Cuarentena. Polémica en las redes: el modelo de Suecia o Noruega

Gustavo Noriega
Gustavo Noriega PARA LA NACION
Suecia y Noruega, dos modelos diferentes frente al coronavirus
Suecia y Noruega, dos modelos diferentes frente al coronavirus
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11 de mayo de 2020  • 13:56

La comparación desarrollada por el presidente Fernández de Argentina con Noruega y Suecia tiene dos problemas: Noruega y Suecia. La hizo el viernes pasado, al anunciar que 22 provincias pasaban a la fase 4 mientras que la Ciudad de Buenos Aires y los partidos circundantes de la provincia de Buenos Aires quedaban en la 3. Discutiendo con un interlocutor no identificado señaló que si se abría la economía argentina "como le pedían" íbamos a terminar como Suecia, (extrapolando linealmente los muertos en nuestro país a 13900). Por fortuna a nuestro presidente no le habían "doblado el brazo" y Argentina había realizado una cuarentena estricta como Noruega.

Por un lado, la idea de compararnos favorablemente con un país como Suecia trajo a las tribus tuiteras recuerdos de aquella época dorada en la cual algunos funcionarios creían o simulaban creer que teníamos menos pobres que en Alemania.

Más allá del chiste inmediato que genera una comparación entre tres países con suertes y realidades tan desiguales, las expresiones del presidente presentaban otras dificultades. No sólo discutían contra un adversario imaginado, sino que desdeñaban la experiencia sueca a través de una comparación forzada e inútil. Es cierto que un encierro prolongado y estricto va a reducir al máximo la cantidad de víctimas fatales. Sin embargo, nadie puede ignorar que ese encierro tiene un costo, no necesariamente medido en muertos hoy pero que quizás den una cuenta distinta cuando se cuenten a más largo plazo y se incluya la calidad de vida en la ecuación. Esa fue la apuesta sueca y hay que decir que todavía el resultado final no está puesto en la pizarra.

Lo que sí es cierto es que no puede decirse sin más que el experimento sueco haya fracasado, más allá de que muy evidentemente han muerto más personas proporcionalmente allí que en sus países vecinos y que en la Argentina. Los discursos habituales de los primeros días del coronavirus decían que el crecimiento del virus era exponencial y que urgía "aplanar la curva" para no saturar el sistema médico (habitualmente ilustrado con la imagen de un único respirador disputado por dos personas agónicas). Lo cierto es que Suecia utilizó las medidas de distancia social más convencionales, pero no la cuarentena y sin embargo no tuvo las situaciones de saturación del sistema de salud que se vieron en España e Italia. Evidentemente tuvo más víctimas fatales que sus vecinos, pero sensiblemente lejos de las sufridas en otras partes de Europa. Más allá de la inaplicabilidad de la experiencia en Argentina (algo bastante evidente por motivos de tipo social y económicos) la pregunta que genera Suecia es por qué el virus fue tan rápidamente letal en España o Italia y tan poco mortífero allí. Es tan poco lo que sabemos del conavid-19 que cualquier teoría acerca de su conducta tiene su contraejemplo. Suecia ha sido usado como contraejemplo negativo por la cantidad de muertos, no solo por el presidente Fernández. Sin embargo, otros lo han citado como demostración de que era falsa la idea de que eran inevitables el crecimiento geométrico y la saturación del sistema de salud.

El otro problema de las comparaciones del presidente Fernández fue Noruega . Rápidamente las personas con algún conocimiento de la realidad de ese país señalaron que sus medidas restrictivas eran estrictas respecto al liberalismo extremo de los suecos, pero estaban a años luz del confinamiento estricto de la Argentina.

Las indicaciones de las autoridades noruegas nunca incluyeron la obligatoriedad de quedarse en las casas , sino que esta actitud era sólo sugerida. Durante el momento de mayor incidencia del virus, la gente salía a pasear a los bosques y muchos cafés y restaurantes estaban abiertos. Se permitían reuniones de hasta 10 personas, pero ahora se amplió a 50. Se redujeron los vuelos internos, pero sigue siendo posible volar al interior del país. Las reuniones permitidas en contextos privados pasaron ahora de cinco a 20 personas . Si el interlocutor imaginario del presidente Fernández le hubiera sugerido "hacer como hizo Noruega" en vez de usar a Suecia como ejemplo de apertura, la respuesta debería haber sido la misma, ya que la distancia entre nuestra cuarentena y esos modelos es igualmente lejana.

Nadie puede negar que conducir un país en el medio de una pandemia es una tarea ímproba, como manejar un auto en la oscuridad de la noche sin luces, probando prudentemente cada acción y rogando que nada inesperado se interponga en el camino. Es justamente por esa incertidumbre que se imponen la prudencia y la humildad. Alberto Fernández eligió que su gestión de la difícil situación sea exclusivamente juzgada en base a los muertos derivados de los efectos del covid-19. Otros países han elegido una mirada más amplia, evaluando consecuencias no solo económicas sino también en términos de salud física y mental. El final de esta historia está muy lejos de ser escrito, pero mientras tanto es mejor ser preciso con las comparaciones y los datos que provienen del resto del mundo.

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