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Iniciarse en un proceso de pérdida de peso requiere planificación y un enfoque saludable, lejos de las dietas altamente restrictivas que, aunque prometen resultados inmediatos, suelen derivar en el fracaso a largo plazo.
Según Gonzalo Quesada, divulgador científico y experto en nutrición, el éxito en la gestión del peso corporal depende de una estrategia equilibrada que combine necesidades nutricionales adecuadas con actividad física constante, evitando la eliminación innecesaria de grupos de alimentos como los carbohidratos.
Uno de los conceptos erróneos más extendidos es que eliminar los carbohidratos acelera la quema de grasa. Quesada aclara que, si bien la báscula puede reflejar una reducción de hasta 4 kilogramos en pocos días al seguir este tipo de pautas, la realidad es que “tu grasa corporal baja nada o casi nada”.
El experto explica este fenómeno desde un punto de vista fisiológico: los carbohidratos se almacenan en forma de glucógeno en el hígado y los músculos.

Dado que cada gramo de glucógeno retiene entre 3 y 4 gramos de agua, una restricción drástica de carbohidratos provoca la disminución de las reservas de glucógeno y la consiguiente pérdida de agua asociada.
La adopción de dietas bajas en carbohidratos no solo es ineficaz para reducir grasa, sino que presenta riesgos significativos. Entre los efectos negativos, Quesada destaca:
Menor rendimiento físico: al reducir las reservas de glucógeno, el cuerpo experimenta una peor capacidad de respuesta y una recuperación deficiente tras entrenamientos intensos.
Riesgo cardiovascular: la sustitución de carbohidratos por alimentos ricos en grasas saturadas puede incrementar los niveles de colesterol LDL, lo que eleva el riesgo cardiovascular a largo plazo.

Efecto rebote: debido a su alta restricción, estas dietas son difíciles de mantener, lo que suele conducir al abandono del plan y a la recuperación del peso perdido.
Para Quesada, la adherencia es la clave de cualquier proceso nutricional exitoso. Una dieta sostenible, que contemple la actividad física como pilar fundamental, es la única vía para lograr cambios reales y duraderos en la composición corporal, evitando los ciclos de pérdida y ganancia de peso asociados a los métodos restrictivos.
Por Pablo Pachón Ramírez


