Cuál es el llamado “oro líquido” que equilibra la microbiota y mejora la salud digestiva
La bebida fermentada a base de té gana popularidad global por sus propiedades probióticas y su capacidad para fortalecer el sistema inmunológico
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Esta infusión milenaria, elaborada a partir de té y azúcar, promete transformar el bienestar digestivo mediante la acción de bacterias vivas. Esta milenaria infusión de té y azúcar, conocida como “oro líquido”, se consolida en Occidente como un hábito saludable gracias a sus bacterias vivas que equilibran la digestión y fortalecen el sistema inmunológico.
La bebida conocida como “oro líquido”
La kombucha es una bebida fermentada que se obtiene mediante la interacción de té negro o verde con un cultivo simbiótico de bacterias y levaduras. El elemento central del proceso recibe el nombre de SCOBY (Symbiotic Culture of Bacteria and Yeast). Este disco gelatinoso y translúcido flota en la superficie del líquido y cumple una función doble: actúa como fermentador de los azúcares en compuestos bioactivos y protege el líquido de contaminantes externos.

La transformación química resulta fundamental para sus propiedades. Las levaduras del SCOBY descomponen los azúcares en alcohol y dióxido de carbono. Luego, las bacterias convierten ese alcohol en ácidos orgánicos, como el acético, una reacción que le otorga el sabor particular y genera vitaminas del complejo B, trazas de alcohol y la efervescencia característica del producto.
Los beneficios del “oro liquido”
Los especialistas valoran la bebida por su impacto directo en el ecosistema interno del cuerpo humano. Linda Jungwirth, licenciada en Ciencias de la Nutrición y Biotecnología especializada en microbiología, subraya los efectos probióticos y prebióticos. “Fortalecen las comunidades de bacterias beneficiosas del microbioma intestinal y suprimen las dañinas”, explica la experta.

Una microbiota sana facilita la descomposición de alimentos y colabora con la salud emocional a través del eje intestino-cerebro. También preserva la integridad de las uniones celulares del intestino. Este factor resulta clave para prevenir la “permeabilidad intestinal”, una condición vinculada a la inflamación crónica. Jungwirth detalla la presencia de compuestos antimicrobianos específicos en su composición:
- Bacteriocinas de bacterias lácticas.
- Ácidos acéticos de bacterias acéticas.
- Compuestos fenólicos derivados del té.
- Minerales como magnesio, calcio y potasio, cofactores del sistema inmunológico.
El líquido contiene microbios provenientes del SCOBY. Su ingesta permite que estos compitan con bacterias nocivas en el intestino y las superen en número. Otro punto a favor es su capacidad desintoxicante. Jungwirth detalla: “Durante la fermentación, se produce ácido glucurónico, que se une a toxinas y facilita su eliminación hepática”. La presencia de vitamina C y vitaminas del complejo B (B1, B2, B6 y B12), sumada a los antioxidantes, ayuda a reducir la inflamación y elevar los niveles de energía.
La evidencia científica sobre sus propiedades
La comunidad científica continúa el análisis de sus virtudes en humanos, pero existen efectos positivos con respaldo actual. Los beneficios principales incluyen:
- Salud digestiva: los probióticos equilibran la microbiota y mejoran la absorción de nutrientes.
- Inmunidad: un intestino saludable refuerza el sistema inmune, dado que el 70% de sus componentes reside en el tracto digestivo.
- Antioxidantes: los polifenoles del té mutan en compuestos más pequeños con gran capacidad antiinflamatoria.
- Desintoxicación hepática: acción facilitada por ácidos orgánicos como el glucurónico.
- Aumento de energía: efecto derivado de la cafeína del té y las vitaminas B.
- Regulación emocional: los probióticos de ácido láctico influyen en el estado de ánimo y la respuesta ante el estrés.

El origen milenario y su auge comercial
El producto posee raíces profundas en la historia oriental aunque su estatus de ícono del wellness es un fenómeno reciente. Los registros sitúan su nacimiento en China hace más de 2000 años, donde se la denominaba “el té de la inmortalidad”. Más tarde, Japón y Corea adoptaron su consumo y en el siglo XX arribó a Rusia y Europa del Este. Durante la década de 1990 circuló en ámbitos alternativos de Occidente.
Su explosión en el mercado global ocurrió en la década de 2010. Datos de la consultora Grand View Research indican que su valor de mercado alcanzó los 2640 millones de dólares en 2021. Las proyecciones estiman una cifra superior a los 9700 millones para 2030. Este auge captó la atención de gigantes de la industria. La corporación PepsiCo, por ejemplo, adquirió en 2016 la marca KeVita, una de las productoras líderes del sector.
Cómo preparar la bebida en casa
La preparación casera demanda pocos ingredientes y el respeto por ciertos tiempos. El procedimiento consta de cuatro etapas fundamentales:
- Infusión inicial: hervir agua, infusionar té negro o verde y disolver el azúcar.
- Fermentación primaria: enfriar la preparación, agregar el SCOBY y un poco de líquido de una tanda previa. Cubrir con tela y dejar fermentar entre siete y diez días en un ambiente cálido.
- Segunda fermentación: retirar la madre, embotellar el líquido y dejar reposar dos o tres días adicionales para potenciar la efervescencia. En esta instancia se pueden añadir frutas como frutilla, maracuyá o limón, además de jengibre o hierbas.
- Refrigeración: finalizar el proceso con frío de heladera para detener la fermentación.
Este contenido fue producido por un equipo de LA NACION con la asistencia de la IA a partir de un artículo firmado por Sol Valls.
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