Como la mozzarella
El tempo fugit del distraído de Buenos Aires agarra envión adicional en el recambio de los calendarios
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Habéis advertido que con las vísperas, la gente se aturulla. Quiere hacer en cinco días lo no hecho en doce meses, más algunas cosas pendientes del dos mil nueve y por ahí del cero ocho. Va, viene, habla, suspira, se agita, despacha mails, tose, formula augurio, llama a Pepe, que es tan querido amigo, tipo formidable. Las últimas de diciembre son las más densas horas tempo fugit del típico diciembre: calma nacionales.
Calma. Los últimos días del año no son los últimos días del tiempo, otros días eventualmente vendrán, nos recuerda el Drummond de Andrade, tierno y sensato poeta del Brasil. Pará la mano. Un miércoles no es como un jueves, pero tampoco es martes. En estos días el tiempo es tipo la mozzarella, de esa que cuelga formato hilitos.
Una idea a encarar con beneplácito es elaborar listita de seis, siete, cinco cosas bien precisas que uno tiene proyectado hacer en el 2011 y, eligiendo una cualquiera de ellas, trácate, concretarla. No concretarla con envión de ahora-nomás, la inmediatez diferida variante ahorititita mejicano, o al-tiro, tras cartón, sin esperate-un-cacho, como es la moda en Cachimayo y Zelarrayán (esquina), sino ¡ya! Lo que el inmutable don Hipólito llamaba las Efectividades Conducentes.
Esto es: la dignidad del ponete el saco y vamos. La empezás y la terminás, sine die, ahí nomás, in situ. Vas al dentista, ponele; al cable de la plancha eléctrica le renovás la cinta negra aisladora, medio tecleteante desde junio pasado; emitís una jaculatoria en homenaje en su conjunto a los sommelieres de este mundo; vas al Museo Nacional de Bellas Artes para ver el gato de Tetsuya Fujita que está entrando a la derecha. No sé: algo. Cosa de iniciar el 2011 no con un déficit de cosas que no hiciste sino con un crédito, no cuantioso, es verdad, pero innegable, de hechos consumados. En los seis segundos iniciales del nuevo año, en medio del petardeo al puro cuete y el griterío de la especie humana, se anuncia en rueda de familia o quienes sean: "Estamos entrando en el 2011 con la plancha en orden".
Una sensación muy reconfortante ésta del consumatum est: inédita total, conmovedora. Así valen la pena las cosas que valen la pena.
Con respecto a las jaculatorias, denomina este vocabulario a un texto corto escrito en elogio de algo o alquien. Que en la oportunidad dedicaré al gremio de los sommelieres. Teniendo en cuenta no sus nombres (quién se acuerda), sino la actuación de alguno de ellos en restaurantes de Nueva York, Zurich o Barcelona. Me resulta admirable, en general, su desinformación sobre los vinos de Argentina. Durante mucho tiempo el famoso sommelier inglés de La Tour d’Argent en París creyó que Buenos Aires era el nombre de una compañía aérea venezolana. Pero con qué buenos modales confesó el despiste, y cuánto sabía sobre una punta de otros vinos. Un profesional encantador.
Con los vinos argentinos soy, asumido, un tendencioso. Mantengo firme que son los mejores vinos argentinos del mundo. Con la acidez justa, la fruta justa, el alcohol justo, la drinkabilidad perfecta y la amabilidad sensual que mejor se adecua al paladar argentino mayoritario. Una de las tres enologías mundiales -junto a la francesa y la italiana- más sagaces y sofisticadas.
En consecuencia, cuando un vino argentino es bien argentino yo lo promuevo, lo defiendo, soy su incondicional. Cuando, en cambio, por fashion o cholulismo alguno se concentra a la californiana, se acidifica française, o se pone duro penedés, yo lo critico y vilipendio. Fanático, parcial, lucharé siempre para evitar que nuestros tintos desdibujen sus perfiles varietales y su identidad nacional para convertirse en fotocopias o en commodities internacionales.
1. Zorzal wines
Combineta argentino-canadiense con setenta hectáreas en la contraescarpa Tupungato de los Andes, bodega propia (1350 m2) y los ojos fijos en el business export. Así, pues, Malbec predominante y presencia salteada en el mercado doméstico. Probé en Cabaña Las Lilas el Climax Malbec 2008. Nothing to die for, pero Gualtallary es Gualtallary.
2. Blend apretado
En la línea Ikella de Melipal, el binomio Antonini & Durigutti no afloja tranco de pollo en su estrategia heavy metal aún parkeriana. La amplia base malbec (85%) del blend 2006 Ikella de Agrelo ($48) gana complejidad con el corte Cabernet (10%), aunque menos malicia que la esperada del 5% merlot. Atenti, sin embargo.
3. Presencia Calderón
¿Qué significa el gambito Rafael Calderón en la etapa Riglos del ímpetu Werthein? ¿Un enroque corto como quien no quiere la cosa? ¿O una mirada aguda hacia el syrah mendocino de microclima frío y excelentes posibilidades varietales?
Entre copas
Habanos y ron Prado y Neptuno, el Cuban Bar Boutique de Recoleta, combina lujo y placer con impronta caribeña. Con excelentes habanos y el ron Havana Club, presenta muy buenos mojitos para degustar en el verano. Happy hour: tomás dos y el tercero es gratis. En Ayacucho y Posadas; 4802-9872.





