Deborah de Corral: "Hay que ir hacia el bienestar"
Entre Buenos Aires y Miami, donde vive desde 2013, la chica tótem de los 90 habla sobre su disco y la pasión gastronómica
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A los trece usaba aparatos fijos, llevaba un flequillo y era medio chueca, pero a los quince se convirtió en una bomba. Deborah de Corral enseguida dejó el colegio y se fue a vivir sola. La única condición que le puso su madre fue que si no estudiaba, debería trabajar. Alguien le dijo que podía hacerlo como modelo, y un verano fue a golpear la puerta de la agencia Pancho Dotto. Alcanzó su mayor popularidad a mediados de los 90 como conductora de El Rayo. Y algunos años más tarde decidió que quería dedicarse a la música. En 2012 ganó un premio Carlos Gardel como artista revelación y fue nominada al Grammy latino por Nunca o una eternidad, su debut discográfico. Radicada desde 2013 en Miami, donde vive con su pareja, alterna su vida con Buenos Aires, donde en diciembre presentará Piel, su segundo disco. Además, se la puede ver en Telefé como conductora de Fuego, placeres terrenales, un programa que muestra el vínculo de las celebridades con la comida mediante entrevistas. "A diferencia del anterior, este disco lo hice mucho desde la compu y desde los teclados. Cambio mi hábitat, cambiaron mis costumbres, cambió lo que tenía a mano para componer, y lo hice todo casi sola", asegura de Corral.
-¿En qué te inspirás para componer tus canciones?
-Las letras son tan autorreferenciales, cómo no. Puede ser una memoria emotiva, como en los sueños, una mezcla de algo que escuchaste, que viste en la tele, que te pasó hace 20 años o que leíste al paso, y eso tu inconsciente lo convierte en una peli oscura o luminosa, graciosa o de terror, lo que fuera, pero no es algo tan consciente sino más llevado por los sonidos, aquello que la canción necesita. Las melodías son lo que más sale del inconsciente, digamos, siempre tienen un color bastante específico, y me llevan a escribir determinadas palabras.
-Además de la música, estás conduciendo Fuego, placeres terrenales. Da la sensación que te das todos los gustos.
Fuego tiene que ver con otra cosa que me gusta mucho hacer, que es cocinar. Mis dos grandes amores son la música y la cocina. Y el programa contiene y junta dos cosas que disfruto: cocinar y entrevistar así como muy casualmente, como lo hacía en El Rayo. El polirubro es así.
-¿Cómo vivís esa alternancia entre Miami y Buenos Aires?
-Ahora trato de que sea parejo. Antes vivía mucho más allá que acá, pero también porque estaba más metida en hacer el disco, no tenía un trabajo fijo acá. Me estaba tomando un sabático un poco largo, digamos. Ahora tengo que estar bastante acá por Fuego, grabamos varios programas juntos para después poder viajar y que no me pidan el divorcio, que los perros me reconozcan cuando llego.
-¿Cómo ves al país por estos días?
-Nuestro país ya tiene un largo recorrido de desilusiones, de tropezones, digamos que la tendencia es hacia abajo hace rato. La verdad es que vivo en mi burbuja, no leo los diarios, pero sí noto con mucha pena cómo va creciendo la intolerancia en la calle, en el trato diario. Parece muy naif, y casi de pelotudo pedir tolerancia a esta altura, pero realmente es necesaria, hace falta.
-Es curioso que te fuiste a vivir sola muy joven. ¿Cómo se dio?
-Sí, a los 16. Lo que pasa es que ya trabajaba y ganaba mi plata, y por cuestiones prácticas decidimos con mi madre emanciparme. Aparte yo siempre fui una persona muy seria y muy responsable. Fuera de joda, de chiquita siempre fui muy estudiosa, aunque dejé el colegio porque me di cuenta de que no quería estudiar una carrera. Le dije a mi madre que me sentía oprimida en el colegio, que necesitaba empezar a hacer cosas porque copiar los libros de historia o de geografía me estaba quemando un poco la cabeza. Me dijo sí, bueno, todo muy lindo, pero si no encontrás un trabajo, vas a tener que seguir estudiando. Entonces fui por el lado de menor resistencia [risas]. Dejé que una amiga me tuneara y fui a tocar la puerta de la agencia de Pancho Dotto.
El Rayo te hizo popular, te puso en la cresta de la ola. ¿Cómo recordás aquellos 90, cuando te convertiste en la chica fetiche, la que marcaba tendencia, la que estaba ligada a Soda Stereo?
-Yo en ningún momento sentí que estaba ligada a la banda.
-¿Nunca participaste de una gira?
-No, yo no participé de ninguna gira, tampoco iba a los ensayos, no tenía nada que ver con la banda. Tuve una relación con Charly, el baterista, que evidentemente tuvo su exposición y fue tan explosiva que quedó en la retina de un montón de gente, pero fue una relación equis. Yo no tuve ningún tipo de incidencia en la banda, ni la banda tuvo ninguna incidencia en mi vida. Eran dos cosas separadas.
-¿Pero con Gustavo Cerati también tuviste una relación?
-Sí, muchos años después. Muchos. Como siete años después. Estuvimos juntos más de cuatro años, convivimos. El hecho de que después haya tenido una relación con Gustavo y que él viniera de la misma banda y toda esa historia, fue algo totalmente circunstancial y tiene que ver con que vivimos en un pañuelo. Y finalmente eso es lo que ocurre. Lo que pasa es que uno comprime lo que ocurrió en los últimos 20 años en unas pocas palabras. Y bueno, yo no me hago cargo de eso.
-¿Alguna máxima para vivir?
-Pare de sufrir. Ese es mi lema. Creo fervientemente que no existe el bien ni el mal. Lo que sí existe, porque uno lo puede vivir en uno mismo, es el bienestar y el malestar. El bien y el mal son una idea, puede ser una idea de otro, algo que te enseñaron, es muy abstracto para mi gusto. Ahora bienestar y malestar son reconocibles instantáneamente. Hay que ir hacia el bienestar y evitar el malestar a cómo venga. Esa es mi filosofía, que viene a ser como un pare de sufrir un poquito mejor explicado.
-Para terminar, un sentido homenaje a Jorge Guinzburg, que siempre cerraba sus entrevistas con la misma pregunta: ¿Cómo fue tu primera vez?
-Tenía 15, estaba con mi primer novio de quien estaba muy enamorada, locamente enamorada, y nada, fue muy lindo. Me esperó, me esperó, me esperó pobrecito, me tuvo que esperar un rato, se portó como el caballero que era. Recuerdo un montón de sensaciones, fue una experiencia superlinda. Pero de verdad que no me acuerdo dónde fue.
Té por la tarde, vino de noche
- Té por la tarde, vino por la noche: al momento de elegir su bebida favorita, todo depende del horario. "Durante el día, todo tipo de tés, infusiones, definitivamente. A partir de las seis, siete de la tarde, mi bebida favorita es un buen vino. Tintos y blancos. Me gustan todos los vinos. Un buen vino tinto con unos buenos quesos y un poco de miel, y almendras, y una linda picadita de quesos y frutos secos para mí es ideal".
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