
"¡Yo no tengo archivos!"
Guillermo Salatino
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"¡Todo lo llevo aquí! (Ríe y se toca la cabeza.) ¡Yo no tengo archivos! En enero del año último, durante el Australian Open, salí a fumar en pipa al jardín que lindaba con el restaurante de prensa del Rod Laver Arena, cuando me crucé con Gianni Clerici –ex jugador y el mejor escritor que tiene el mundo del tenis– y me dijo: Si te llevás a la tumba todas tus vivencias, cuando tenga que escribir tu necrológica le pondré como título Ha muerto un gran egoísta. Me dejó pensando, entonces decidí escribir el libro", explica el periodista Guillermo Salatino, mientras firma ejemplares de El séptimo game, donde resume 50 años de tenis de acá y de allá.
"No sé en qué momento me acerqué al tenis, pero, según mis padres, tenía 15 días, en la primavera de 1945, cuando mi madre me llevó en el moisés a la cancha Nº 1 del Club Gimnasia y Esgrima de Villa del Parque, para ver jugar a mi padre. También sostienen que cuando comencé a caminar –tendría un año– iba por las canchas bamboleándome y arrastrando una raqueta, una Slazenger, porque mi padre importaba esa marca inglesa", agrega.
Salatino fue jugador del Buenos Aires Lawn Tennis Club (campeón de primera división en 1968, 1969 y 1970) y dirigente de la Asociación Argentina de Tenis. Desde 1980 ("ahí dejé de jugar porque mi espalda dijo basta") es uno de los más importantes periodistas especializados en el tema. Ha cubierto más de 300 certámenes internacionales y suele divertir a su auditorio revelando que si le depositaran el dinero del costo de todos sus viajes por el planeta tendría una cuenta bancaria de un millón de dólares.
"Mi primera raqueta fue una curtida Slazenger Fred Perry, que había dejado mi padre. Siempre amé mis raquetas, por eso me duele cuando veo a un profesional destrozar la suya contra el piso como si fuera la culpable de sus malas jugadas", apunta.
–¿Cómo es el mundo del tenis?
–Muy competitivo. Y ahora hay mucho dinero en juego. Antes el tenis era el deporte blanco, nos comprábamos las zapatillas, las raquetas, la ropa y nos pagábamos los viajes. Pero desde 1970, con la llegada de la televisión, el tenis se insertó en el mundo de la alta competencia. Apareció el color en la indumentaria, los patrocinadores, la publicidad. Los premios fueron creciendo de manera desmesurada: en 1977 Guillermo Vilas ganó 32.000 dólares por el título del Abierto de Estados Unidos, y Gabriela Sabatini, 13 años después, por el mismo título obtuvo 350.000 dólares, y sólo unos años más tarde, Lleyton Hewitt se llevó 850.000 dólares.
–¿Y los jugadores de tenis?
–El tenis es un deporte individual, y los tenistas están acostumbrados a luchar solos, como los boxeadores. Como decía Ringo Bonavena: "Cuando suena la campana, no te dejan ni el banquito". Los deportes individuales tienen esa característica. Hay envidias, celos, egoísmos. Pero hay excepciones.
–¿Por ejemplo?
–Pete Sampras: seis años número uno del mundo y 14 títulos de Grand Slam, un récord que difícilmente sea superado. Pero este hombre, que juega vestido de blanco, al que llaman aburrido y acusan de no poseer carisma, no necesitó de trampas para ser un grande. En 1999, en Hannover, cuando logró su sexto número uno, fue a la sala de prensa y se interesó por el nombre y LA NACIONalidad de cada periodista. Después, se puso el delantal de uno de los mozos y compartió mano a mano torta y champagne. Incluso a él, que todo lo ganó, rara vez se lo vio festejar en forma irrespetuosa: "Hay que pensar que el de enfrente perdió y que está muy triste. Es una falta de respeto hacia el rival festejar en forma desmedida, hay que hacerlo con corrección", decía.
–¿Figuras que recuerde especialmente?
–Enrique Morea, Guillermo Vilas y Gabriela Sabatini. Morea fue un jugador extraordinario y un notable dirigente. Vilas, gran jugador, creó un punto de inflexión al hacer del tenis un deporte popular. Y Gabriela, extraordinaria jugadora y la mejor deportista de todos los tiempos. Pocos saben la cantidad de dinero que entrega para chicos pobres o escuelas que lo necesitan. Tampoco que en 2003 y 2004, si no hubiera sido porque ella bancó a los juniors, el tenis argentino no habría tenido representación internacional.
–¿Y la nueva generación?
–Buenísimos. Pero en 2004 algunos que desconocen los personajes y lo que siente un deportista decían: "No quieren representar al país". Solamente un ignorante del deporte puede pensar que un número tres del mundo no quiere representar a su país. El tiempo pasa rápidamente, como una película. A todos los conocí de potrillos, como decimos. Y a todos, en algún momento, les di algunas recomendaciones. Recomendaciones, no consejos.
–¿Cuál es la diferencia?
–Un consejo es algo definitivo, indiscutible, grandilocuente, para el bronce. Pero la recomendación es más humilde, para el momento. Si uno no la pone en práctica no le crea culpa. El consejo, sí.





