
"Vinieron a buscar novio y descubrieron la filosofía"
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"Sócrates y sus discípulos se asombraban de que la mayoría de la gente mirara una y otra vez los objetos antes de comprarlos, mientras examinaban tan poco sus vidas. El Café Filosófico es una respuesta a esa mirada de asombro", explica Roxana Kreimer.
"Es que la filosofía no siempre consistió en la formulación de teorías abstractas, sino en el cultivo de un arte de vivir asociado con los problemas más inmediatos de la vida cotidiana. Epicuro afirmó que los argumentos de la filosofía son vacuos si no mitiga ningún sufrimiento humano. Y Séneca, uno de los baluartes de la filosofía práctica, escribió: De qué me sirve la geometría para dividir el campo si no sé compartirlo con mi hermano ", agrega.
Kreimer es licenciada en Filosofía y doctora en Ciencias Sociales (los dos títulos obtenidos en la UBA). Autora de varios libros, columnista de filosofía en el programa televisivo Dejámelo pensar y una de las introductoras de los cafés filosóficos en nuestro país.
"En realidad, provengo de una familia de músicos, no de intelectuales, y llegué a la filosofía trabajando como periodista. Fueron mis entrevistas con filósofos las que despertaron en mí el interés por esa disciplina que va más allá de lo coyuntural e intenta pensar y cambiar el mundo y la propia vida, con el fin de acercarnos al bienestar y la justicia."
-¿Qué significa filosofía práctica?
-La filosofía práctica es una tradición que abreva en los orígenes de la filosofía, de Sócrates y Platón en la antigua Grecia a Lao-Tsé y Confucio en la antigua China. Su forma actual son los cafés filosóficos, que fueron creados en 1992 por Marc Sautet (1947-1998) en París. Las reuniones se hacían todos los domingos, de 11 a 13.30, en el Café des Phares, cerca de la plaza de la Bastilla. A menudo se duda que un discurso meramente intelectual pueda ser efectivo para el abordaje de problemas emocionales. Epicteto decía que las personas no se preocupan por lo que les ocurre, sino por las ideas que se forman en torno de lo que les ocurre. Esto significa que la mayoría de nuestras emociones proviene de nuestras reflexiones. Que las emociones no son sólo sentimientos irracionales que una persona está obligada a sufrir pasivamente, y que cambiando una idea podemos sentir de otro modo. Si alguien me agrede y yo me enojo es porque decidí enojarme, porque media una idea en la que yo considero esa situación como enojosa. La filosofía nos enseña a pensar mejor, para sentir mejor.
-¿Qué es un café filosófico?
-Un lugar de encuentro que pretende, además de informar y mover a la reflexión, mejorar una práctica profundamente democrática: el debate. Lamentablemente, en nuestra cultura cuando una persona disiente con otra parecería que no cuestiona sus creencias, sino a la persona misma. Los disensos son vividos como ataques personales. Es importante diferenciar a una persona de sus creencias, entender que nuestras opiniones pueden cambiar y no por eso se pone en juego la valía de un individuo. En filosofía discutimos ideas y la personalización de los comentarios suele ubicarnos más en la vía del amor propio que en la del diálogo entendido como una investigación conjunta. Dialogar no es marchar a la guerra, sino disfrutar con una danza.
-¿Cómo son los encuentros?
-Hablamos un lenguaje muy accesible, damos mucho ejemplos, apelamos a historias breves y utilizamos mucho el humor, particularmente de los humoristas que consideramos más filosóficos, como Quino, Maitena o Rudy. Lo que más nos preguntan los recién llegados es: "¿Y voy a entender?" Respondemos que en cuatro años de actividad han desfilado más de 15.000 personas por nuestros encuentros y jamás se han quejado por no haber entendido. La exposición del tema dura una hora y después de una pausa de diez minutos para tomar café o té y comer galletitas caseras que yo misma preparo (¡a veces sospecho que hay gente que viene por las galletas!) y luego se desarrolla el debate en un clima de cordialidad.
-¿Recuerda algunos temas?
-Abordamos un tema distinto cada fin de semana. Por ejemplo, la exigencia, el hábito de posponer, la convivencia, los proyectos de vida, el deseo, los cambios, el chantaje emocional, el sentido de la existencia. Planteamos los problemas filosóficos en términos de jerarquía de valores: ¿debe el médico informar al paciente que padece una enfermedad mortal? ¿Deberíamos informar a una amiga que su marido tiene una amante? La reflexión filosófica no debería detenerse en la respuesta a estas preguntas, sino avanzar en la clarificación de los valores en juego: la autonomía, el cuidado del otro, la sinceridad, la voluntad de ahorrar sufrimiento a un ser querido. Hacia el final repartimos un resumen en una hoja con bibliografía para el que quiera seguir leyendo y solemos terminar con un texto humorístico relacionado con el tema.
-¿Qué opinan los participantes?
-Nuestra mayor satisfacción es cuando dicen que vinieron a buscar novio y descubrieron la filosofía, que no es esa jerigonza indescifrable y aburrida que estudiaron en el colegio, sino una herramienta que puede ayudarlos a vivir mejor. Produce una gran alegría ver a los participantes venir muy serios y verlos irse con una sonrisa, aun después de haber estado reflexionando durante más de dos horas sobre temas serios. Nuestra actividad se parece menos a un curso de filosofía que a una salida al teatro.





