La bacteria que se utilizaba para combatir hongos y previene el envejecimiento
Pese a que es un proceso inevitable del ser humano, hay una serie de recomendaciones que ayudan a que sea más ameno; los detalles en la nota
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Todas las personas, desde el momento en que nacemos, comenzamos a transitar un proceso natural de envejecimiento. Se trata de un proceso continuo, multifacético e irreversible de múltiples transformaciones biopsicosociales a lo largo del curso vital, que no son lineales ni uniformes y solo se asocian vagamente con la edad de una persona en años, de acuerdo al Ministerio de Salud y Protección Social de Colombia.

Tener un estilo de vida saludable puede ayudar a las personas a lidiar con estos cambios y puede prevenir algunos problemas de salud y ayudar a aprovechar al máximo sus vidas, remarcan desde los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos. “Nunca es demasiado tarde para comenzar a cuidar su salud”, afirman en un comunicado.
Una bacteria contra el envejecimiento
Es sobre lo señalado que la ciencia trabaja desde hace un tiempo en una bacteria que podría combatir al envejecimiento. Se trata de la rapamicina, descubierta en los años 60 por científicos canadienses, considerada como un potente agente antifúngico que comenzó a utilizarse para combatir hongos.
Esta bacteria pronto se convirtió en un medicamento que se usa para impedir que el cuerpo rechace los trasplantes de órganos o médula ósea, imposibilita que ciertos glóbulos blancos rechacen tejidos y órganos ajenos, explica un informe del Instituto Nacional del Cáncer. Sin embargo, acotan desde la Universidad de Navarra (España), su potencial en la inhibición de la respuesta inmune y la proliferación celular pronto capturó la atención de la comunidad médica.

En la actualidad, científicos experimentaron con ratones y primates para determinar los efectos que puede tener la rapamicina contra el envejecimiento. Los primeros datos dan cuenta de que esta bacteria podría mejorar la salud en personas adultas mayores y prolongar la vida útil, aunque aún restan muchas investigaciones para poder implementarla específicamente con este objetivo.
El punto en el que se posa la lupa de los científicos es que esta bacteria tiene la capacidad de inhibir la proteína mTOR que se encuentra en las células. Este proceso hace que la energía de las células sea redirigida hacia la protección del ADN de los tejidos y su reparación, según precisa el profesor de Medicina, Dudley Lamming (Universidad de Wisconsin-Madison). Por ahora, solo resta esperar que la ciencia culmine los estudios y defina si su uso con estos fines es seguro en personas sanas.
Por Mariana Sánchez
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