
Una puesta con mirada cinematográfica
Entusiasmado, Eugenio Zanetti habla de su trabajo como director de escena, diseño y escenografía en Don Carlo, la atrapante ópera de Giuseppe Verdi sobre el drama entre Felipe II y su hijo, el infante Don Carlos, en el Colón
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"En mi imperio nunca se pone el sol", afirmaba Felipe II de España, que reinó desde 1556 hasta su muerte, en 1598. Aunque sí tuvo episodios oscuros, como la relación con su hijo Carlos de Austria, príncipe de Asturias, que nunca llegó a ser rey, pero sí fuente de inspiración para que Friedrich Schiller escribiera, entre 1783 y 1787, un drama de celos, traición y lucha contra la represión religiosa y política. Que a su vez Giussepe Verdi retomó, 100 años después, para componer su monumental ópera Don Carlo , que desde hoy se presentará en el Teatro Colón. Esta nueva producción de la versión de cuatro actos, con libreto de Joseph Mery y Camille du Locle, tiene como director de escena, diseño de escenografía y vestuario al argentino Eugenio Zanetti, ganador del Oscar a la mejor dirección artística en 1996 por Restauración y nuevamente nominado en 1998 por Más allá de los sueños.
Un blazer de terciopelo negro con ribetes rojo sangre y unas modernas pantuflas con mucha onda dan una pista sobre su estilo. Un estilo que transmite pasión al hablar de su trabajo y al mostrar con orgullo el montaje del escenario.
El director de cine, teatro y ópera explica las etapas por las que pasó para presentar su Don Carlo: "Una vez recibido el encargo, el proceso creativo del régisseur tiene que comenzar por conceptualizar. Yo hago un ejercicio de lo que podría llamarse pensamiento lateral, trato de no sobreintelectualizar. Hoy en día se usa aggiornar todo, pero eso no necesariamente debe pasar por una renovación formal. Creo que el hecho de que esta obra tenga lugar en la corte del rey de España no puede obviarse. De mi experiencia de más de 47 años en cine, entendí que toda obra tiene un punto de vista psicológico que no necesariamente tiene que ser el del protagonista. A quien le pasa todo es a Don Carlo, pero el observador de este universo es el rey. Él es testigo de que su mundo se derrumba y así quise plasmarlo en la escenografía. El rey presencia todo desde un lugar muy alto, sabe todo lo que está pasando y eso lo coloca en escenas en las que originalmente no aparece en la ópera. A partir de esa premisa diseñé toda la ópera".
Zanetti incorporó su mirada cinematográfica al diseñar un escenario que se mueve continuamente para acercar y alejar a los protagonistas como lo haría con el recurso de el uso de una cámara. "Don Carlo es una obra muy compleja, Verdi la ha escrito para un coro inmenso y hay momentos con más de 160 personas en escena. Es una multitud y hay que conseguirle un orden coherente, organizar los espacios físicos y los psicológicos. Para eso he conservado la unidad del lugar, como se le dice en la tragedia griega, a través de un grupo de columnas. El escenario va a ser siempre el mismo, pero adquiriendo distintas formas".
El director afirma no poder separar la música de las imágenes, lo que arrojaría pistas sobre su afinidad con la ópera. "Cada uno de nosotros tiene botones en su departamento creativo, y los míos son musicales. Es curioso, porque mi trabajo siempre ha tenido que ver con lo plástico, con la imagen, pero lo primero que yo hago con el cine es musicalizarlo en mi cabeza. Las óperas que han sobrevivido al tiempo son grandes piezas musicales, entonces, sin ninguna duda, más allá del valor literario está lo musical."
Respetar el hecho histórico era fundamental para Zanetti. "Lo tomo como un instrumento de donde sacar elementos que ayuden a la narrativa. El rey siente que todo está putrefacto; así, cuando observa detenidamente los trajes fastuosos de la corte, ve que que a medida que se acercan al suelo se empiezan a transformar en tripas y gusanos. También hago que lo contemporáneo llegue a través de búsquedas psicológicas y de detalles: en otras épocas, el afecto entre Don Carlo y Rodrigo, el marqués de Posa, se sugería de soslayo, pero aquí se muestra abiertamente. No como una relación homosexual, pero sí como una amistad amorosa, como decía Goethe".
Barroquismo y poco ego
En alusión a su faceta de pintor, Zanetti dice abordar su trabajo en el Colón como si estuviera frente a un lienzo en blanco. "No existe ninguna imposición, hay total libertad. Debo decir que éste sigue siendo uno de los lugares más placenteros del mundo para cualquiera que haga trabajo creativo. Aquí se hace todo y con una calidad maravillosa", cuenta, mientras muestra en su teléfono la foto de una mujer que posa muy orgullosa junto a un impresionante escudo que bordó en la capa del rey. Y sigue: "Les he pedido a todos los que trabajan en los talleres que asistan al estreno, quiero que en el saludo final el público vea que esto no es sólo el pequeño grupo que aparece en el programa. Es necesario reconocerles su disposición y talento. Son cosas que no existen más, ¡y que lo diga yo, que siempre me estoy quejando! Mi estándar es muy alto".
Zanetti cuenta que su madre crió a él y a sus hermanos para que no fueran creídos , y que para lograrlo los bajaba continuamente. "Tanto, que cuando me acompañó a recibir el Oscar me decía que eso no era tan importante, ¡que ni que fuera un Nobel! Por eso creo que las cosas que te enseñan en la infancia no se te van: yo no vengo del ego, lo que no quiere decir que no lo tenga, pero el trabajo no surge de ahí. Siempre estoy dispuesto a probar y a escuchar. Tengo una relación de amistad con Ira Levin, el director musical, hemos colaborado anteriormente y me gusta hacerlo reír. Quise también que la iluminación estuviera a cargo de Eli Sirlin, porque ella es muy orquestal y las luces son la otra orquesta."
Un elenco internacional encabezado por José Bros, Tamar Iveri, Beatrice Uria Monzon, Fabián Veloz y Alexander Vinogradov, y otro nacional, serán los responsables de interpretar este drama. "Me he sentido muy bien con los dos elencos. La ópera tiene muchos menos ensayos que el teatro, la gente viene sabiendo su parte pero también trae otras miradas. En nuestra primera reunión les pedí su tiempo y han estado maravillosos. Beatrice, nuestra Eboli francesa, me decía que por primera vez sentía que hacía un grupo de amigos trabajando. No es solamente cantar e irse, aquí salen a comer y a charlar", se alegra Zanetti.
Y anuncia: "Cuando finalice este compromiso me dedicaré de lleno a mi nuevo proyecto cinematográfico, una comedia donde todos los protagonistas llevan muertos una semana y todavía no entienden bien lo que les pasa. Ya estoy escribiendo el guión".
A la pregunta sobre si mostrará en esta puesta de Don Carlo esa estética fastuosa, recargada y barroca tan asociada a su nombre, responde: "¿Una capa de tripas de seis metros de largo para el inquisidor será suficiente?".
Don Carlo
De Giuseppe Verdi
Teatro Colón, Libertad 621
Funciones, hoy y el domingo 27, a las 17; pasado mañana, el miércoles, el sábado y el martes 29, a las 20.
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