Jonathan Rauch: “EE.UU. es un régimen híbrido con un líder fascista y una Constitución liberal”
Autor del artículo “Sí, es fascismo” en The Atlantic, en la que dio una desafiante visión del actual gobierno de Trump, el investigador norteamericano ahonda sus conceptos en un diálogo con LA NACION
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WASHINGTON.– El último artículo del autor norteamericano Jonathan Rauch, investigador en estudios de gobernanza en la Brookings Institution, tuvo un título tan corto como contundente y desafiante: “Sí, es fascismo”, escribió en The Atlantic, al describir cómo cataloga esta segunda etapa de Donald Trump al frente del gobierno de Estados Unidos.
Graduado en la Universidad de Yale y autor de varios libros y artículos sobre política, cultura y economía, Rauch explicó en su extensa columna –de amplia repercusión– por qué pensaba que, hasta hace poco, “fascismo” era un término que convenía evitar para definir lo que está pasando en el país, pero que ahora “las similitudes son demasiadas y demasiado evidentes como para negarlas”.
“Esperaba algo que se pareciera menos al fascismo doctrinal y operativo y, sin embargo, hemos visto cómo la administración avanza rápidamente hacia el fascismo, y no sé por qué“, señaló Rauch en una entrevista con LA NACION, en la que ahondó sobre los conceptos de su artículo.
“Demolición de las normas”, “glorificación de la violencia”, “aplicación politizada de la ley”, “deshumanización”, “tácticas propias de un Estado policial”, “elecciones socavadas”, “ataques a los medios”, “agresión territorial y militar”, “nacionalismo de sangre y tierra” y “nacionalismo blanco y cristiano” son algunas de las ideas que desarrolla Rauch para explicar su visión sobre el actual gobierno.
El autor sostiene que “Estados Unidos es un régimen híbrido con un líder fascista y una Constitución liberal”, y afirma que “no hay ningún paralelismo en la historia de Estados Unidos a nivel del gobierno federal“ con el estilo de gobierno de Trump.

–En su artículo, usted menciona que hasta hace poco se mostraba reacio a usar la palabra “fascista” para describir a Trump. ¿Qué fue lo que cambió y lo llevó finalmente a titular “Sí, esto es fascismo”?
–En los últimos meses, hemos sido testigos de la aparición de algunos acontecimientos y declaraciones que han servido para aclarar las cosas. Entre ellos se incluyen, por ejemplo, la ambición territorial descarada, el deseo de expandir Estados Unidos mediante el uso de la fuerza y la intimidación, incluso contra sus aliados. No es algo que viéramos en el primer mandato de Trump. En segundo lugar, el desarrollo de la Patrulla Fronteriza y el Departamento de Seguridad Nacional hasta convertirlo en una fuerza policial paramilitar nacional controlada directamente por la Casa Blanca. Eso es algo que nunca habíamos tenido antes en Estados Unidos. La labor policial siempre ha sido local aquí, con muy pocas excepciones. En tercer lugar, tuvimos la declaración abierta de Stephen Miller, en septiembre, diciendo que los enemigos de la administración no son nada. Esa es una declaración más explícita de la idea de política de Carl Schmitt [filósofo y teórico político alemán, que fue miembro del Partido Nacional Socialista] de lo que jamás habíamos visto. Es completamente compatible con el fascismo. Es completamente incompatible con el pluralismo liberal. En cuarto lugar, también tuvimos la declaración abierta de Miller a principios de este mes de que la regla en el mundo es la fuerza y el poder. Una vez más, eso es puro fascismo. Y probablemente haya un par más, no tan recientes, pero enviar al gobierno a intentar procesar a James Comey [exdirector del FBI] y Letitia James [fiscal general de Nueva York] explícitamente como represalia política es fundamentalmente incompatible con la democracia liberal. Así que la dirección se hizo más clara y entonces se volvió, en mi opinión, innegable.

–En este contexto, ¿cuál es su definición de fascismo si tuviera que explicarla brevemente?
–Bueno, no puedo describirlo brevemente. Ese es el problema. Nadie ha sido capaz de dar una buena definición breve del fascismo, ni siquiera los fascistas. No es una doctrina coherente. Así que lo que hay que hacer es observar los regímenes fascistas y las diferentes cosas que dicen sobre sí mismos, e intentar construir una imagen general. En mi caso, no tengo una definición precisa en mi artículo, sino que analizo 18 características diferentes que son comunes a gran parte de lo que sabemos sobre el fascismo y que son incompatibles con la democracia liberal, y digo que hay que reunir todas estas cosas para formarse una idea. Pero no tengo una definición concisa.
–En el artículo, usted argumenta que el estilo de gobierno de Trump y su movimiento MAGA evolucionaron hacia un “fascismo doctrinal y operativo”, citando diferentes tipos de acciones. ¿Por qué cree que ha sucedido esto?
–No estoy seguro, y siempre supimos que Trump tenía tendencias autoritarias y que es un patrimonialista [en referencia a la forma de gobernabilidad en la que todo el poder fluye directamente del líder], lo cual no es lo mismo que un fascista. Es más bien un estilo de gobierno en el que lo único que importa es la lealtad a la persona al mando. Yo habría pensado que su segundo mandato se parecería más al primero. Así que esperaba una orgía de corrupción, que, por supuesto, hemos visto, pero pensaba que su interés se centraría principalmente en conseguir que todo el mundo le fuera leal y en utilizar su cargo presidencial para enriquecerse a sí mismo y a su familia, y perseguir a sus enemigos personales, porque los odia. Esperaba algo que se pareciera menos al fascismo doctrinal y operativo y, sin embargo, hemos visto cómo la administración avanza rápidamente hacia el fascismo, y no sé por qué. No creo que sea popular, ni necesario, ni que vaya a tener éxito. Puede que tenga que ver con Miller. Puede que tenga que ver con algunas de las otras personas que ha sumado, como Tom Homan [zar fronterizo del gobierno]. Pero realmente no lo entiendo. No esperaba tener que escribir este artículo.

–¿Con qué otro período de la historia de Estados Unidos compararía lo que está sucediendo ahora? ¿O con qué otro momento histórico de otros países?
–En cierta medida, se parece a la Hungría de [el primer ministro] Viktor Orban. Ese es el modelo de mucha gente de la derecha MAGA. Los conservadores nacionales celebraron una de sus convenciones en Hungría y, en la más reciente, Orban vino a Estados Unidos para dar un discurso, así que lo admiran abiertamente. Y debería haber mencionado que esto es algo importante en mi lista de novedades respecto al primer mandato de Trump: utilizar al gobierno como herramienta para intentar nacionalizar los medios de comunicación o intimidarlos, nacionalizar bufetes de abogados, universidades, apoderarse de grandes partes de las empresas... Eso es nuevo: derribar la línea entre el sector público y el privado y atacar explícitamente a las organizaciones de noticias con demandas, regulaciones y acoso. Eso es del manual de Orban, y creo que es el paralelismo más cercano. Pero no hay ningún paralelismo en la historia de Estados Unidos a nivel del gobierno federal, aunque podría haber algún tipo de paralelismo con el Sur de Estados Unidos en la época de las leyes de Jim Crow [de fines del siglo XIX y principios del XX]. El Sur era un estado unipartidista y oprimía sistemáticamente a los afroamericanos, y utilizaba la violencia para mantener esa opresión. Así que hay un precedente de algo parecido a esto en esa región en aquella época, pero es lo más parecido que se me ocurre. Desde luego, nada al nivel presidencial.
–¿Cree que los recientes acontecimientos en Minneapolis podrían llevar al gobierno a cambiar lo que usted describe como “tácticas propias de un Estado policial”?
–Supongo que podrían cambiar sus tácticas, pero no su estrategia. Ya han intentado utilizar la violencia para impedir el traspaso pacífico del poder, en 2021, y supongo que lo volverán a intentar en 2029 si perdieran las elecciones. No estoy seguro de que esperen rendir cuentas ante unas elecciones democráticas. Creo que muchos de ellos esperan permanecer en el cargo de una forma u otra, y muchos querrán redoblar sus tácticas autoritarias y fascistas para intentar asegurarse de seguir en el poder. Trump es sensible a la opinión pública hasta cierto punto, y parece que podría estar cambiando de táctica, al menos en Minnesota. En este momento es una contienda. Como dije en el artículo, Estados Unidos es un régimen híbrido con un líder fascista y una Constitución liberal. Y lo que se ve es a dos fuerzas en lucha por el futuro del país.
–¿Puede que la resistencia a Trump que se está observando en Estados Unidos y en el extranjero sea efectiva para contrarrestar sus acciones?
–Sí, no es garantía de éxito, pero los tribunales lo han frenado. Y el tipo de actividades que hemos visto en Minnesota, documentando todo, organizándose a nivel comunitario, para dificultar que ICE utilice tácticas autoritarias. Las protestas públicas dejan claro que mucha gente se opone a lo que está haciendo Trump y está dispuesta a correr riesgos para detenerlo. Todo eso es muy importante. Sin eso, ya seríamos casi Hungría.
–¿Qué impacto podría tener para la administración Trump una eventual derrota en las elecciones de mitad de mandato?
–No cambiará las reglas del juego. Pero depende de lo que pase. Por supuesto, si los demócratas lograran ganar el Senado y la Cámara de Representantes, eso lo frenará mucho, le complicará mucho la vida. Si solo ganaran la Cámara, lo frenarán pero solo un poco. Lo que pasa con Trump es que prefiere eludir al Congreso. La mayoría de los presidentes quieren que el Congreso haga las cosas porque así es como se logran cambios duraderos. A Trump no le interesa eso. Simplemente utilizará su autoridad ejecutiva. También depende de que tengamos unos comicios y un proceso postelectoral libres y justos.
–¿Ve algún liderazgo fuerte en el Partido Demócrata para apuntar a 2028?
–No hay un líder formal de los demócratas, y no puede haberlo hasta que comience la campaña presidencial, lo cual es una gran desventaja para nuestro sistema. Eso significa que pasará otro año antes de que empecemos a descubrir quién tiene las cualidades necesarias para asumir el liderazgo del Partido Demócrata y guiarlo hacia una nueva estrategia. Así que aún no lo sabemos, aunque vemos algunas buenas cualidades, como en Josh Shapiro [Pensilvania], Wes Moore [Maryland] y Gavin Newsom [California]. Estoy casi seguro de que será un gobernador.
–¿Ve patrones de comportamiento similares entre Trump y Javier Milei, que es uno de sus aliados en América Latina?
–Esa es una pregunta para ustedes. Mi impresión es que Milei es más bien un libertario ideológico y que se toma en serio la desregulación de la economía y la reducción de la burocracia. Tiene tendencias autoritarias, pero parece que realmente está interesado en realizar algunos cambios políticos sustantivos que pueden ser buenos para la Argentina. No creo que Trump esté muy interesado en realizar cambios políticos sustanciales que sean buenos para Estados Unidos, y desde luego no en la dirección de reducir el tamaño del gobierno. Quiere fortalecer el gobierno, es decir, a sí mismo. Así que, en ese sentido, me parece que son bastante diferentes.
–¿Cree que Trump está interesado en exportar su estilo de gobierno a otros países de la región?
–No solo en la región, sino en todo el mundo. Está tratando de exportar y apoyar a partidos de extrema derecha y fascistas en todas partes. Esta es otra cosa que debería haber mencionado que es diferente desde el primer mandato, y es un verdadero sello distintivo de la dirección ideológica que quiere tomar esta administración. El vicepresidente JD Vance fue a Alemania y apoyó a la AfD [Alternativa para Alemania, de extrema derecha]. Es algo impactante para los estadounidenses, pero lo están haciendo en todo el mundo. Como con Orban y Recep Tayyip Erdogan en Turquía, o la aparente falta de interés en instalar un gobierno democrático legítimo en Venezuela. Es siempre la misma historia. La periodista e historiadora Anne Applebaum escribió un libro importante sobre esto [Autocracia S.A.: los dictadores que quieren gobernar el mundo], y Trump es ahora el líder de esa red internacional de autoritarios.
–Por último, respecto a su artículo, ¿esperaba la repercusión que tuvo?
–No lo sé. En general, creo que los norteamericanos están buscando un marco conceptual para el segundo mandato de Trump. Entienden que este no es como el primero, que es algo diferente, más dirigido, más organizado, más ideológico, más siniestro y más revolucionario. Y creo que eso explica que haya interés por el tipo de artículo que escribí.
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