Autoestima a prueba de balas: el secreto para superarse cada día

Daniel Tangona
Daniel Tangona PARA LA NACION
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24 de marzo de 2019  

Pasa en muchos ámbitos de la vida: cuesta arrancar. Cuesta apagar el despertador y empezar el día. Cuesta entrar en ritmo de trabajo cuando tenemos que concentrarnos en algo importante. Y hasta cuesta levantarse del sillón y cambiarse para salir a comer con amigos (¿quién no tuvo ganas de cancelar todo una hora antes por estar muy cansado?). Entonces, ¿cómo no va a costar ponerse las zapatillas y encarar para el gimnasio? Sin embargo, así como después de todas las actividades anteriores está la recompensa del trabajo bien hecho y los momentos felices compartidos, después de entrenar está la sensación única de haberlo logrado. Ese momento postacción nos regala una mezcla de euforia, poder, entusiasmo y optimismo incomparable. Las endorfinas en todo su esplendor nos mueven a decir "me alegro de haber venido".

Pero además de todos los beneficios de esa instancia, y de los ya muy conocidos para el cuerpo y la salud, el ejercicio tiene peso en otra área no tan difundida: la autoestima. Y, maravillosamente, el efecto es casi inmediato. "Está comprobado que el ejercicio regular es un hábito que influye sobre la capacidad de autopercibirnos de forma positiva, y que si se sostiene en el tiempo contribuye a una autoestima más elevada y sólida", apunta la psicóloga Jésica Valansi. ¿Por qué? No solo por el bañado hormonal que desencadena la aceleración del metabolismo, influyendo en la neurogénesis (la capacidad para crear nuevas neuronas), sino que entrenar implica superarse a uno mismo cada día, pudiendo cosechar resultados y trabajar una de las habilidades blandas más necesarias: la tolerancia a la frustración.

Desde épocas antiguas se concebía la dupla cuerpo-mente absolutamente conectados. Y es que no solo la mente y los comportamientos afectan al cuerpo, sino que a partir del desarrollo de alguna actividad, nuestros pensamientos toman un vuelo diferente, que está en sintonía con nuestra esencia y con el placer de verse y sentirse bien. "Ese conocido espejismo de sentirnos Hércules y la Venus de Milo a la salida del gimnasio, que suele durar algunas horas producto del efecto balsámico de las endorfinas, al continuar la actividad física como un hábito afecta positivamente en la aceptación y el placer de conectarse con el cuerpo", explica la licenciada.

La actividad física estimula el metabolismo y pone en acción sistemas químicos hormonales y de neurotransmisores que provocan sensación de autoaceptación y bienestar, generando incluso más confianza y seguridad. Por ejemplo, la testosterona (vinculada con la fuerza y el poder), la oxitocina (la hormona del amor) y la dopamina (vinculada con la euforia). Para completar y potenciar la experiencia, elegir buena música y compañía puede ser el broche de oro hacia consolidar un hábito placentero y estimulante que nos dé una autoestima a prueba de balas.

Instagram: @daniel_tangona

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