"Gigantes gentiles": Los hombres más fuertes del mundo desafían estereotipos
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Eddie Williams es maestro de escuela de lunes a viernes y cantante de bodas los fines de semana, quien en sus ratos libres, levanta pesas de cientos de kilos para tratar de convertirse el domingo en California en el hombre en el hombre más fuerte del mundo.
"La gente cree que somos montón de gente enojada a la que le gusta lanzar sus pesas por todos lados", dijo a AFP el australiano que ronda los 190 kilos de peso.
Chorreando en sudor tras cargar piedras de casi su tamaño, Williams sostiene que no hay contradicción entre ser amable y levantar peso.
"Son estos gigantes gentiles", complementa a su lado su esposa Hannah, quien lo acompañó a la capital de California para participar en el competición El hombre más fuerte del mundo, en la que colosos de espaldas torneadas, brazos imposibles y muslos voluptuosos se miden cargando pesos de hasta el doble de su peso.
Mitchell Hooper, un excampeón de 29 años con una maestría en fisiología clínica del ejercicio y varios emprendimientos relacionados al deporte, dice que la gente se equivoca.
"(Creen) que somos idiotas, incultos (...) Muchos de los hombres tienen educación superior, y entrenamos para competir con fuerza porque nos gusta desafiarnos", dijo "el alce" canadiense, que pesa 146 kilos.
Pero quizás uno de los ejemplos más notorios de la estereotipación del certamen es Rob Kearney, un excompetidor que se autodenominó "el gay más fuerte del mundo".
"Quería desafiar el debate", comentó el estadounidense que se teñía el cabello o la barba de arcoiris en los eventos.
"Mi principal meta era hacerle entender a la gente que la orientación sexual no limita la fuerza que tienes como ser humano".
- Lucha de titanes -
El hombre más fuerte del mundo se celebró por primera vez en 1977 en Estados Unidos.
El concepto se mantiene intacto, pero con los años esta competición ha ganado inversión, adeptos y profesionalización, lo que es evidente en la línea del tiempo del concurso: ocho récords mundiales fueron establecidos en los últimos 14 años.
Lanzamiento del titán, Aguante de Hércules, Barra picapiedra y Rocas de Atlas: los nombres de las modalidades dan cuenta del tamaño del desafío.
Para alcanzar esta fuerza, la comida es crucial, comenta Rayno Nel, un debutante sudafricano de 30 años.
Nel, que entró en el deporte tras graduarse como ingeniero mecánico, pasa largas noches en el gimnasio y encaja en su horario de trabajo su complicada rutina alimenticia para alcanzar unas 6.000 calorías por día a punta de carne, papas y vegetales.
"Es muy sacrificado, pero lo amo", reconoce el hombre que apenas salga de la competencia piensa ir por una hamburguesa y una cerveza.
Pero para estos sansones, algunos de más de dos metros de altura y 200 kilos, la concentración y el foco también son esenciales, sostiene Odd Haugen, un excompetidor noruego de 75 años.
"Tienes que estar realmente listo porque es pesado".
Un obstáculo adicional este año es el inclemente sol de California, con temperaturas de hasta 30ºC.
Haugen, que muestra en su cuerpo las cicatrices del oficio, cuenta que a un nivel como este, el cuerpo paga un precio.
"Hay que saber dónde están los límites", dice.
- "Ser fuerte" -
Mitchell Hooper, recobrando el aire tras tirar bolsas de arena de 14 kilos a casi cuatro metros de altura, reconoció a AFP que ser uno de los hombres más fuertes del mundo tiene sus aspectos negativos.
"Despiertas adolorido todos los días, no cabes en puestos normales, duermes con una máquina de apnea, siempre estás caliente y sudando".
Pero los lados positivos, agrega, pesan más.
Tom Stoltman, tres veces campeón y actual monarca, da crédito a su hermano Luke, también competidor, por iniciarlo en el deporte, y a su esposa por su desempeño.
"Ella es quien hace todo por mí, mantiene mi cabeza, me mantiene enfocado en esto. Yo sólo me presento y pongo un espectáculo para todos", dijo "El albatros" escocés a AFP.
Es una disciplina competitiva, pero la camaradería se siente alrededor de la arena.
Los competidores observan con tensión a sus rivales, los animan, gritan y aplauden.
Y es justamente ese apoyo mutuo, cree Rob Kearney, lo que más ayuda a luchar contra los estereotipos.
"Cuando ves a dos hombres abrazarse y auparse unos a otros", dice Kearney, "eso te demuestra lo que es realmente ser fuerte".
pr/dga
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