada. Lo bueno del dogma es que ha puesto a la gente a hablar sobre cómo son las películas y a reflexionar sobre por qué son como son".
Según Albinus, la gran virtud de Von Trier es la de poder ver allí donde nadie mira. "Hay algo que está en las reglas del dogma y que forma parte de la personalidad de Lars (von Trier):la habilidad para hacer foco en las situaciones que uno tiende a olvidar", cuenta el actor de "Los idiotas".
-¿Qué diferencia hay para un actor entre trabajar bajo las reglas del dogma o sin ellas?
-Normalmente, cuando uno actúa delante de la cámara intenta servir a la cámara, a complacerla. El actor tiende a producir algo para ponerlo delante de la cámara. Una de las reglas del dogma dice que la acción no debe tener lugar delante de la cámara, sino que es la cámara la que debe buscar la acción donde ella esté sucediendo. Eso significa que yo puedo estar actuando, pero que la cámara no quiere registrar esa acción sino algo diferente que puede ser mi pie, o mi parlamento u otro ser humano que está sentado por allí escuchando lo que yo digo.
-¿Podría decirse entonces que el dogma es una suerte de baño de humildad para los actores?
-Es exactamente eso. Por eso es bueno para actores de todos los niveles. Eso que usted llama baño de humildad, se produce por el hecho de que el actor puede ser registrado en situaciones que él no controla.
-Lars von Trier suele hablar de lo difícil que le resulta vivir con sus fobias. Pero, ¿no se podría pensar que en cierta medida ellas lo ayudan a hacer un cine singular?
-Es una pregunta difícil. Creo que Lars tiene una gran sensibilidad pero a diferencia de muchas otras personas, no trata de volverse normal. No tiene tendencia a querer complacer a las multitudes. El insiste en seguir siendo quien es y eso tiene mucho que ver con su habilidad para hacer buenas películas y con el hecho de ser totalmente abierto con sus fobias. Algo muy particular de Lars es que siempre hace enunciados de un modo muy simple. En sus películas, las ideas son muy radicales pero extremadamente simples; yo diría provocadoramente simples. Un ejemplo de lo que estoy explicando es el dogma. Con esas mismas ideas, él bien podría haber escrito un libro de ciento cincuenta páginas sobre su modo de concebir el cine. Sin embargo, prefirió enunciarlo en esos diez mandamientos, con el guiño que eso significa. El sabe que llamar dogma a ese conjunto de ideas y hablar de mandamientos es una provocación, pero tiene un gran sentido de la comedia práctica.
-Evidentemente, eso le da resultado porque, a partir de su provocación, consigue que se hable del tema...
-El Dogma es un chiste muy serio. No es cierto que Lars lo haya hecho sólo para provocar. Cree en eso verdaderamente, pero es capaz de poner sus pensamientos más profundos en algo tan simple como un chiste. El está dispuesto a reírse de sí mismo; es capaz de ofrecer como un chiste sus pensamientos más profundos. Algunos dicen que Lars es muy cínico. Es cínico, pero al mismo tiempo muy, muy sincero.
-"Dogma 95 no sería serio si no estuviera detrás el puro talento de Lars von Trier", opinó la revista Cahiers du Cinéma. ¿Tiene ese movimiento algo para aportarle a un realizador que no posea un talento comparable al de Von Trier?
-El Dogma tiene sentido en todos los niveles.Yo no soy uno de los diez actores más talentosos del mundo y sin embargo me resultó muy útil. Cuando en la teleconferencia le preguntaron a qué director invitaría a filmar con el Dogma, Lars respondió:"A Steven Spielberg". Fue interpretado como un chiste, pero él lo dice en serio. Y, al mismo tiempo, en Buenos Aires hicimos la experiencia con jóvenes realizadores argentinos. El Dogma tiene sentido tanto para ellos como para Spielberg porque el Dogma es un espíritu con el cual trabajar y un ayudamemoria sobre la importancia de buscar algo fuera de lo que normalmente viene dado. Eso tiene sentido en todos los niveles.
Una estética radical
El Dogma 95 es producto del marketing de los grandes festivales, está sustentado en el prestigio autoral de Lars von Trier y no es más que un reflejo de movimientos subterráneos que se vienen gestando en distintos rincones del mundo.
El Festival de Buenos Aires resulta una excelente oportunidad para confirmar que muchos cineastas jóvenes están apostando a una estética tanto o más radical que esas interesantes propuestas que son "Los idiotas" o "La celebración", producciones fundacionales del Dogma.
No le hace falta generar o adscribir a sesudos postulados contra la artificialidad del cine al coreano Jang Sunwoo para conmover, irritar y sorprender con su "Película mala, infinita, inacabable", uno de los films más explícitos, controvertidos y revolucionarios que se hayan realizado en los últimos años.
El Festival mostró películas alemanas, norteamericanas, francesas y de otros orígenes filmadas con camaritas digitales, presupuestos irrisorios y una estética más cercana al documental que a la ficción convencional. Esos directores, que no van a Cannes ni a Berlín, que no salen en los diarios, no necesitan ningún dogma para experimentar nuevas formas de expresión de este arte ya centenario llamado cine.






