
Delivery verde, huertas online, compras comunitarias y el Mercado Central como nuevo actor: cómo cambiaron los hábitos de compra de vegetales desde que la vida sana y los productos orgánicos forman parte de nuestros días.
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Cuando, en 1946, un pequeño grupo de granjeros ingleses fundó la Soil Association para apostar por el cultivo agrícola sustentable y promover las virtudes de los ciclos naturales de las frutas y verduras, nadie esperaba que, 60 años más tarde, el consumo de alimentos orgánicos se transformaría en una tendencia imparable. Las causas se fueron apilando unas sobre otras: los mayores índices de longevidad provocaron una mayor preocupación por el cuidado del cuerpo y un renovado impulso saludable, al tiempo que la conciencia ecológica comenzó a pisar fuerte en nuestro día a día. Es más, si se piensa un poco, el concepto de lo orgánico está imbuido de una suerte de espiritualidad frutal: vida sana y consumo de alimentos que, en su interior, llevan la gema verde esmeralda de lo saludable.
Si, como decía Bajtín, el lenguaje es la arena de la lucha de clases, quien termine de apropiarse de la palabra "frescura" tendrá a su merced un mercado que el año pasado movilizó más de 56 mil millones de dólares a nivel mundial. No solo esto, dentro de un panorama de crisis y de desaceleración global, el mercado de los alimentos orgánicos demuestra un crecimiento sostenido. Según el Organic Market Report 2012 de la Soil Association –quienes, en pleno estallido hippie, realizaron la primera certificación orgánica del mundo, allá por 1967–, el flujo de los mercados orgánicos de Europa y Estados Unidos crecen a un ritmo del 15% anual. Extraño: en la tierra de los comedores de hamburguesas, las frituras, la obesidad y las grandes cadenas de comidas rápidas, parece que el hábito de comer sano, poco a poco, va ganando terreno.
Al mismo tiempo, China ha cuadriplicado sus ventas orgánicas en los últimos cinco años y Organics Brasil da cuenta de una tasa de crecimiento anual del 40%. A nivel local, el boom comenzó a principios del nuevo milenio, aunque, en gran medida, la producción era para exportar: la Unión Europea, Estados Unidos, Suiza, Rusia y Canadá son los principales destinos según el Senasa. En el medio de todo esto, una señal de orgullo patrio: después de Australia, Argentina es el segundo país del mundo con mayor superficie orgánica cultivada, con tres millones de hectáreas.

Hoy, cuando la actitud orgánica –como la llaman los productores más fervorosos– crece como tendencia de consumo, florecen las huertas, los deliveries y los productores de frutas, verduras y comidas orgánicas. La variedad es hiperexótica: infinidad de frutas, vegetales, hierbas aromáticas, productos elaborados, infusiones de té, jugo de pasto de trigo, preparados gourmet y hasta vinos orgánicos sin aditivos químicos. Como explica Carlos Morra, director y socio fundador de Tallo Verde, uno de los emprendimientos orgánicos más antiguos y mejor posicionados: "Al principio teníamos una canasta fija. De a poco fuimos aprendiendo del mercado y decidimos dar variedad e incorporamos productos. Le dimos la oportunidad al cliente de elegir sus propios alimentos. No contentos con esto, fuimos por más y empezamos a hacer acuerdos con productores orgánicos para incorporar algunos productos que nosotros no teníamos. Así arrancaron el aceite de oliva, mieles, azúcar, frutas secas, aromáticas deshidratadas, vinagre, alcaparras, mermeladas, aceitunas, snacks".
Ahora que la tendencia orgánica va en aumento, para formatear un concepto empresarial, huerta y delivery unieron fuerzas. Quedan, por un lado, productores locales y familias agrícolas y, por otro, quienes entendieron que en el comercio digital estaba la clave para expandirse y llevar productos recién cosechados a todas partes. El usuario decantó solito: jóvenes entre 25 y 40 años, mamás, amas de casa, personas que viven solas y desean alimentarse bien. De ahí, según Carlos Morra, se dio el salto a la masificación: "Hace un par de años empezamos a desarrollar un producto para estar en supermercados que no compita con lo que hacemos nosotros pero, al mismo tiempo, que permita que existan productos orgánicos en las grandes cadenas. Entonces desarrollamos unas ensaladitas que las procesamos en nuestra planta en Open-door y algunos otros productos como frutas y verduras que se puedan envasar y vayan cerradas en un packaging con nuestra marca y toda la información alimentaria. Así arrancamos con Walmart y Carrefour; por ende, estamos llegando a Córdoba, Mendoza, La Plata, cosa que de otra manera no podemos hacer".
Pero esto no es todo: el estallido orgánico ha dejado atrás los paisajes pastoriles e idílicos para instalarse en Las Cañitas en forma de almacén, mercado naturalista y orgánico y restaurante con delivery, por supuesto. "El restaurante ofrece ensaladas frescas, sándwiches con panes caseros y del día, pastelería artesanal y comida rica, saludable y con toques novedosos. El mercado reúne desde productos que se pueden encontrar en dietéticas, pasando por una amplia oferta de vinos, hasta cosmética natural", dice Pedro Lambertini, chef ejecutivo de Natural Deli. Natural Deli suma también su deli-catering que incluye nutri burger con papitas, cazuelas y tartas integrales o wrap beduinos. Se trata de un combo estrambótico de alto impacto visual, frutas y verduras exuberantes y una apuesta que incluye promociones, canastas orgánicas y descuentos varios para eventos. "Desde ya, la idea es llegar a todos los consumidores. Tenemos platos que pueden satisfacer al vegano más acérrimo o al más quisquilloso de los comensales".

<b>Seamos populares</b>
En tiempos de vouchers comunitarios y compras masivas en pos de oportunidades de ahorro, La Barata del Central logró encontrar su propio espacio en el mercado de los alimentos saludables. Si la alimentación orgánica está asociada a consumidores exclusivos y tips específicos, La Barata, proponiendo alimentos frescos pero no orgánicos, se posicionó desde el lugar de lo popular y, naturalmente, de lo saludable: "Lo que ofrecemos es frescura, porque compramos todos los días en el Mercado Central lo que los productores cosechan a la madrugada. Tal vez los que ya vendían frutas y verduras por internet estaban posicionados como un producto de elite: productos para country, muy exclusivos, por ahí más exóticos, más caros, incluso productos más caros que en una verdulería. Nuestro concepto es totalmente inverso: algo que sea para todos, más accesible que una verdulería, más accesible que un mercado, mucho más fresco y, además, buscamos facilitar el consumo de frutas y verduras", puntea Matías Figliozzi desde el centro de operaciones de La Barata, ubicado en el casco delicatessen de Palermo Hollywood. "Nuestra propuesta es, más que nada, una compra comunitaria: es más lo que se hace en una feria, o una familia o amigos que van a comprar un bulto para después repartírselo. Ese concepto hecho masivo a través de internet".
A este combo, para no dejar afuera ninguna fracción, La Barata suma su propio segmento gourmet: recetas confeccionadas por Romina Figliozzi, las cuales se comparten vía web y página de Facebook. Acá sale a flote otra de las estrategias de La Barata del Central: la interacción en redes como plataforma de difusión y llave de acceso para multiplicar seguidores y corrientes de opinión.
"El tema de las redes sociales es muy fuerte. Desde que arrancamos no hicimos ninguna publicidad tradicional, incluso tuvimos apariciones en los medios a través del boca en boca. Esto integrado al Facebook. Nosotros tenemos una página sumamente activa donde subimos desde recetas hasta consejos sobre cómo usar los productos de la semana", dice Matías.
Dentro del competitivo geouniverso de la alimentación sana, la apuesta de La Barata por lo colectivo y la dinámica comunitaria los llevó a un crecimiento sorprendente: en siete meses, lograron alrededor de 8.000 usuarios en redes y promesas de expansión más allá del reducido reducto que traza la morfología barrial de Belgrano, Palermo, Colegiales, parte de Villa Crespo y Almagro. "Elegimos esta zona por el tipo de población que vive. Mucha densidad poblacional y gente que, por el poder adquisitivo del barrio, tiende a consumir mucho más salud. En ese sentido, pegó bastante: nosotros proponíamos La Barata del Mercado Central, que es el lugar más popular, metido en el lugar más exclusivo, top de Buenos Aires, que es Palermo Hollywood, pero fue más una cuestión de marketing que de nicho", concluye.
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