
Varela, una fiesta de humor y canciones
"En desconcierto". Libro y dirección: Hugo Varela. Música y arreglos: Hugo Varela, Gustavo Calabrese. Escenografía: Seto, Hugo Barreto. Vestuario y muñecos: Hugo Varela, Rossana Bonetto, Leonor Bonetto y Silvia Bustos. Luces: Horacio la Rosa. Paseo La Plaza. Nuestra opinión: bueno.
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Es cierto. Hugo Varela aparece en casi todos los rubros técnicos de su nuevo espectáculo al que, acertadamente, él mismo calificó como el "primer unipersonal con elenco".
Aunque, en verdad, va un poco más allá de un mero unipersonal. Empieza por emplazar su longilínea osamenta sobre el escenario y desplegar una de sus mayores virtudes, la de histrión.
Casi como un monologuista, se sienta sobre un taburete, guitarra en mano, y da rienda suelta a lo que parece libre asociación de ideas en torno del desconcierto general.
La guitarra, su inseparable compañera de ruta y a la que él llama "mi mayor virtud", le sirve para romper el hielo y hacer participar al público en una de sus humoradas musicales. En esos primeros momentos promete, y lo cumple, risas y diversión. Para desarrollar su travesía lo acompañan Gustavo Calabrese, su pianista de siempre, y un cuarteto bien dotado de gente que hace de todo: baila, canta, anda en zancos y actúa, con la necesaria solidez.
El show de Varela tiene de todo. Se da el lujo de pasar, en lo musical, por el tango, el folklore, el flamenco; acordes centroamericanos, en los que bailan grandes muñecos, y hasta un hilarante cuadro de ballet.
Fluida comunicación
Entre uno y otro número, y con su estilo clownesco, Varela pone en práctica otras de sus dotes: la fluida comunicación con el público, que se pliega a sus propuestas de principio a fin, y su capacidad para hacer música en serio con letras en broma y de sacarle sonidos de laúd a una botella de agua mineral con cuerdas o a un plumero.
Con todos estos recursos puestos a disposición, su espectáculo pasa de ser unipersonal con elenco a convertirse en una fiesta. Porque una de sus armas más poderosas, su relación con la gente, logra que el público mute de mero espectador a protagonista.
Varela es capaz de conseguir que una platea heterogénea en género y edad emita a voz en cuello sonidos de animales salvajes como acompañamiento de un tema o que le sirva de percusión en otro. Y en estas épocas de sinsabores, no es poca cosa.
¿Se le podrían criticar detalles? Desde luego. Pero más allá de alguna deficiencia en la puesta, el clima de sano regocijo bien vale pagar el precio de la entrada. En una de ésas, hasta es posible ahorrarse una sesión de terapia.
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