Aprender a desenamorarse: tres consejos para poner en práctica cuando las cosas no funcionan en la pareja
Muchas veces una relación afectiva no prospera como quisiéramos y es necesario ponerle fin para poder seguir adelante; algunos tips para que esto no se convierta en una tragedia
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El enamoramiento es una respuesta psicobiológica. Uno no dice: “Mañana me voy a enamorar”, sino que, de pronto, se enamora. Cuando esto ocurre, se genera en el cuerpo una sobredosis de dopamina, oxitocina y serotonina: los químicos del placer. En consecuencia, el otro es hermoso, maravilloso, extraordinario.
Lo cierto es que, cuando una persona se enamora, queda atrapada en un cúmulo de emociones tan intensas que la conducen a percibir al otro como “alguien perfecto” y a sentir que encontró la plenitud en la vida. Sin embargo, en muchas ocasiones, las cosas no son tan simples como creíamos y resulta necesario aprender a “desenamorarse”. Pero, ¿cómo se logra esta tarea que en un primer momento puede parecer imposible? Comparto algunas sugerencias al respecto:
1. Evitar el contacto con la persona
Si sigo navegando por sus redes para ver qué publicó, qué hizo, qué dijo, con quién estuvo, etc., continuaré manteniendo vivo el circuito que retroalimenta el enamoramiento y me será difícil olvidar a esta persona.

2. Devolver todos los objetos que me dio
Es fundamental deshacerse de todo aquello que me haga recordar al otro. Puedo regalárselos a alguien, deshacerme de los mismos o devolver las cosas a la persona. El hecho de conservarlas solo me hará seguir atado, sin posibilidad de cortar el lazo que nos une.
3. Saber que el tiempo todo lo cura
Se calcula que el enamoramiento dura aproximadamente unos nueve meses en su máxima intensidad. Y, luego de ese período, comienza a declinar. El tiempo es un aliado en estos casos, pues por lo general hará que uno empiece a recuperar la normalidad y pueda desenamorarse del otro.
Cuando nos enamoramos, no podemos evitar idealizar al otro y creer que esa persona es perfecta, que no tiene defectos, que es “el amor de mi vida”. Pero siempre, a medida que el tiempo transcurre, nos damos cuenta de que él o ella poseen tanto rasgos positivos como negativos. Y nosotros, también.
Es por ello que nunca deberíamos ni idealizar ni demonizar a nadie por completo, pues todos somos seres humanos imperfectos, con virtudes y defectos; razón por la cual a veces una relación afectiva no funciona y debemos ponerle fin para poder seguir adelante hacia nuevas oportunidades que la vida nos ofrece, sin que esto se convierta en una tragedia.
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