“A las 10 de la mañana del 31 de marzo”: la secta que predijo la televisación de Dios y su llegada a la Tierra
Heng-ming Chen, el líder del culto taiwanés Chen Tao, aseguraba haber engendrado a Jesús y que Dios regresaría a la Tierra en Garland, Texas
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El 31 de marzo de 1998, un grupo de 150 personas esperaba en una ciudad obrera de Texas, Estados Unidos, a que se cumpliera una profecía. Habían dejado su país de origen, Taiwán, para presenciar en vivo y en directo lo que creían que iba a ser un punto de inflexión religioso: la llegada de Dios a la tierra en el pueblo de Garland, en ese estado sureño.

“A las 10 de la mañana del 31 de marzo de 1998, Dios hará su aparición en la Tierra Santa del Reino de Dios: 3513 Ridgedale Dr., Garland, TX 75041, EE. UU.”, prometía Heng-ming Chen, el líder de la secta Chen Tao, en la autopublicación Dios desciende en nubes (platillos voladores) a la Tierra para salvar a la humanidad. Parecía estar convencido, porque remarcaba: “Lo garantizo por mi vida”.
Los “aviones espaciales de Dios”
Chen era profesor de Sociología en Taiwán cuando, a principios de 1990, se unió a la Asociación para la Investigación de la Luz del Alma, un grupo que mezclaba tecnología con prácticas tradicionales chinas, como el budismo y el taoísmo, para buscar la superación personal espiritual.
Solía contar que tenía visiones de esferas de luz dorada desde que era chico. Cuando se unió a ese culto, creyó encontrar una respuesta: era Dios que quería comunicarse con él para que transmitiera mensajes del fin del mundo y del regreso de Jesús que llegaría en “los aviones espaciales de Dios”, es decir, en naves espaciales.
En 1993 se separó de esa secta y fundó una propia: Chen Tao, que puede traducirse como Camino Verdadero, y que a las vertientes budista y taoísta agregaba la ufología y el cristianismo. Según una nota del New York Times (NYT) de 1998, los caracteres chinos del nombre se traducen mejor como “Asociación de Platillos Voladores que Salvan a Dios”.
En poco tiempo, Chen logró acaparar la atención de casi 150 discípulos que lo seguían donde fuera. Su fidelidad fue puesta a prueba cuando les ordenó vender sus propiedades en Taiwán para subvencionar el movimiento y comprar casas del otro lado del mundo, en Texas.

La idea de la mudanza comenzó cuando Chen recibió un mensaje en el que, según dijo, Dios le reveló sus planes: le contó que descendería a la Tierra, más precisamente en los Estados Unidos, en 1998.
El grupo apuró el traslado y en 1995 se instaló en San Dimas, California. Dos años después se radicaron definitivamente en el estado de Texas.
Chen eligió la ciudad de Garland, en los suburbios de Dallas, por una razón particular: “Si lo pronunciás rápido, Garland suena igual que ‘Tierra de Dios’ [God land]”, sostenía. Y 150 personas lo siguieron...
Entre todos compraron más de 20 propiedades, en donde se asentaron las familias que formaban parte del culto. Pronto empezaron a vestirse todos iguales, enteramente de blanco con sombreros de paja o vaqueros. Por supuesto que no pasaron desapercibidos en una comunidad tan pequeña. Al líder lo llamaban “Maestro Chen”.
El padre de Cristo
En sucesivos mensajes, Dios le dio precisiones sobre su “aparición”. Le brindó una dirección exacta: Ridgedale Drive 3513. Allí, en una casa de dos plantas y ladrillo a la vista, se instaló Chen, quien por ese entonces ya se autodenominaba “padre de Cristo”, porque aseguraba que él lo había engendrado hacía 2000 años. Vivía con dos niños a quienes describía como las reencarnaciones de Jesús y de Buda.
Mientras tanto, en Taiwán, algunos familiares de sus seguidores lo describían como un estafador que les había obligado a pagarle con sus ahorros de toda la vida para “viajar al cielo en un platillo volador”, contaba NYT. A esto se sumaba el rumor de que el grupo planeaba un suicidio masivo si Dios no llegaba, como estaba previsto, ese 31 de marzo.

La presencia de la secta se convirtió en noticia. Los medios nacionales fueron hasta la casa de Chen para entrevistarlo y preguntarle sobre la posibilidad de un suicidio masivo.
“Eso es absolutamente imposible. Nuestro principio es el respeto a toda la vida, incluida la vida humana, y nadie tiene derecho a quitar una vida”, respondió Chen.
Además advirtió a sus detractores que estaba tan convencido de lo que pregonaba que, si sus profecías resultaban falsas, dejaba su destino en manos de sus seguidores. Su intérprete, Richard Liu, remarcó: “Está dispuesto a ser ejecutado, lapidado o crucificado. No le importa”.
La sospecha del suicidio estaba justificada por un antecedente cercano, como destacaba la misma nota del NYT: “Nadie sabe si el grupo del Sr. Chen es una versión asiática de Heaven’s Gate, el grupo que cometió suicidio colectivo [en 1997] en una casa suburbana cerca de San Diego en un intento por encontrarse con el cometa Hale-Bopp, o si sus miembros simplemente se adhieren a un conjunto inusual de creencias y aceptarán lo que suceda si Dios no aparece aquí el 31 de marzo”.
Dios televisado
Pero antes de eso, de probar o refutar su profecía del 31 de marzo, la secta estaba a la espera de otro tipo de mensaje.
Chen les dijo que Dios anunciaría su regreso a la Tierra el 25 de marzo. Y lo haría por televisión. Según su predicción, toda la población podría verlo sintonizando el Canal 18 a las 00.01.
Recién después, el 31 de marzo, tomaría forma humana. ¿Qué forma? La de Chen, por supuesto. Y todos podrían encontrarlo junto a Chen, en su casa de Garland.
“En ese momento, parecerá que hay dos señores Chen, pero el que es Dios será reconocible al instante porque podrá atravesar paredes, conversar en cualquier idioma y clonarse a sí mismo para estrechar la mano simultáneamente de todos los que lleguen al número 3513 de Ridgedale Drive”, destacaba Chen en NYT.

Al calor de las cámaras de televisión, además del regreso de Dios a la Tierra, Chen transmitió otros “mensajes” divinos. Contó, por ejemplo, que los miembros más importantes de la secta iban a poder abordar naves para viajar hasta Marte antes de la destrucción del mundo. Y que Asia atravesaría un “apocalipsis nuclear” en 1999.
Pero el 25 de marzo a las 00:01 el Canal 18 transmitió su programación habitual. Entonces se comprobó lo que la mayoría imaginaba: Dios no apareció en la televisión.
Absorto, Chen se retractó públicamente de todo y aceptó que tampoco podían esperar que el Todopoderoso se presentara en Texas.
Contrario a lo que muchos habían pensado, el grupo tomó la noticia tranquilamente. La policía del lugar había acordonado el vecindario para seguridad de los residentes, pero no hubo ni incidentes ni suicidios.

“Esa tarde, 13 miembros de la iglesia se recostaban alrededor de una pileta en un patio trasero, vestidos con su habitual atuendo blanco. Uno de ellos, Chin-Hung Chiang, dijo que irse o quedarse será una decisión individual. ‘Algunos de ellos volverán’, dijo. ‘Todos están muy tranquilos’. El Sr. Chiang dijo que no estaba decepcionado de que Dios no hubiera aparecido en la televisión y que todavía tiene fe en el Sr. Chen”, contaba el NYT.

Algunos de sus seguidores, sin embargo, enseguida rechazaron al exlíder, y otros formaron un nuevo culto, al que bautizaron “Gran Camino Verdadero”. Lo que quedó del grupo original fue debilitándose cada vez más hasta su disolución definitiva en 2001. Después del ridículo, no se supo más qué fue de la vida de quien aseguró, entre otras cosas, ser el padre de Cristo.
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