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Cada persona tiene un reloj biológico que influye en los momentos del día en los que se siente con más energía o prefiere descansar. Esta característica, conocida como cronotipo, no solo determina si alguien es madrugador o nocturno, sino que también puede estar relacionada con la personalidad, la salud mental y el bienestar, según la evidencia científica.
En un artículo publicado por ‘BBC Science Focus’, el neurocientífico Christian Jarrett explicó que los cronotipos se clasifican, en términos generales, en tres grupos: madrugadores, nocturnos e intermedios. Además, señaló que esta preferencia por determinados horarios está influenciada por factores como la genética, la edad, el sexo y el entorno en el que vive cada persona.
Las investigaciones que ha revisado el especialista indican que las personas que prefieren madrugar tienden a reportar una mayor satisfacción con la vida y un mejor bienestar emocional. No obstante, el experto también señaló que esta conexión es solo una asociación estadística y no implica que levantarse temprano garantice la felicidad.

De acuerdo con Jarrett, una posible explicación es que la sociedad está organizada, en gran medida, para quienes funcionan mejor por la mañana. Los horarios laborales y escolares suelen ajustarse a ese patrón, mientras que los noctámbulos con frecuencia deben despertarse antes de que su organismo esté preparado, lo que reduce la calidad y la cantidad de sueño. “La realidad es un poco más compleja”, advirtió el neurocientífico al explicar que no todo depende de la hora de despertarse.
Ese desajuste entre el reloj biológico y las exigencias cotidianas, conocido como “jet lag social”, puede repercutir en el estado de ánimo y favorecer la aparición de síntomas de ansiedad o depresión. No obstante, los especialistas insisten en que intervienen múltiples factores y que el cronotipo, por sí solo, no determina la salud mental de una persona.
Aunque el cronotipo puede modificarse parcialmente con hábitos saludables, como mantener rutinas de sueño y exponerse a la luz natural, la evidencia no demuestra que cambiarlo garantice un mayor bienestar. Investigadores de la Universidad de Warwick señalan que "podría ser posible cambiar el cronotipo de una manera más intencional".
En lugar de intentar encajar en un horario que no corresponde con su reloj biológico, los expertos recomiendan comprender el propio cronotipo y, cuando las circunstancias lo permitan, adaptar las actividades diarias a los momentos de mayor rendimiento.
Por Katherine Shirley Bravo




