Baja autoestima: cómo salir del círculo vicioso y aprender a aceptarme tal cual soy
Tener un concepto positivo de uno mismo ayuda a construir una estima que nada ni nadie puede herir con facilidad
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Mucha gente transita por la vida con baja estima y actúa en consecuencia. En las siguientes líneas, te invito a reflexionar sobre el “círculo vicioso de la baja estima”.
Todos los seres humanos, independientemente de nuestra raza, nacionalidad o nivel cultural, a medida que vamos creciendo, desarrollamos una manera particular de vernos y sentirnos. La estima es la sensación que experimentamos de acuerdo con el autoconcepto que poseemos de nosotros mismos.
¿Por qué puedo llegar a tener baja estima? Porque, aun sin ser consciente de ello, entré en un círculo vicioso que incluye básicamente estos dos eslabones:
1. Necesito tu valoración
Si tengo baja estima, siento que necesito permanentemente que el otro me evalúe, me felicite, me acepte. Entonces, el mundo para mí se transforma en un gran escenario donde cada día rindo examen y me comparo con los demás, me autoexijo, busco agradar. No consigo nada de esto y, como resultado, aparece el segundo eslabón…

2. Me esfuerzo por obtener tu valoración
Para que el otro me ame, me esfuerzo enormemente todo el tiempo. Al no sentirme amado (producto de mi baja autoestima), me esfuerzo más, necesito más la mirada del otro; por ende, me esfuerzo más y, finalmente, termino por desgastarme.
¿Qué puedo hacer entonces para salir de este círculo vicioso que me tiene atrapado?
Armar un circuito diferente: el “círculo virtuoso de la buena estima”. Aquí, me paro sobre mis valores internos y soy capaz de disfrutar de mí mismo. Realizo actividades que me gustan y me permiten pasarla bien. Tal actitud es sinónimo de éxito interno, pues consigo valorarme y aceptarme tal cual soy, con virtudes y defectos como todo el mundo.

Cuando yo decido cambiar mi autoconcepto de negativo a positivo, eso me lleva a dar desinteresadamente, a compartir. Y, en lugar de esperar que el otro me dé, yo salgo a dar primero. Dicho circuito produce en mí una estima que no viene de afuera hacia adentro, sino de adentro hacia afuera. Es recién entonces que soy libre de la gente y capaz de construirme una estima que nada ni nadie pueden herir con facilidad.
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