
El líder de Rata Blanca se radicó en España, cansado de la Argentina “esnob”. Mal no le fue.
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No me fui, me mude lejos", aclara el líder y guitarrista de Rata Blanca, de paso por Buenos Aires. El 26 de diciembre del año pasado, Walter Giardino abordó un avión con destino a España; al llegar, tomó la autovía hacia Torrelodones, un pueblo serrano ubicado a 100 kilómetros de Madrid. Lo esperaba su nuevo hogar, un caserón con parque, donde tres meses más tarde nació Ornella, su segunda hija.
Giardino fue a España en búsqueda de un contrato discográfico, cansado de que ni el éxito de Grandes canciones (llegó a Disco de Platino en la Argentina) ni su rica historia al frente de una de las bandas más populares del rock de su país fueran suficientes para asegurarle la proyección internacional que pretendía. La jugada tuvo premio: Giardino llegó a Madrid con El camino del fuego recién salido del estudio, y el sello español independiente Avispa lo editó. En la Argentina, el nuevo álbum de Rata Blanca fue publicado por Pop Art en julio, y en apenas un mes llegó al Top Ten de los rankings de ventas. Giardino estuvo en Buenos Aires para promover El camino del fuego, y volvió a irse. ¿Qué dejó? La promesa de una gira por varios países de América y una fecha clave: el 2 de noviembre. Ese día, Rata Blanca tocará sus nuevas y viejas canciones en el estadio Luna Park.
Giardino dice: "Rata es como el fuego: cuando lo decide, avanza". Linda imagen, pero la pregunta es...
-¿Por qué te fuiste?
-Necesitaba renovar horizontes, reforzar mis puntos de vista, volver a sentir que mi música es respetada también fuera de la Argentina. En España los favoritismos no existen, al menos en primera instancia. Quería vivir una realidad más noble, auténtica, menos manipulada...
-¿Estás hablando sólo de música?
-No, claro... me fui aburrido, cansado de ver siempre las mismas novelas; podrido de que nadie, en el negocio de la música, cambie hacia algo un poco más heroico. Fui a buscar otro punto de vista, un poco más inocente. ¡Mirá lo que te digo! ¡Inocente! También primitivo, no tan enroscado. Yo soy muy sencillo en mi forma de ver las cosas. Y la Argentina es un país muy esnob. España es todo lo contrario. Giardino llega, toca la guitarra y lo aplauden o no: punto. Son mucho más simples en ese aspecto, y me siento más cómodo.
-¿Cómo fue volver a grabar junto a Adrián Barilari después de casi nueve años?
-Bárbaro. Sería injusto decir "mejor que nunca", pero fue algo parecido a eso. Estamos todos con las ideas más claras, sabemos cuáles son las posiciones de cada uno dentro del grupo, qué trabajo tenemos que hacer. No logramos todavía ponernos la bata de rock stars y vivir relajados; seguimos como pibes de 20, con nuestro ímpetu intacto. Esa es una de las cosas que más rescato de esta nueva etapa.
-"El camino del fuego" es muy respetuoso del estilo clásico de Rata. Como si hubieran dicho: "A esta altura no vamos a cambiar...".
-¡Si salimos haciéndonos los Limp Bizkit, no nos cree nadie! Además, en esto de cambiar o no, estamos muy relajados respecto del qué dirán. En algún momento, Rata se sintió un poco presionada por su pasado de rock duro y no pudo ver su presente de banda popular. Estábamos acomplejados con la popularidad. Ahora estamos orgullosos de eso.






