Ubicado en Molina Ciudad, además de hogar, fue showroom de Bottega, la firma de mobiliario de autor de Anabella Sapia y Leonardo Fortunato.
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Anabella Sapia y Leonardo Fortunato se conocieron físicamente durante un encuentro de arquitectura en el Jardín Botánico (el primer contacto se había dado antes, de manera digital, gracias al interés de ambos por las sillas antiguas). Enseguida advirtieron que tenían otras cosas en común, entre ellas, el deseo de habitar un galpón, un espacio de impronta industrial en donde vivir y producir a la vez. Es lugar fue este loft en el edificio Molina Ciudad de Barracas, que dejaron hace un tiempo, y que hoy volvemos a visitar porque aún refleja el estilo de ambos y mantiene el lenguaje de Bottega, la marca de mobiliario de autor que fundaron, basada en la coherencia entre los materiales y su forma.

Como los muebles que diseñamos, esta arquitectura de ladrillo, hormigón y vidrio tiene sinceridad poética. Nada se esconde, las soluciones constructivas y técnicas se exhiben sin temor, porque están bien resueltas.”
— Anabella Sapia y Leonardo Fortunato, fundadores de Bottega
Mucho en cómún

Listas para dar un paseo desafiando la gravedad, las bicis están apoyadas en la pared gracias a unos ganchos amurados.

El fanatismo por las sillas clásicas fue el primer punto de encuentro. Leonardo tenía más de treinta modelos icónicos y decidió escribirle cuando descubrió una serie de obras de Anabella dedicadas al tema.

Entre las obras de Anabella (de las series Antropomorfia y Nuria) y las fotografías de Leonardo, asoma la lámpara de brazo móvil ‘Aluminium’ de Bottega. Abajo, una estantería que compraron usada.
El tono cobrizo de la lámpara colgante genera una luz relajante.
Síntesis de formas y materiales

Al ser finos, los cajones del escritorio ofrecen lugar de guardado, pero a la vez, se leen como tapa. Las sillas Eames (una giratoria ‘PSCC’ y una ‘DSS’) formaban parte de la colección personal de Leonardo. Elegidos con respeto a la paleta de color (¡qué detalle!), los biblioratos se apoyan sobre una estantería ‘Tangram’ de tensores invisibles (Bottega). Al ser abierta, la consola y ‘Chidori’ ayuda a delimitar espacios sin cerrarlos.

Anabella es la responsable de los textiles, los cueros y los entrelazados del mobiliario. Ubicó su atril junto a la ventana: por las mañanas es cuando recibía más luz en el loft orientado al Este. Para separar los tantos, durante el día Leonardo trabajaba en su taller de Quilmes
“Somos bastante críticos del otro, de un modo pasional pero constructivo. Él es muy detallista y yo soy más de la generalidad. Nos complementamos con la mirada”, contaba la dueña de casa.
Al tener techos altos, aprovecharon el espacio aéreo con un barral de hierro para colgar la ropa que no se va a usar por un buen tiempo. Abajo, el doble perchero ‘Tangram 2’ en lugar de los roperos tradicionales. Como biblioteca y divisor de ambientes, la columna ‘Tangram’, de piso a techo con base de hormigón.

En el balcón le hicieron lugar a sus plantas, pero lo que brillaba era la hamaca comprada durante un viaje a Paraty.


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